Dr. Miguel Ángel Núñez

Los tres pilares fundamentales de un profesional

Introducción 

Toda profesión implica un acto de compromiso, similar al que se hace en un contexto religioso. De hecho, la expresión profesión viene de la expresión “profesar”, que implica creer y comprometerse.

Creo que existen dos tipos de “profesionales”, los que profesan lo que hacen y aquellos que simplemente están mal ubicados en la tarea que realizan. Los primeros son los que hacen la diferencia y su trabajo se torna no sólo en una vocación, sino también en un apostolado. Los segundos, son los mercenarios, los que trabajan sólo porque necesitan sobrevivir, en ese grupo están los funcionarios, aquellos que no tienen vocación y están en las antípodas del apostolado comprometido.

Los verdaderos profesionales basan su compromiso en tres pilares fundamentales: Responsabilidad, destreza e integridad.



Responsabilidad en el saber 

La expresión viene del latin: “res habilis”, que puede traducirse como “responder con habilidad” o dicho de otra forma, “tener la habilidad para responder”. Ese responder se refiere a la capacidad de dar cuenta de los actos que se realizan, porque en ese sentido, se es responsable siempre ante alguien, empezando por sí mismo. El Diccionario de la Real Lengua Española lo define como: “Capacidad existente en todo sujeto activo de derecho para reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente”.

Esa es la clave. Sólo se es responsable cuando se es plenamente libre. Por lo tanto, la responsabilidad es una cualidad de la libertad. Una persona libremente elige un curso de acción y como sujeto de derecho, tiene la obligación ética de hacerse cargo de aquello que ha elegido. Responder con habilidad por sus actos es el supremo privilegio de los libres.

Muchos optan por excusar sus acciones suponiendo que otros tienen que dar cuenta, y que ellos no deben hacerlo lo que supone un acto de irresponsabilidad.

En los sistemas humanos lo fácil es culpar al gobierno de turno, al jefe de paso o a la institución en conjunto en la que se trabaja. Sin embargo, la persona que actúa con responsabilidad entiende que en primer lugar debe encarar con valentía sus decisiones y hacerse cargo.

En Chile, se suele hablar del “maestro chasquilla”, una expresión para señalar una paradoja. Supuestamente la palabra “maestro”, alude a alguien especializado, pero la cultura popular la agregó la expresión “chasquilla”, que es sinónimo de “flequillo” y que en Chile se la utiliza para referirse al cabello que cae sobre la frente de manera desordenada y sin un patrón único. Por lo tanto, la expresión se refiere a alguien que se supone un maestro en un área, pero al final se considera experto en todo: Gasfíter, fontanero, electricista, albañil, jardinero, pintor, mueblista, constructor, y todo lo que ustedes puedan imaginarse. El “maestro chasquilla” puede hacer cualquier cosa.

Sin embargo, el “maestro chasquilla” no paga seguros, así que si el trabajo no sale bien, él argüye que no es su culpa, total usted lo contrató a cuenta y riesgo. La experiencia señala que para pequeñas cosas, en las cuales no hay riesgo el “maestro chasquilla” sirve, pero, cuando es necesario precisión y conocimiento superiores, el “maestro chasquilla” es un peligro.
Un profesional no puede ser “maestro chasquilla” en el desarrollo de su profesión. Es decir, harán lo que es correcto porque conocen. Tienen la información pertinente. Están preparados. No improvisan.

Uno de los mayores peligros que corre un profesional desde la perspectiva ética, es convertirse en una persona que no esté bien informada de lo que atañe a su profesión.

Un “maestro chasquilla” puede darse el lujo de ser chapucero o improvisador, un profesional no puede darse ese lujo.

Por lo tanto, ser responsables en el saber, implica el compromiso ético de estar informados claramente de los contenidos más actuales, pertinentes y necesarios para ejercer con propiedad lo que se ha elegido como modo de vida. La vocación que señala el curso de la existencia.

Destreza 

El otro elemento fundamental es la destreza, que corresponde al aspecto práctico.

La persona diestra es aquella que tiene la habilidad para hacer algo y bien. Se refiere a quien no sólo sabe lo que hay que hacer, sino que es hábil en realizarlo. Eficiente en el hacer.

Se ha instalado una vieja disputa en occidente, en parte motivada por el pragmatismo contemporáneo, pero también, como parte de una mentalidad de mediocridad que quiere obtener los máximos beneficios con el menor esfuerzo. Es la pregunta sobre qué es más importante, ¿la teoría o la práctica?

Sin pretender zanjar completamente la disputa, creo que es una discusión estéril y mal enfocada. Teoría sin práctica no sirve, así como práctica sin teoría. En otras palabras, la teoría es fundamental para la práctica, y una buena práctica no se puede realizar sin un buen fundamento teórico. Son las dos caras de la misma moneda.

Las personas que llegan a ser diestras en un arte lo hacen por amor. Amor a lo que realizan. Amor por entender que es lo que da la alegría para realizar lo que se hace día a día. El amor que nos acompaña para vivir con ganas, con ilusión y con deseos de hacer las cosas bien.

