Terremotos, profecía y providencia

Según el U.S. Geological Survey[1] entre enero y marzo de 2010 han ocurrido en la tierra 575 terremotos sobre 5.0 grados, eso da un promedio de 7.4 terremotos diarios, es un número escalofriante. Los que llegan a las noticias son aquellos que ocurren en lugares poblados, y que por su ubicación y fuerza provocan desastres en la vida de las personas y en las construcciones edilicias. Sin embargo, el movimiento telúrico es constante.


Desde el año 2000 al 2010 han ocurrido 17.532 movimientos telúricos por sobre 5 grados, eso da una media de 4.7 terremotos diarios a nivel mundial. La mayoría de los movimientos ocurren en lugares despoblados o en el mar. La sensación es que los terremotos están aumentando, sin embargo, el U.S. Geological Survey señala que el número de movimientos se ha triplicado no porque en realidad aumentó el movimiento sino porque existen más sismógrafos instalados alrededor del mundo lo que permite una mayor información, muy diferente a lo que ocurría sólo hace diez años.

En Haití murieron más de doscientas mil personas, un número similar a quienes fallecieron en el año 2004 como efecto de los Tsunamis que afectaron el sur-este asiático. No obstante, en la década 1990-1999 las muertes por sismos fueron menos del 10% de las ocurridas en los últimos diez años. El fenómeno se explica porque los sismos que causaron más muertes en los últimos diez años ocurrieron en zonas densamente pobladas.

Los especialistas señalan que las placas tectónicas de la tierra están en un período de reacomodamiento y que cada cierto tiempo esto es predecible y es de esperar. De hecho, el terremoto que ocurrió en Chile fue pronosticado por un grupo de científicos con una exactitud increíble. Víctor Pérez,[2] rector de la Universidad de Chile, uno de los centros educativos más importantes de Chile, aseguró que la universidad advirtió, por medio de un informe de especialistas emanado el año 2007, sobre la posibilidad de un terremoto de 8,5 grados en la costa entre Constitución y Concepción, eso con el fin de que se tomaran medidas al respecto. No hay nada de esotérico ni especulativo en eso, sino simplemente se establecen mediciones respecto al movimiento y la tensión en las placas.

En el estudio, en que participaron especialistas chilenos y franceses, y fue publicado el año 2009, [3] se establecía que el peor de los escenarios sería un sismo de 8,5 grados, con una convergencia de 10 metros. Lo pronosticado se cumplió de manera casi exacta, puesto que el terremoto tuvo un desplazamiento de ocho metros y una intensidad de 8,8 grados.

El terremoto de Chile en febrero de 2010 

El terremoto que afectó a Chile en febrero de 2010 y que tuvo como epicentro la ciudad de Constitución en la zona sur del país es sindicado como el más fuerte del siglo. Sin embargo, en los últimos diez años han ocurrido 14 sismos por sobre los 8 grados de la escala de Ritcher, a diferencia que en la década 1990-1999 los sismos sobre 8 grados sólo a fueron 6.

El terremoto que afectó a Chile debido a su magnitud causó efectos a nivel planetario. Según cálculos preliminares del geofísico de la NASA Richard Gross,[4] el eje de la tierra se desplazó aproximadamente ocho centímetros. Según el especialista Rodrigo Zabala,[5] estos cambios no son extraños, pero normalmente suceden de manera paulatina, en la mayoría de los casos provocados por el cambio climático que desplaza grandes masas de agua.

Profecía y terremotos 

Uno de los elementos que salta a la palestra en tiempos de crisis por efectos de desastres naturales es la función de la profecía, por un lado, y los anuncios alarmistas por otro.

¿Qué es la profecía? ¿Intervención o anuncio?

Si se entiende que la profecía es intervención, entonces, es fácil deducir que los movimientos telúricos son provocados por fuerzas divinas que intentan, de esa manera que se cumpla el anuncio. Dicho de otro modo, Dios provocaría los desastres naturales para que sus palabras se cumplan.

Si se elige esa línea de pensamiento, nos ponemos en una situación muy compleja en cuanto a la adoración y la creencia en la divinidad.

En primer lugar, Dios se convierte en un ser inmisericorde, insensible y tirano. ¿Por qué asolar con un terremoto algunas zonas del mundo y no otras? ¿Por qué Europa casi no conoce terremotos en su historia? ¿Es que Dios acaso es más drástico con algunos países y no con otros? ¿Qué ha hecho Chile, Japón o Irán para merecer los terremotos que han ocurrido en sus tierras y que han sido desastrosos? ¿Por qué razón no han ocurrido nunca terremotos en Suiza, Francia o Luxemburgo? ¿Tiene acaso Dios hijos predilectos?

Si Dios provoca los terremotos como sostienen algunos alarmistas, catastrofistas y vendedores de tragedias, entonces, el Dios al que adoramos resulta por lo menos, un ser caprichoso, cruel y sanguinario, pero, con algunos y no con otros.

En Sudamérica misma hay países como Bolivia, Paraguay, Uruguay y Brasil que no conocen de terremotos. Se configuraría entonces una especie de ensañamiento divino con algunos grupos.

Es muy difícil creer que un Dios al que la Biblia describe como un Dios de amor, justo y santo, se goce con el dolor de los seres humanos y provoque, como dicen algunos, los movimientos de la tierra, para, supuestamente llamar a las personas al arrepentimiento. ¿No deberían arrepentirse las personas que viven en Canadá, en la mayor parte de Australia, en Francia, Bolivia, Paraguay, Suiza o España que no han tenido nunca un terremoto?

