La teología de la presunción

Cada vez que ocurre un desastre natural surgen voces desde el cristianismo enseñando conceptos equivocados no sólo acerca de las situaciones extremas, sino dando además nociones erróneas acerca de la providencia, de Dios, de la oración y de otros aspectos de la religión.

La presunción

La actitud presuntuosa supone que tiene el capital de la oración y que Dios está a su servicio particular. Hace unos días leí que alguien, a propósito del terremoto de Chile escribió: "Dios no falla, mi familia está bien".

Me quedé impactado, por la soberbia de la expresión, pero también por la actitud poco sabia al decir tamaña tontería.

Si Dios no falla porque su familia está bien, ¿qué de las otras familias que están sufriendo? ¿No alcanza la misericordia divina para ellos?



Si se sigue por esa línea de pensamiento, entonces Dios dejará de ser grande el día que a su familia le pase algo, como evidentemente es posible de acuerdo a la ley de probabilidades.

Esa teología va ligada a la presunción que supone que Dios contestará las oraciones de las personas sólo y exclusivamente porque las hacemos, sin ningún otro tipo de consideración.

En muchos sentidos es una teología que niega la posibilidad que ocurran desastres o situaciones conflictivas.

Teología desde la soberbia

La actitud soberbia siempre supone una negación de la realidad. En muchos sentidos es una teología oscurantista que pretende que la tierra es el centro del universo. Trasladada a la experiencia particular, pretende que la divinidad está al servicio del individuo, y no al revés.

Cuando alguien dice "a los hijos de Dios no les ocurre nada malo", es simplemente, la ingenuidad soberbia de quien se niega a ver la realidad. ¿Acaso no murieron miles de cristianos en Haiti cuando ocurrió el terremoto en enero pasado, o miles de cristianos en los Tsunami que azotaron el sudeste asiático hace algunos años?

Sostener esa idea es desconocer que Dios no tiene el control de todo, que hay elementos que Dios no maneja y que tienen que ver con la voluntad humana (muchos de los desastres ocurren por responsabilidad humana).

Si aceptamos la idea que a los hijos de Dios no les ocurre nada, entonces, cómo explicar los miles de cristianos que murieron en campos de concentración, los cientos de cristianos perseguidos y asesinados por las dictaduras genocidas de latinoamerica que sembraron la barbarie en Chile, Argentina, Brasil, Perú, Paraguay y otros países. ¿Cómo entender que en este mismo instante estén muriendo cristianos en países árabes o musulmanes sólo por la intolerancia religiosa?

Cuando ocurrió la tragedia de Ruanda, le escuché a un devoto cristiano, espiritual pero equivocado decir: "Gracias a Dios nosotros fuimos protegidos, pero muchos de nuestros hermanos fueron masacrados". ¡Cómo es eso! ¿Dios tiene hijos predilectos? Más aún cuando el que hablaba expresó que ellos se salvaron porque el ejército belga rescató sólo a los extranjeros y dejó a todos los ruandeses.  Es decir, si entiendo bien lo que estaba diciendo: "Dios envió a los militares de Bélgica con la misión de rescatar a blancos, rubios, de ojos verdes y azules, y educados en universidades occidentales. Que los africanos, negros, pobres, ignorantes, se mueran". Como conclusión al absurdo, Dios sería racista y colonialista. A ese extremo se llega con líneas de pensamientos gobernados por la soberbia.

La oración presuntuosa

En estos días lo que más escucho es: "Gracias a Dios, contestó mis oraciones, mi familia está bien"; "estamos orando por ustedes para que Dios los proteja" (¡por favor, el terremoto ya fue!); "Dios es maravilloso porque íbamos a viajar a Concepción, pero algo nos detuvo" (y del resto, ¿no pudo Dios acaso decirles algo al oido?).

Recuerdo los días en que mi hermano menor, Joel Josué, a los treinta años enfermó de cáncer. En medio de su dolor se acercaron cristianos bien intencionados llenos de oraciones presuntuosas para decirle que Dios los escuchaba a ellos y se iba a sanar. Uno llegó a decirle que él no se sanaba porque no tenía suficiente fe o había pecado escondido en su familia.  Las últimas semanas, antes que muriera, empezamos a impedir que algunos religiosos lo visitaran. Sus "consejos" y "oraciones" simplemente lo dejaban peor.

La oración presuntuosa me recuerda al fariseo mencionado por Cristo en Lucas 18 que oraba comparándose con el publicano. Su oración llena de soberbia suponía que tenía derecho a ser escuchada por todo lo que hacía por Dios.