Cuando yo tenía 9 años mi madre me llevó al médico porque venía desde hace días con un fuerte dolor estomacal. El médico luego de examinarme y sin querer adelantar un diagnóstico me dejó internado en el hospital para observación. Por razones que desconozco me derivaron a una sala de adultos, no sé si el Hospital Regional de Iquique no tendría sala para niños, pero, fui puesto en una sala donde habían otros veinte enfermos, en el ala antigua del hospital con esas inmensas salas que databan de la colonia. Un edificio de madera, pulcro, bien cuidado, pero con el olor propio de medicamentos y de enfermedad.

Me sentía aterrado. No lloré delante de todos porque temía más al ridículo que al miedo que sentía de estar en ese lugar. Sin embargo, al poco rato de haber llegado y estar instalado apareció ella. La señorita Eliana como todos la llamaban, la verdadera reina del lugar. Todos en aquella sala, incluyendo médicos, enfermos, familiares y enfermeras se rendían ante su majestad. Ella daba órdenes como si fuera la dueña del lugar. Se empinaba coquetamente sobre la mediana edad. No tenía gran estatura, pero cuando hablaba todos callaban silenciosos. Se acercó a mi cama, se sentó sobre ella y me dijo con calidez:

─Hijo, no te preocupes por nada. Yo te voy a cuidar.

Lo dijo con tanto cariño que mi terror se disipó completamente.

Fueron diez días en aquel cuarto de hospital. Pero aunque han pasado muchos años los recuerdo como si fueran ayer. Eliana no figura en ningún libro de gente famosa. No se han construido estatuas en su honor. Sin embargo, es probable que tal como en mi niñez fue mi heroína, ella quede en la memoria colectiva de cientos de personas que pasaron por aquella sala de hospital. Era sólo la jefa de enfermeras, pero no era sólo eso, era una persona que unía a su saber la destreza. Sin embargo, hacía lo mejor que puede hacer una enfermera. Tenía la capacidad para reconocer en los ojos de un niño tímido el terror de estar frente a una situación superior a su comprensión y fuerzas; podía decir con claridad que algo no estaba bien, pero, acercarse con ternura a alguien que estaba sufriendo para darle su apoyo y calmarlo con palabras que sólo ella sabía pronunciar. En mi mente de niño, me parecía que Eliana vivía en el hospital porque siempre estaba. Cuando crecí y fui adulto, regresé a ese hospital para saludarla y darle las gracias. Sin embargo, no la encontré. Había emigrado al sur. En algún lugar hay una anciana que en algún momento fue la reina de una sala de hospital.

Teoría sin práctica no sirve, pero práctica sin teoría es muerte. Son las dos caras de una misma moneda. Al saber es preciso unir la destreza. Ambas deben ir unidas como las dos caras de una misma moneda.

Integridad 

En un mundo como el que vivimos la integridad no sólo es un valor fundamental, sino que constituye la mayor necesidad en una sociedad que se cae a pedazos a causa de aquellos que han elegido el camino de la corrupción y del bandidaje.

Ser íntegro significa ser recto, probo, honesto, intachable. Características cada vez más necesarias y en el contexto de profesiones de servicio, absolutamente necesarias.

Un profesional informado y diestro no es suficiente. También tiene que ser recto, de tal modo que esté dispuesto incluso al sacrificio si es necesario con tal de defender lo que es correcto.

Cuando los individuos se dejan llevar por intereses mezquinos y sin sentido, entonces, es fácil caer en el bandidaje de la corrupción. En suponer que el fin justifica los medios o en convertir el dolor ajeno en un negocio donde no interesan otros fines que el lucro y la vanidad.

Una persona íntegra, no siempre es la más popular, pero, a la larga, es la que se recuerda y la que hace la diferencia.

Cuando el evangelio dice en palabras de Cristo: “Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque el reino de los cielos les pertenece” (Mt. 5:10), es otra forma de decir: “Dichosos los íntegros, que son perseguidos por su integridad”, Dios no desconoce ninguno de sus caminos.

¡Que te persigan por ser correcto, nunca por ser corrupto!

¡Que te envidien por tu trasparencia, no por lo que logras de mala manera!

¡Que te reprochen tu férrea lealtad a lo que es correcto, y que no tengas que escuchar el reproche de tus hijos que se avergüenzan de tu mentira!

¡Que te recuerden por ser intachable y no por engrosar la lista larga de quienes roban justificando sus carencias!

Se necesitan profesionales que sepan, que sean diestros, pero por sobre todo que sean íntegros. Sólo en esos tres pilares lograremos construir un mundo del cual seamos capaces de estar orgullosos y podremos cumplir el cometido de una vocación que nos llama a vivir de manera coherente lo que predicamos con las palabras
.

1 comentarios:

Muy excelente este articulo, es todo lo que necesita un profesional en estos tiempos tan denigrantes en que vivimos, Felicitaciones pastor Miguel Angel

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