Miedo al diferente

A través de la historia humana se ha dado una constante, irremediablemente, se le ha temido a las personas diferentes...

Hubo una época cuando no se tenía información que a los enfermos de epilepsia se los acusaba de estar poseídos por los demonios... A los albinos se los escondía como si fueran representaciones vivientes de algo tenebroso. Las personas que sufrían de enanismo o de Síndrome de Down eran convertidos en bufones o seres para ser exhibidos en circos... otra forma de demostrar nuestro miedo a lo que es distinto.

A los genios y los retrasados, a los muy bellos o los muy feos, a los que tenían habilidades extraordinarias o los que no tenían ninguna habilidad... la gente prefiere temerles antes que entenderlos y aceptarlos.

Ya lo decía Erich Froom en su libro Miedo a la libertad: Que para guiar naciones o manejar pueblos, se necesita que todos sean una masa informe, todos iguales, nadie distinto. En la novela Un mundo feliz, de Aldous Huxley, los diferentes y que no se acomodan a la masa son llamados primitivos.



Hay absurdos repetidos todos los días y que lo aceptamos como si fueran grandes verdades, cuando en realidad son estupideces vendidas como si fueran ciencia, por ejemplo, "todos somos iguales"... es la frase más falaz y que se usa constantemente. La realidad es que nadie es igual a otro. Todos somos diferentes. Pero, como le tenemos miedo a ser distintos, nos hundimos en la masa anónima y preferimos vestir, pensar, cantar, reir... igual al resto. En el fondo, tenemos miedos de ser auténticos para no ser estigmatizados o aislados.

Defender el mayor don que tenemos de parte de Dios, nuestra individualidad, no sólo es una necesidad vital... es la lucha más genuina para garantizar que no nos fundamos en la masa humana y nos perdamos a nosotros mismos y no logremos escuchar nuestra voz interior que es distinta a todos los otros seres humanos, es única.

1 comentario:

  1. Quiero agradecerle mediante este espacio por su libro "Amores que Matan" sus palabras me advirtieron hace años ante un casamiento que seguramente, ante ciertas evidencias e indicios,hubiera terminado en un relato aproximado a tantos de los que Ud. allí cita.
    De corazón y a la distancia, le agradezco a Dios por haberlo utilizado como una herramienta mas en medio de aquel tiempo difícil para evitarme un sufrimiento posterior.Y en estas palabras, extiendo ese agradecimiento a Ud.
    Tengo 27 años y en ese momento tenía 24.
    Dios bendiga su ministerio y su vida personal.

    Con respeto y admiración,
    Nancy.

    ResponderEliminar

Tus comentarios son importantes, opina por favor