Más fácil dividir un átomo, que eliminar un prejuicio

Enseñaba una clase de Antropología para estudiantes de posgrado, todos profesionales de distintas especialidades. Quería analizar con ellos el concepto de cosmovisión y cómo nuestros prejuicios y
preconceptos condicionan nuestra manera de enfocar el mundo y visualizar la realidad.  Así que les puse en el PowerPoint la imagen que acompaña esta nota y les pregunté:

¿Qué piensan de esta persona?


Antes que sigas leyendo la nota, piensa un momento, déjate llevar por tus pensamientos, no le pongas cortapisas a lo que piensas, sólo di en voz alta lo que piensas... No hay nadie, sólo tú, así que hazlo sin miedo. No leas más, sólo da rienda suelta a tus pensamientos.

¿Ya lo hiciste?


Entonces sigo... Mis alumnos, médicos, enfermeras, pastores, profesores, ingenieros, educadores, etc. comenzaron a expresar todo lo que vino a su mente, se escucharon frases tales como:
  • Debe ser una persona con muchos problemas personales, ¿por qué se pone todo eso en la cara?
  • Seguramente es un drogadicto.
  • Lo más probable es que tuvo una infancia muy complicada y un hogar con muchos problemas.
  • Es una pena que existan personas así, da pena ver como se maltratan a sí mismas.
  • Me daría miedo acercarme a una persona con esas características.
  • Seguramente es algún renegado rebelde.
  • Lo más probable es que sea una persona violenta con la cual no es posible dialogar.
Los dejé que hablaran unos diez minutos. De hecho lo hice con tres grupos de estudiantes de posgrado diferentes, insisto, no eran alumnos de pregrado, sino de estudios superiores, varios preparándose para ser doctores o para obtener maestrías.

Cuando desahogaron todo lo que tenían en sus mentes sólo les dije:

Quiero presentarles a mi hermano menor, se llama Juan Carlos, y quiero que sepan que lo amo mucho y que lo que ustedes han dicho es falso.

Les conté que es mi hermano menor, que vive en Brasil, que se dedica al tatuaje, a poner pirsing, a confeccionar poleras con motivos (especialmente de rock) y también es artesano de velas. Está casado, tiene un hijo ya adulto y ha criado a otro, que es de la esposa que tiene en Brasil. Es divorciado, pero no reniega del matrimonio, ni tampoco de la mala experiencia que tuvo.

Les agregué además que no conozco a una persona más pacífica que mi hermano, y aunque desde niño eligió ser diferente, nunca nos hemos avergonzado de él, y junto a mis hermanos lo amamos profundamente. Siempre hemos sabido quién es él y nunca hemos dejado de comunicarnos con él.

Cuando terminé de decir esto había un silencio sepulcral en el aula. Dejé que mis palabras calaran en sus mentes y permití que el silencio continuara.

Uno de mis alumnos de pronto habló en voz fuerte y un tanto contrariado:

-Usted nos ha hecho trampas.

-¿Por qué? -le dije tranquilo.

-Debería habernos dicho que era su hermano.

-¿Cuál habría sido la diferencia? Lo más probable es que no hubieran sido honestos con lo que dijeron.


El prejuicio

¿En qué consiste el prejuicio? Simplemente en elaborar un juicio, generalmente de valor, sin tener todos los antecedentes para sostener lo que se dice.

Los prejuicios son tan fuertes que por esa razón decía con ironía Albert Einstein "¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio". 

De hecho, los prejuicios están tan arraigados en la mente de muchas personas que no están dispuestos a examinarlos siquiera, lo que lamentablemente es un error contra sí mismo y un acto poco sabio.

¿Por qué razón me niego a juzgar a mi hermano? Simplemente porque lo conozco, sé quién es y no sé de él desde ayer, sino desde que nació.

Los prejuicios se vencen con el conocimiento, pero para conocer hay que estar dispuesto a analizar, a reflexionar, a pensar, a criticar su propio pensamiento, a ser flexible, a aceptar la posibilidad de que no se tienen todas las respuestas, etc. Es ese ejercicio el que mucha gente no está dispuesta a emprender y es lo que provoca toda esta situación compleja.

El mismo Albert Einstein sabiendo lo que cuesta que las personas cambien sostenía: "Los grandes espíritus siempre han encontrado oposición violenta de parte de las mediocridades, las cuales no pueden comprender que alguien no se someta irreflexivamente a los prejuicios hereditarios sino que haga un uso honesto y valiente de su inteligencia".

El desafío de pensar

Para pensar hay que ser valiente. Atreverse a desafiar el qué dirán y las ideas de otros, siempre demanda esfuerzo. Es más sencillos ser parte de la masa anónima, que no opina, no ve, no dice... y que se deja llevar por la riada de prejuicios y conceptos distorcionados.

Las consecuencias del prejuicio son devastadoras. El prejuicio enceguece la capacidad de razonar. Una persona que se guía por prejuicios se cierra a la posibilidad de examinar argumentos convincentes. El prejuicio lleva a esgrimir juicios temerarios y a la calumnia. Quienes se guían por el prejuicio a menudo justifican e incluso fomentan el odio, el rechazo, el desprecio, la descalificación y la barbarie. Todo lo contrario a la caridad, la justicia y la verdad, pero eso el prejuicio no lo ve.

