El dualismo que nos destruye

Cuando comencé a publicar mis artículos en este blog y las respuestas a las preguntas que me hacían por mis libros, conferencias y talleres en el blog Respuestas, no sabía el efecto que esto iba a tener. En primer lugar, por la saturación de emails a mi correo (150 a 200 diarios), eso no me aflige, alguna vez responderé todos, en la medida que tenga tiempo, ahora elijo aquellos que me parecen más pertinentes y acorde con preocupaciones de muchos.

Sin embargo, quisiera comentar algo que me parece indicador de la mentalidad que nos mueve. Hace días contesté una pregunta de una madre que expresaba su angustia sobre la homosexualidad de su hijo, de hecho, ha habido tal cantidad de reacciones a ese artículo que he quedado admirado, más de 50 reacciones sin contar las que existen en otros foros donde se ha pegado mi respuesta, ni las cartas que he recibido, algunas a favor de lo que escribí y otros manifestando su reprobación por lo que consideran falta de firmeza en mi respuesta. En fin. No quiero hablar de eso, porque no es el punto.



Lo que me extraña es la dualidad que aún permanece en la mente de tantas personas que miran con escándalo los "pecados de la carne" y no hacen lo mismo con otras situaciones igual de dañinas. De hecho escribí sobre el insulto, el sarcasmo y el rumor y practicamente nadie ha reaccionado, lo que me hace pensar, que aún cuando Agustín de Hipona murió, sus ideas siguen vigentes en las mentes de muchas personas.

El mal del dualismo agustiniano

Agustín de Hipona (354-430), quien es considerado por muchos como el único gran filósofo del Cristianismo, sigue de cerca las ideas de Platón, el filósofo griego.

Una de las bases del pensamiento agustiniano, y al que se refiere constantemente es al profundo descontento que siente con el mundo natural, especialmente con la situación en la que se encuentra el ser humano. La miseria de la realidad convencen a Agustín que este no puede ser todo el mundo al que tenga acceso el ser humano, tiene que existir algo más, en su mirada hay una visión esperanzadora de la realidad, en ningún caso nihilista. Esto lo hace apuntar que la realidad tiene un fundamento primero y más seguro que cual quier otro elemento: Dios. Por eso que llega a conclusiones tales como “sólo la vida eterna es verdadera vida. Y el ser esencial no es otro que Dios: todo proviene de El y depende de El”.[1] Como consecuencia sostuvo que “la realidad tiene como último fundamento un ser espiritual”.[2]

Sin embargo, con este énfasis de “la pura espiritualidad y eternidad esencial”,[3] no sale Agustín del terreno propio del platonismo.

La visión dualista de Agustín se observa en el desprecio paulatino que imprime en sus escritos a todo lo visible, a todo lo temporal y lo humano. Por ello hace un gran esfuerzo por describir, por ejemplo, la bajeza del ser humano. En esto nos recuerda a Platón quien pone su acento fundamental en el la realidad invisible que el llama la idea, ese mundo etereo, separado de la materia que sustenta todo lo que existe. Platón nos dice, por ejemplo, que el cuerpo es la cárcel del alma. Agustín nos dice al go semejante pero con un contenido cristiano, tomando como referencia el lenguaje cargado de religiosidad del pensamien­to cristiano, fundamentalmente el pensamiento de Pablo (10-67). Según R. Eucken, las ideas de Agustín sugieren una "tendencia sospechosa a oponer radicalmente lo divino a lo humano, la gracia a la propia iniciativa, con lo cual lo que gane una de estas dos partes ha de traducirse en pérdida para la otra”.[4]

Esto trae como consecuencia el imponer una visión del mundo donde todo el acento está puesto sobre el espíritu, lo que lleva, por contraste, al desprecio a todo lo que no sea de ese mundo espiritualizante es una especie de sacralización de la realidad. Todo lo que tiene como fin un proceso de espiritualización sacralizada. Al respecto el teólogo argentino Rubén Dri define este proceso diciendo que: “la espiritualización implica dos operaciones, la primera es la división de la realidad en dos partes, una material y la otra espiritual; y la segunda, la atribución de toda práctica a la realidad espiritual”.[5]

Estos dos aspectos están presentes en el planteamiento agustiniano: división de la realidad en dos partes, el mundo del espíritu y el de la materia, expresadas en su texto La ciudad de Dios, donde la vida es concebida en términos de ir desde la “ciudad de los hombres” a la “ciudad de Dios”, del mundo de la materia, al mundo del espíritu. Y por otra parte, el segundo aspecto, concebir que el mundo del espíritu es de más trascendencia que el de la materia.

