Mentiras que te contaron

¿Alguna vez te dijeron que si te esforzabas suficiente podrías superar tus defectos de carácter? ¿Vino alguien diciéndote que si te lo proponías podrías dejar a un lado esos pensamientos impuros que te abordan cuando menos lo piensas? ¿Te dijeron que si ibas a la iglesia, orabas y leías la Biblia, las ganas de estrangular al profesor de física se te irían automáticamente?

Lo cierto es que te mintieron. Por mucho que te esfuerces no puedes superar tus defectos de carácter. Tampoco puedes evitar esos pensamientos que vienen a ti. Y los deseos asesinos que te asaltan más de una vez, estarán ahí cuando menos lo pienses.

Y antes de que cierres este blogs escandalizado permíteme contarte una realidad que tal vez sí te dijeron, pero como estabas tan ocupado tratando de portarte bien quizá no escuchaste.



La teología del fariseo se concentra en las acciones pecaminosas, pero no en el fondo del asunto. En otras palabras, se trata de hacer cosas buenas. Sin embargo, la raíz más profunda del mal no es la acción pecaminosa en sí, sino aquello que la provoca.

La raíz del pecado no son las acciones pecaminosas que cometes. La mayoría de los cristianos (incluidos los adventistas) “no están realmente interesados en el pecado”, su interés se centra en las acciones cotidianas: no mentir, no robar, no asesinar, no maldecir, etcétera. Sin embargo, la verdad es que el problema más profundo del ser humano no son sus acciones pecaminosas sino el pecado. Esa tendencia que está tan arraigada en nosotros y que no podemos evitar tener.

La estela del fariseo

Uno de los problemas de la religión del fariseo es que deja una estela profunda de frustración a su paso. Quienes tienen su mente concentrada en las acciones pecaminosas corren dos riesgos: uno es autoengañarse creyendo que al abstenerse de matar al vecino ya son buenas personas; y en segundo lugar, convertirse en jueces implacables de las conductas erradas de las personas que están a su lado.

La ironía de Jesús al decir a los fariseos que colaban el mosquito pero se tragaban el camello (Mat. 23: 24) consiste en que –bienintencionadamente– ponían su atención en las acciones cotidianas; sin embargo, en su ceguera, dejaban a un lado la raíz del problema.

No importa cuánto lo intentes, nunca serás bueno por tu propio esfuerzo.

La vida cristiana no consiste en hacer determinadas acciones para dejar de pecar, sino en admitir con honestidad que no es posible dejar el pecado por muy buenas acciones que realices.

El problema de fondo no son las acciones pecaminosas, sino la naturaleza contaminada con el pecado que tú y yo hemos heredado. No adquirimos de nuestros padres su pecado, pero sí la tendencia hacia el mal, y aunque también tenemos inclinaciones a realizar determinadas acciones buenas, en el contexto global lo malo
es más poderoso que lo bueno.
El que intenta llegar a ser santo mediante sus propios esfuerzos para guardar la ley, está intentando un imposible”.[1] 
Si lees bien esta cita te darás cuenta de que no nos deja alternativa. Es como intentar derribar una montaña utilizando la cabeza como martillo, el único que se dañará serás tú y la montaña seguirá intacta.

Del mismo modo, “no ganamos la salvación por nuestra obediencia”.[2] Esa es otra mentira repetida hasta la saciedad por quienes simplemente están luchando con su pecado con tal grado de frustración que no quieren estar frustrados solos.

Lo cierto es que:
La educación, la cultura, el ejercicio de la voluntad, el esfuerzo humano, todos tienen su propia esfera”, pero para cambiar la naturaleza pecaminosa no tienen ningún poder.[3] 
Pueden producir una corrección externa (es decir, hacer ver que eres bueno), pero no pueden cambiar el corazón (en otras palabras, tus pensamientos impuros seguirán estando ahí); no pueden purificar las fuentes de la vida (seguirás queriendo estrangular al profesor de física).

La única forma de cambiar es que obre un poder externo a ti. El único cambio real viene desde Cristo y de nadie más.

No lograrás cambiar a menos que le digas honestamente a Jesús en oración: “¡Señor, no puedo! ¡Por mucho que lo intento no puedo hacerlo! ¡Ayúdame!”

En ese momento, comenzará la transformación.

Sólo en la convicción de tu propia incapacidad y en el esfuerzo por dejar que Cristo obre en ti está la clave de una vida cristiana victoriosa.

Referencias

[1] Elena G. de White, El camino a Cristo (Miami: Asociación Publicadora Interamericana, 1981), 60.

[2] Ibid., 61.

[3] Ibid., 18.

10 comentarios:

  1. El caracter es lo unico que tenemos en esta vida que es verdaderamente NUESTRO. Dice EGW que nuestro caracter es lo unico que llevaremos al cielo, y esto es justamente porque es nuestro, y no nos puede ser quitado. Solo puede ser transformado.