El filósofo francés Jean Jacques Rousseau dijo alguna vez: "Prefiero ser un hombre de paradojas que un hombre de prejuicios". Opino lo mismo. Es preferible ser contradictorio en algún momento o desdecirse de alguna idea o concepto, que vivir en base a prejuicios que anulan la razón.

Toda mi vida he luchado por guiarme por la razón y la transparencia. Lamentablemente, a menudo me encuentro con muros de preconceptos y prejuicios que no hacen más que entorpecer las relaciones interpersonales, la amistad, la vida religiosa y la convivencia.

El hombre mediocre

Cuando era adolescente leí el libro El hombre mediocre escrito por José Ingenieros. Con los años, con la experiencia y con las múltiples situaciones en las que me he visto enfrentado, he ido confirmando una y otra vez los conceptos de este autor y su obra.

Recuerdo una frase de Ingenieros que decía: "Los prejuicios son creencias anteriores a la observación; los juicios, exactos o erróneos, son consecutivos a ella". Supuestamente una persona sana psicológicamente, reelabora sus prejuicios, los critica, los analiza y en dicho análisis deja a un lado lo que no es verdad quedándose con lo que sí tiene base certera. La realidad es otra, muchas personas, lamentablemente una gran mayoría, prefiere guiarse por el "dicen", "me dijeron", "escuché", "me parece", "sospecho que", "me late", y otras frases similares que sólo perpetúa el prejuicio.

El mismo Ingenieros en otra sección decía: "Las personas debemos el progreso a los insatisfechos". Y esos son los que no están para acomodarse a prejuicios ni a dogmas, sino que siempre están analizando, explorando, preguntando, como tábanos (recordando al viejo Sócrates).

Es preciso formar para eliminar el prejuicio, como decía en otra sección Ingenieros: "La curiosidad intelectual es la negación de todos los dogmas y la fuerza motriz del libre examen". Sin mentes inquisitivas, lo único que nos queda es el dogma, la intolerancia, el fanatismo y la violencia de la imposición de ideas contrarias a la razón.

Decía Ingenieros que: "Los hombres que no son mediocres nunca se obstinan en el error, ni traicionan a la verdad". No van en busca del aplauso de la masa ni de los votos de la mayoría. No buscan reconocimiento personal sino ser honestos con la verdad, cueste lo que cueste. No aparentan piedad para luego maltratar con sonrisas huecas de honestidad.

Esto es serio, muy serio, porque, citando nuevamente a Ingenieros: "Es más contagiosa la mediocridad que el talento".

Desterrar el prejuicio


Para desterrar el prejuicio es necesario pensar, pero como ejercicio intelectual superior y libre de estereotipos. Si no se caerá en lo que William James llamaba un acto inútil al decir que: "Un gran número de personas piensan que están pensando cuando no hacen más que reordenar sus prejuicios".

En ocasiones no tenemos todos los elementos para emitir un juicio certero, sin embargo, una persona sensata posterga su opinión hasta tener todos los elementos que le permitan elaborar adecuadamente su pensamiento, de otro modo, no estará más que repitiendo ideas prejuiciosas o simplemente elaborando a partir de la ignorancia. Ya lo decía William Hazlitt: "El prejuicio es el hijo de la ignorancia".

Conclusión


No es malo decir: "No tengo idea", "prefiero postergar mi opinión hasta que tenga más elementos de juicio", "no sé, sobre este asunto no estoy informado", y otras oraciones por el estilo. Probablemente nos libraríamos de más prejuicios y alcanzaríamos una mejor convivencia como seres humanos.

6 comentarios:

  1. Dr. Núñez: Verdaderamente es un artículo imperdible. Muchas gracias por compartir sus experiencias áulicas y dejarnos pensando un buen rato.

    Si le parece bien, lo compartiré.

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  2. considero que este ejemplo es similar a las parabolas que Jesus usaba en su epoca pero ahora es un metodo muy impactante para causar una real impresion sobre el tema...
    Dios lo bendiga.

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  3. Gracias por presentarnos a tu hermano, a todo nos cuesta sacarnos "puntos de vista", los llevamos en nuestra crianza y muchas veces no nos paramos un momento para ver si son o no realmente de valor, daura

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  4. Gracias, muy cierto, lo triste es que si yo digo que fumo cannabis, (por ejemplo), el que hablo de las parábolas de Jesús, va a decir, que soy un drogadicto y que es muy malo, cuando seguramente, no tiene seguridad, ni información adquirida correctamente, que le permita decir eso, como tampoco yo tengo información suficiente como para decir eso, porque es, nada mas, ni nada menos, que un prejuicio.

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  5. La falta de conocimiento nos condena a llenarnos de prejuicios. Pero lo mas grabe es que no nos guste alimentarnos de conocimiento.

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  6. Estoy dando el salto de la mediocridad a la libertad y me ha encantado encontrarme con Ud. y sus palabras.
    Compartiré esto con más personas.

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