Este énfasis en el espíritu lleva a extremos en su pensamiento al formular principios como: “Lo que no proviene de la fe es pecado”,[6] eso explica, por ejemplo, porque durante tanto tiempo en occidente se tendió a menospreciar las labores manuales. Lo que trae como consecuencia que “la actividad para con el mundo y los hombres pierde todo su valor”.[7] Esto lleva a sostener que "la mejor manera de servir a Dios, la forma superior del sacrificio, podría ser la indiferencia más absoluta para el medio ambiente, el ahogar todo sentimiento familiar y humano”,[8] idea que ciertamente no plantea Agustín en estos términos, pero que deriva como consecuencia del divorcio que establece entre lo temporal y lo atemporal.

Sexualidad y dualismo, la fatalidad agustiniana

Otra forma en que se expresa la separación entre el mundo del espíritu y el material es el énfasis puesto por Agustín en el ámbito sexual. “Agustín busca el pecado principalmente en la esfera sexual, y defiende la doctrina de que el deseo de procrear es pecado, y que el pecado original se explica por la procreación como perpetuación de una natura vitiata (Harnack)”.[9]


Desde esa perspectiva, todo lo que tenga que ver con la sexualidad, directa o indirectamente es pecado para Agustín, porque está en el mundo de la materia. De allí fácilmente se introdujo la idea de los pecados de carne, que serían diferentes a los del espíritu. Idea absurda sin ningún tipo de fundamento ni bíblico ni lógico.

Se impuso la tradición de que todo lo que tuviera que ver con la sexualidad era pecado por definición. Se sospechó de todo lo sexual al grado de crear miles de patologías que perduran hasta hoy.

De allí llegamos a la realidad de hoy que podemos tolerar la mentira, el insulto, el chisme, los rumores, la maledicencia, el orgullo, etc., pero cuando se habla de sexualidad, actuamos como si estuviéramos en terreno de maldad.

Cuando escribí el libro Sexo y amor: El diseño perfecto, leí cientos de artículos que decían tonterías sobre la sexualidad, propias de una estructura de pensamiento que considera todo lo relacionado con el cuerpo pecaminoso. Introduciendo de esta manera una noción que sólo fomenta extremismos y patologías.

Sexualidad, la asignatura pendiente

El teólogo Juan José Tamayo señala acertadamente que la sexualidad es una "asignatura pendiente" en el cristianismo.  El mismo autor señala acertadamente que "el rechazo o la negación de la misma por parte de las iglesias cristianas en general radica en la concepción dualista del ser humano, que no tiene su origen ni en la tradición judía, de la que arranca el cristianismo, ni en Jesús de Nazaret, con quien se inicia el itinerario de la fe cristiana. En este terreno, el cristianismo es heredero de Platón, de Pablo de Tarso y de Agustín de Hipona".

No comparto con Tamayo de poner a Pablo en el mismo nivel de Platón y Agustín, eso me parece un error. Si bien es cierto Pablo utiliza una terminología que aparentemente es dualista al hablar de "carne" y "espíritu" es sólo una metáfora.

La expresión "espíritu" en Pablo no tiene nada que ver con un "mundo espiritual" como suele hablarse, al contrario, simplemente se refiere a la vida cristiana completa e integral.

Cuando Pablo habla de "los frutos de la carne" menciona en Gálatas 5:20-21:
  • adulterio
  • fornicación
  • inmundicia
  • lascivia
Que son parte de los llamados pecados de la carne, pero también menciona:
  • idolatría
  • hechicerías
  • enemistades
  • pleitos
  • celos
  • iras
  • contiendas
  • disensiones
  • herejías
  • envidias
  • homicidios
  • borracheras
  • orgías
Eso último parece que se acuerda al final, porque da la impresión que va mencionando al correr de la pluma. Si se compara el asunto, es más lo mencionado nada tiene que ver con la "carne", según la visión tradicional.  Por eso la Nueva Versión Internacional cambia la expresión "carne" por "naturaleza pecaminosa", que es la expresión más correcta de acuerdo al sentido del texto.

Eso implica, que pensar que pecados de la "carne" son peores es simplemente un exceso producto de énfasis equivocados en la sexualidad.