    Nada mas es nuestro: ni la vida, ni la salud, ni los bienes materiales, ni siquiera la familia. Por todas las cosas que no son nuestras le debemos gratitud a Dios, sin embargo con el caracter es distinto. No decimos "Gracias Señor por mi caracter". Pero si debemos pedirle que entre y lo transforme, de lo contrario sera moldeado por nuestras propias ideas imperfectas y por el ambiente que nos rodea.

    Es tan nuestro nuestro caracter que Cristo nos dice "Yo estoy a la puerta y llamo"...

    Un saludo Pr.

    ResponderEliminar
  2. me acaba de llegar una ráfaga de esperanza...gracias, a veces uno esta ciego hasta que lee algo tan lindo y claro como esto... la mente parece abrirse...gracias

    ResponderEliminar
  3. Muy lindo!! Debemos reconocer nuestra incapacidad sin Cristo,para superarnos junto a El,en el día a día.

    ResponderEliminar
  4. Ricardo Antonio Rodriguez Vargas24 de abril de 2010, 14:13

    ¡que excelente tema ...muy esperanzador..y alentador

    ResponderEliminar
  5. toda la razon....

    ResponderEliminar
  6. muchas gracias, necesitamos leer esto y compartirlo mas seguido!!

    ResponderEliminar
  7. gracias pastor por tan hermosa reflexion, realmente me aclaro muchos temas

    ResponderEliminar
  8. Me gustó mucho pastor... Dios lo bendiga¡¡¡¡

    ResponderEliminar
  9. REFLECIONES DESDE LA LIBERTAD DE PENZAMIENTO

    ¿Alguna vez te dijeron que si te esforzabas suficiente podrías superar tus defectos de carácter?
    Si! me lo dijeron… mejor dicho lo leí, de Nietzsche y Einstein, pero lo mas importante es que… también muchas veces me lo dije a mi mismo.
    Henri Lacordaire dice que el carácter es la energía sorda y constante de la voluntad.

    ¿Vino alguien diciéndote que si te lo proponías podrías dejar a un lado esos pensamientos impuros que te abordan cuando menos lo piensas?
    Si! y otra ves fue Nietzsche que vino a hablarme a través de su literatura, lo relaciono en cierto modo con psicología. A esta pregunta, como la anterior, también me la pregunte a mi mismo, de varias maneras que a su ves fueron interpretadas de diferentes formas.

    ¿Te dijeron que si ibas a la iglesia, orabas y leías la Biblia, las ganas de estrangular al profesor de física se te irían automáticamente?
    Preguntas como estas me han hecho muchas veces, a casi todas e respondido, de la siguiente manera: Antes de estrangular al profesor de física, es nesesario conocer su psicología, y antes de conocer su psicología, debo conocer la mía.

    Lo cierto es que te mintieron.

    ¿Por? ¿Cuáles son las pruebas?

    Por mucho que te esfuerces no puedes superar tus defectos de carácter. Tampoco puedes evitar esos pensamientos que vienen a ti.

    ¿Por qué?

    (Soy consiente de que, del inconsciente, sale una pregunta casi sub-consiente…)

    Y los deseos asesinos que te asaltan más de una vez, estarán ahí cuando menos lo pienses.

    Si estarán ahí cuando menos lo piense, entontes será mejor que piense, en esos momentos es cuando aparece la educación en forma de reflexión, a pesar de que la rima es estúpida.





    Y antes de que cierres este blogs escandalizado…

    ¿Escandalizado? No para nada…. ¿Por qué?

    permíteme contarte una realidad que tal vez sí te dijeron, pero como estabas tan ocupado tratando de portarte bien quizá no escuchaste.

    ¿Cuál es, cual es?



    La teología del fariseo se concentra en las acciones pecaminosas, pero no en el fondo del asunto. En otras palabras, se trata de hacer cosas buenas. Sin embargo, la raíz más profunda del mal no es la acción pecaminosa en sí, sino aquello que la provoca.

    Esos fariseos tontos, deberían cavar mas profundo…


    La raíz del pecado no son las acciones pecaminosas que cometes. La mayoría de los cristianos (incluidos los adventistas) “no están realmente interesados en el pecado”, su interés se centra en las acciones cotidianas: no mentir, no robar, no asesinar, no maldecir, etcétera. Sin embargo, la verdad es que el problema más profundo del ser humano no son sus acciones pecaminosas sino el pecado. Esa tendencia que está tan arraigada en nosotros y que no podemos evitar tener.

    Esto en psicología se conoce como trauma, hay de diferentes tipos y complejidades, en estos casos el psicólogo ayuda a cavar el pozo, en mi caso yo prefiero hacerlo solo … para sacar de raíz primero podo, si no es aburrido.