Ir por esa línea de pensamiento no sólo es caprichoso e infantil, sino que desconoce aspectos básicos de geofísica.

La tierra está formada por placas tectónicas que se ubican en determinados puntos de la tierra y conforman las llamadas “fallas”, el desplazamiento de las placas y la acumulación de tensión geo-física provoca finalmente movimientos que provocan los terremotos y los maremotos.

El anuncio profético 

Si se elige la opción del anuncio, la situación es diferente. La Biblia anuncia una serie de hechos que abrían de ocurrir como consecuencia de las decisiones que los seres humanos tomarían en el tiempo del fin, en parte por el deterioro moral y ético, y también como consecuencia de la pérdida de rumbo en la vida humana.

Mateo 24, por ejemplo, señala que habría guerras, rumores de guerra, pestes, hambres y terremotos. Por su parte Pablo señala que en los últimos tiempos “la gente estará llena de egoísmo y avaricia; serán jactanciosos, arrogantes, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, insensibles, implacables, calumniadores, libertinos, despiadados, enemigos de todo lo bueno, traicioneros, impetuosos, vanidosos y más amigos del placer que de Dios. Aparentarán ser piadosos, pero su conducta desmentirá el poder de la piedad” (1 Tim. 3:2-5).

Es absurdo pensar que Dios provocaría guerras y pestes o que haría que las personas se conviertan en arrogantes y desobedientes a los padres. Lo que Dios hace es anunciar, por amor a sus hijos, y a quienes quieran decidir por su misericordia, los acontecimientos que vendrían, en ningún caso para manipularlos.

Cuando un padre le anuncia a sus hijos que a consecuencia de una lluvia habrán inundaciones no está diciéndoles quiero que ocurran esos desastres, sino es lo que va a acontecer como resultado de la inundación.

Providencia divina 

Epicuro, el filósofo griego de Atenas planteo un dilema que hasta el día de hoy corroe la confianza en Dios en muchos, él sostenía: "Frente al mal que hay en el mundo existen dos respuestas: o Dios no puede evitarlo, o no quiere evitarlo. Si no puede, entonces no es omnipotente. Y si no quiere, entonces es un malvado". En ambos casos, se está ante un interrogante devastador para la fe y la confianza en Dios.

Hay quienes caen en la tentación de atribuir el mal a Dios, como quienes ven en los terremotos la mano de Dios movida por motivos de venganza u otras situaciones que hacen parecer a la divinidad como un tirano insensible.

Dios es un Dios de amor que “hace salir el sol sobre malos y buenos”, según las palabras de Jesús, que no discrimina a nadie, y que no desea la muerte del pecador.

En su potestad le ha dado al ser humano la posibilidad de elegir, y eso implica, entender que su providencia obra, siempre y cuando no se ponga en juego la libertad del ser humano.

Responsabilidad humana 

Lo que se suele obviar es la responsabilidad humana en los acontecimientos naturales. En Chile las dos ciudades donde ocurrieron las mayores muertes fue en Dichato y Constitución, fue por efecto del maremoto que arrastró a la mayoría de las casas que estaban construidas en el borde costero en zonas no aptas.

En Concepción, Chile, la mayoría de las personas que murieron fue por el derrumbe de un edificio que se destruyó completamente a consecuencia de no haber respetado plenamente las normas de construcción antisísmica.

Lo mismo ocurrió en Haití, donde las casas no contaban con elementos adecuados, estaban construidas de manera precaria, con materiales inapropiados y en lugares que no deberían estar.

Cuando ocurrió el Tsunami en el sud-este asiático, la mayoría de las construcciones estaban en lugares inapropiados, especialmente en el borde costero.

Se sigue construyendo en lugares inadecuados, ciudades que se alzan en fallas naturales o cerca de volcanes, y evidentemente allí hay responsabilidad humana. Si a eso se suma la corrupción, el egoísmo, la mala distribución de la riqueza, el abismo que existe entre pobres y ricos (los pobres son los que más sufren los desastres), etc. tenemos un cuadro dantesco.

Las Naciones Unidas han creado el llamado Índice de Riesgo de Desastres (IRD) que en síntesis señala que: "La concentración urbana, los efectos del cambio climático y la degradación ambiental aumentan las fuerzas de las catástrofes y la falta de defensa de las víctimas".[6] En todo eso está la elección humana y no la intervención arbitraria de Dios.

Conclusión 

Seguirán ocurriendo tragedias y desastres naturales, la esperanza de los cristianos es que llegará un momento en que todo acabará porque Dios terminará este mundo y recreará la tierra que planeó desde siempre. Mientras tanto, acompaña al ser humano en su dolor, les provee de la asistencia que necesitan y procura darles entendimiento para que no sigan destruyendo la tierra, ni deteriorándose moralmente para que se siga con el proceso autodestructivo del ser humano. Siempre respetando su libertad, que es lo que nos hace humanos y no animales.


[1] http://earthquake.usgs.gov/earthquakes/eqarchives/year/eqstats.php. Consultado el 15 de marzo 2010.
[3] J. C. Ruegg, A. Rudloff, C. Vigny, R. Madariaga, J. B. de Chavalier, J. Campos, E. Kausel, S. Barrientos, y D. Dimitrov, “Interseismic Strain Accumulation Measured by GPS in the Sismic Gap between Constitución and Concepción in Chile”, Physic of the Earth and Planetary Interiors 175 (2009): 78-85.

1 comentario:

  1. Pastor,
    ¿Las plagas de egipto (especialmente la muerte de los primogénitos), no fueron, acaso, obras de Dios?
    ¿Podría explicarme esta duda, favor?

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