Hoy no lo decimos con esa misma tesitura, pero si hemos impregnado el ambiente cristianos de oraciones desde la sospecha. "Si Dios me contestó es porque de algún modo yo estoy en mejores condiciones que otros". Sólo pensarlo es herético y sólo entenderlo así es no comprender para nada la visión de Dios respecto al significado de la oración.

La oración que falta

Probablemente muchos cristianos, honestamente no entienden que lo que se precisa es una oración que lleve otro componente, y es salir del quietismo estático y comenzar a caminar. La oración sin acción es presunción. Es suponer que el deber es de Dios y yo estoy eximido con sólo pedírselo.

Una oración de fe es una oración que lleva a hacer mi parte y no dejarse caer estático en los brazos de Dios sin hacer lo que nos corresponde:

  • Antes de hacer el milagro de la transformación del vino, Cristo pidió que trajeran agua. Ellos podían juntar agua, pero no podían hacer que ésta se convirtiera en jugo de uva, esa era tarea de Dios.
  • Antes de resucitar a Lázaro, Cristo pidió que quitaran la roca que tapaba la entrada de la tumba. Esa era tarea de ellos, podían hacerlo, pero no tenían la facultad de dar nuevamente vida a Lázaro.
  • Antes de que el ciego Bartimeo viera, Cristo lo envió cerro abajo al estanque de Betesda a lavarse los ojos. La caminata y el hundir las manos en el agua era algo que él podía hacer, lo demás era tarea de Dios.
  • Antes de separar el río Jordán los sacerdotes tuvieron que avanzar y poner sus pies en el agua. Si no avanzaban el milagro no se producía.
  • Antes de que saliera agua de la roca Moisés debía tocarla con su vara, no porque la vara tuviera poder, sino porque de esa manera mostraba la confianza en la acción de Dios.
Podríamos seguir con muchos otros ejemplos. La idea bíblica es clara. La oración que no va acompañada de acción se convierte en presunción.  Orar por otros es tan importante como hacer la parte que nos corresponde. Quedarnos quietos orando y viendo que ellos, los que sufren se las arreglen solos, es sentarse a mirar desde la periferia, tranquilos por las "bendiciones que nosotros gozamos". La vieja perspectiva del egoísmo, mientras yo esté bien no hay problema.

La oración que Dios quiere

Nos gusta hablar del "pedir y se os dará", hemos manipulado de tal manera dicho versículo que no nos damos el trabajo de leer el contexto en su dimensión real, tanto textual como cultural. Cristo le hablaba a profesionales de la presunción, a gente que había hecho de la religión lo que algunos hoy han hecho de ella, un campo fértil para la soberbia, la exhibición de falsa espiritualidad, el maltrato religioso, la manipulación con textos fuera de contexto, las predicaciones vacías de realidad (teología para jirafas como decía un querido amigo).

En Lucas 11 sabiamente el médico, inspirado por Dios y fiel a la investigación que realizó, da todo el contexto de los dichos de Jesús, no como Mateo que simplemente los menciona al pasar sin señalar todo lo que Jesús dijo. Después de haberles enseñado la llamada "oración modelo" sigue hablando para que entiendan con claridad sus palabras, y no se dejen llevar por la presunción de sus cotemporáneos fariseos. En ese momento les dice: "Así que yo les digo: Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá la puerta. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre" (Lc. 11:9-10). 

Basados en ese texto simplemente las personas piden de todo, desde alivio para un dolor de muelas hasta un auto cero kilómetros, pasando por casas, trabajos, esposos(as), etc. Nos sentimos con derecho a pedir, así sin más, no obstante, no leemos lo que dice el contexto puesto que a continuación Jesús señala con toda claridad:

"Pues si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!" (Lucas 11:13)

¡Pedir el Espíritu Santo! ¡Qué diferencia con la presunción! Ese sólo versículo cambia todo el sentido de la oración. 

No se pide el Espíritu Santo para manipularlo, sería como querer controlar con nuestra voz al viento. Se lo solicita al entender cuál es nuestra condición. Se lo pide cuando aceptamos la necesidad que tenemos de guía dirección y sabiduría. Sólo el Espíritu de Dios puede dar a las personas una perspectiva diferente de la realidad, incluido los desastres naturales que sin duda no proceden de la mano de Dios.

Conclusión

Se necesita un pueblo transformado por la gracia, que deje a un lado actitudes presuntuosas que no ayudan a nadie. Hace poco un amigo no creyente me espetó algo que leyó en Facebook sobre la supuesta bendición de Dios sobre los cristianos olvidando a los no creyentes. Sólo atiné a responderle: "Perdónalos, no saben lo que dicen, aún no leen que Dios no hace acepción de personas y que hace llover sobre justos e injustos".


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