Iglesia: Bizcocho de yogurt


El apóstol Pablo exhorta a la iglesia de Corinto diciendo: 
Les suplico, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que todos vivan en armonía y que no haya divisiones entre ustedes, sino que se mantengan unidos en un mismo pensar y en un mismo propósito.  Digo esto, hermanos míos, porque algunos de la familia de Cloé me han informado que hay rivalidades entre ustedes” (1 Corintios 1:10-11).


Quiero ilustrar el concepto de Pablo utilizando una parábola moderna. La iglesia debe ser como un bizcocho de yogurt.

Para hacer un bizcocho de yogurt (pan en México, queque en Chile) se necesita un pote de yogurt, una medida idéntica a la cantidad de yogurt de aceite de girasol, dos medidas de azúcar, tres de harina, tres huevos, un sobre de levadura en polvo o polvo de hornear y un poco de ralladura de limón.

Cuando se va a comenzar a unir los ingredientes es necesario precalentar el horno a 180º para que en el momento de poner el bizcocho a cocer, ya esté suficientemente caliente.

Se toma un bol grande, luego se agrega el yogurt. Aparte se baten los huevos con el azúcar y se le añade poco a poco la levadura, la harina tamizada, y el aceite. Esto se hace con una batidora eléctrica, procurando batir cada vez que se agrega un nuevo ingrediente.

¿Podemos decir que ahora los ingredientes están unidos?… No porque cada uno es aún independiente, es posible que no podamos distinguir algunos de los componentes, pero, lo más probable es que algunos aún se vean en el bol.

Se une todo al yogurt y se hace una mezcla homogénea y fina. Se vuelca la mezcla en un molde desmontable que previamente se lo habrá untado de mantequilla y espolvoreado con harina para que luego sea fácil desmoldar el bizcocho.

Se pone al horno durante 35 minutos, para asegurarnos que esté listo se introduce un cuchillo seco en la parte central del bizcocho, si éste sale limpio, entonces, se saca del horno, se lo desmolda y se lo deja enfriar.

¿Qué ha pasado? Pues se lo ha unido todo en un elemento compacto. ¿Se puede distinguir la harina de la levadura? ¿Es posible saber dónde está el huevo y el aceite?

Cuando el bizcocho es sacado del horno hay una textura compacta. Se ve claramente que no hay ingredientes individuales. Todos los componentes han “muerto” y “renacido” en una sola masa que es agradable a la vista y tiene buen sabor. Cada ingrediente ha cumplido su tarea en beneficio del bizcocho. Nadie destaca por sobre los demás. Todos cumplen una labor “silenciosa”. No hay ningún letrero que diga:

—¡Hey! ¡Aquí! ¡Soy la ralladura de limón!

Ningún ingrediente se pavonea frente al resto con un cartel que diga:

—Soy el polvo de hornear, ¿qué harían sin mí? ¿Pobrecitos no entienden que soy indispensable?

Cuando se saborea el bizcocho sabemos que cada ingrediente ha aportado al todo su propia esencia. Todos son diferentes, la harina y el huevo, el aceite y el polvo de hornear, la ralladura de limón y el yogurt, sin embargo, cuando se unen, sus diferencias se complementan con las diferencias de los otros ingredientes y el producto que sale es uno solo, donde no se distinguen las diferencias, no obstante, sin esas diferencias el bizcocho no sería lo que es. Es precisamente las diferencias las que permiten que el bizcocho tenga buen sabor.

Cuando en la iglesia buscamos la uniformidad por sobre la unidad, no podemos hacer bizcocho de yogurt. No se puede hacer un bizcocho sólo con harina, sin embargo, hay por allí algunos diciendo que para avanzar “todos tenemos que ser harina”. Meterse un puñado de harina a la boca es desagradable, sin embargo, cuando la harina, que es la base sobre la que se hace el bizcocho, se une al resto de los ingredientes y renuncia al protagonismo, entonces, todos los ingredientes se complementan, se potencian, se aceptan y el resultado es un agradable bizcocho que cumple su misión.

No basta que los ingredientes estén unidos, es necesario que pasen por el fuego, que es finalmente lo que une. A veces no entendemos la función de la crisis o del momento difícil. Cuando estamos buscando protagonismo personal, cuando queremos destacar por sobre lo demás diciendo “yo soy el pastor”, “yo soy el primer anciano”, “yo soy el director de diáconos” y los muchos “yo soy” que nos separan, entonces, la crisis ahonda las diferencias, y no permite cuajar para llegar a ser un cuerpo. En cambio, cuando cada ingrediente renuncia al “yo soy”, aún la humilde ralladura de limón contribuye para que el bizcocho se torne en un todo agradable al paladar y a la vista. Podrán hundir un cuchillo, pero, cuando están de verdad unidos, entonces, se sabe a ciencia cierta que el bizcocho es un todo unido, no uniforme, sino donde cada ingrediente individual ha aportado para el cumplimiento de la misión, formar un bizcocho de yogurt.

Me temo que muchas personas en las congregaciones están luchando por destacar como ingredientes independientes, y en ese contexto sólo están produciendo malos olores y un aspecto desagradable a la vista, no pueden cumplir la función, no quieren unirse al resto de “ingredientes” para cumplir el objetivo por el cual deberían estar unidos.

Una iglesia unida es un bizcocho de yogurt. Nadie sobresale individualmente, pero todas las individualidades se unen en un todo que alcanza su objetivo de convertirse en un solo cuerpo.


Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez, 2013
Del libro inédito: Parábolas modernas

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