    La estela del fariseo

    Uno de los problemas de la religión del fariseo es que deja una estela profunda de frustración a su paso. Quienes tienen su mente concentrada en las acciones pecaminosas corren dos riesgos: uno es autoengañarse creyendo que al abstenerse de matar al vecino ya son buenas personas; y en segundo lugar, convertirse en jueces implacables de las conductas erradas de las personas que están a su lado.

    ¿Y los que no tienen su mente concentrada en las acciones pecaminosas, si no en conocer su psicología para progresar como ser humano?

    (Sigue)

    ResponderEliminar
  10. La ironía de Jesús al decir a los fariseos que colaban el mosquito pero se tragaban el camello (Mat. 23: 24) consiste en que –bienintencionadamente– ponían su atención en las acciones cotidianas; sin embargo, en su ceguera, dejaban a un lado la raíz del problema.

    ¿Los que se concentren en su psicología, sabrán diferenciar un mosquito de un camello?

    No importa cuánto lo intentes, nunca serás bueno por tu propio esfuerzo.

    La perseverancia es la virtud por la cual todas las otras virtudes dan su fruto…decía Arturo Graf…que viene a ser como el: persevera y triunfaras, de las personas comunes, pero con mucha más elegancia de intelecto.



    La vida cristiana no consiste en hacer determinadas acciones para dejar de pecar, sino en admitir con honestidad que no es posible dejar el pecado por muy buenas acciones que realices.

    ¿Por qué? ¿El pecado es un vicio?
    Dejar el pecado es cometerlo, prefiero guardarlo y analizarlo para poder comprenderlo.
    Bien de raíz!!! Después de podar…


    El problema de fondo no son las acciones pecaminosas, sino la naturaleza contaminada con el pecado que tú y yo hemos heredado.

    Trauma

    No adquirimos de nuestros padres su pecado, pero sí la tendencia hacia el mal, y aunque también tenemos inclinaciones a realizar determinadas acciones buenas, en el contexto global lo malo es más poderoso que lo bueno.

    Por eso es bueno que allá educación

    “El que intenta llegar a ser santo mediante sus propios esfuerzos para guardar la ley, está intentando un imposible”

    ¿Y el que no intenta llegar a santo, si no ser un simple ser humano que desea ser una buena persona por medio del crecimiento intelectual?

    Si lees bien esta cita te darás cuenta de que no nos deja alternativa.

    ¿Alternativa de que?

    Es como intentar derribar una montaña utilizando la cabeza como martillo, el único que se dañará serás tú y la montaña seguirá intacta.

    Tiene razón… no hay que usar la cabeza como martillo, hay que usarla para pensar…

    Del mismo modo, “no ganamos la salvación por nuestra obediencia”.
    Esa es otra mentira repetida hasta la saciedad por quienes simplemente están luchando con su pecado con tal grado de frustración que no quieren estar frustrados solos.

    Mira vos…¿esa es la mentira repetida hasta el cansancio, por los que están luchando simple-mente con su pecado (trauma)?,…con razón que se frustran.


    Lo cierto es que:


    “La educación, la cultura, el ejercicio de la voluntad, el esfuerzo humano, todos tienen su propia esfera”, pero para cambiar la naturaleza pecaminosa no tienen ningún poder.

    ¿Qué querrá decir con lo de su propia esfera? ¿Por qué razón, la educación, la cultura, el ejercicio de la voluntad, el esfuerzo humano no pueden cambiar la naturaleza pecaminosa?

    Pueden producir una corrección externa (es decir, hacer ver que eres bueno), pero no pueden cambiar el corazón (en otras palabras, tus pensamientos impuros seguirán estando ahí); no pueden purificar las fuentes de la vida (seguirás queriendo estrangular al profesor de física)
    Son cada ves menos, las ganas que tengo de estrangular al profesor de física, a medida que avanzo en la lectura de este articulo.


    La única forma de cambiar es que obre un poder externo a ti. El único cambio real viene desde Cristo y de nadie más.
    ¿De que manera?
    No lograrás cambiar a menos que le digas honestamente a Jesús en oración: “¡Señor, no puedo! ¡Por mucho que lo intento no puedo hacerlo! ¡Ayúdame!”
    ¡Señor no puedo decir no puedo, por que considero que puedo. Aunque si quiero puedo decirlo total que pierdo
    (“¡Señor, no puedo! ¡Por mucho que lo intento no puedo hacerlo! ¡Ayúdame!”)

    En ese momento, comenzará la transformación.
    ¿Transformación? De que trasformación estará hablando, en psicología la transformación comienza antes del nacimiento.

    Sólo en la convicción de tu propia incapacidad y en el esfuerzo por dejar que Cristo obre en ti está la clave de una vida cristiana victoriosa.
    Entonces no tengo una vida cristiana victoriosa.

    ResponderEliminar

Tus comentarios son importantes, opina por favor