Comparto con Tamayo que tras la conversión de Agustín de Hipona "y la lectura de los neoplatónicos y de los escritos paulinos, san Agustín hizo suya la concepción antropológica dualista tanto en su vida, con la renuncia a los placeres del cuerpo por considerarlos un obstáculo para la salvación, como en su doctrina moral, proponiendo como ideal cristiano la abstinencia sexual. Desde entonces funge como teoría y práctica oficiales en las iglesias cristianas". Eso ha llevado a las iglesias cristianas a menospreciar la sexualidad en sí, haciendo que la mayoría de los cristianos simplemente desarrollen rechazo hacia su propia sexualidad y que se fomente un clima de sospecha frente a cualquier tema relativo a lo sexual.

Ante esto, los "espirituales" aparecen como más santos, y los "carnales" como pecadores. Concepto no sólo erróneo, sino que termina por castrar la sexualidad y convertirla en algo malo, fomentando de paso, la sospecha frente a las propias sensaciones y a la propia sexualidad, lo que no hace más que generar graves complejos y disfunciones sexuales que nada tienen que ver con la sexualidad sana.

Creo que Agustín de Hipona y todos los que propugnan ideas similares le han hecho un grave daño a la cultura occidental y al cristianismo al introducir un concepto equivocado.

Es notable como en culturas orientales, judías y no cristianas, la sexualidad es algo más normal, y con menos problemas que en el cristianismo.

Como señala Tamayo: "la concepción dualista del ser humano que lleva al rechazo de la sexualidad y al desprecio del cuerpo no parece la más acorde con los orígenes del cristianismo, ni refleja el pensamiento judío. Éste entiende a la persona como una unidad no compartimentada. Todo el ser humano es imagen de Dios. Y lo es como hombre y mujer. El ser humano es sexuado, y en cuanto tal se dirige a Dios. La moral judía no es represiva del cuerpo. Defiende el placer, el goce, el disfrute de la vida, como se pone de manifiesto en múltiples tradiciones religiosas de Israel. El libro bíblico del Eclesiastés, por ejemplo, afirma la vida material y sensual en la cotidianidad, e invita a comer el pan y beber el vino con alegría, a disfrutar del fruto del propio trabajo y a gozar con la persona a quien se ama, a llevar vestidos blancos y perfumar la cabeza (Eclesiastés, 9, 7-9). Llama a los jóvenes a disfrutar y pasarlo bien, a dejarse llevar del corazón y de lo que atrae a los ojos, a rechazar las penas del corazón y los dolores del cuerpo (11, 9)".


Conclusión:


El dualismo nos está matando. Está castrando nuestra sexualidad al punto de convertirla en algo sospechoso y lleno de culpas. Por esa misma razón, en las iglesias se sigue predicando de "lo espiritual" (concepto que no es bíblico) y despreciando "lo carnal" (idea que tampoco es bíblica).

Es hora de un examen de la vida, incluyendo el ámbito sexual, entendiendo que los seres humanos no debemos dualizar lo que es integral. Ver al ser humano como un todo, que no se lícito separarlo en ámbitos inconexos, es lo que le dará vitalidad y vida, a lo que hoy día carece de la fuerza que debería tener.

Referencias

[1] Rudolf Ch. Eucken, Los grandes pensadores (Buenos Aires: Ediciones Orbis, 1984), 169.

[2] Ibid.

[3] Ibid.

[4] Ibid., 172.

[5] Rubén Dri, La utopía de Jesús (Buenos Aires: Nueva América, 1987), 23.

[6] Eucken, Los grandes pensadores, 173. 

[7] Ibid.

[8] Ibid.

[9] Ibid., 177.

7 comentarios:

  1. Pastor, realmente esclarecedor como ud, desarrolla el tema, tan claro que aun un no iniciado en temas platonicos o de agustin los puede entender, que el Señor, lo siga bendiciendo en su ministerio de medico de cuerpos y almas

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  2. Excelente tema... digno de análisis.

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  3. Muy bueno el tema y profundo... Muchas gracias por compartirlo con nosotros!

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  4. ESPECTACULAR!! gracias!!

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  5. Trinidad Orellana15 de abril de 2010, 6:54

    que esclarecedor, aun para un 'no' iniciado en temas platonicos y de agustin se entiende... gracias Pastor por su ministerio de cuerpos y almas

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  6. Esta bueno el tema..caeco mo anillo al dedo ..

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  7. tremendo pastor...
    muchas gracias por darse el tiempo de escribir tan bien fundamentados sus temas...

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