Si pudiera vivir nuevamente

Jorge Luis Borges, el escritor argentino, el candidato eterno al Nóbel, el hombre que había perdido la vista pero veía mucho más que otros, el soñador, el lector infatigable, el de las mil historias, el que homenajeaba a Buda y luchaba contra el tiempo, al final de sus días, cuando miraba a la muerte a la cara, sin miedo, como debería ser, como es lógico que suceda en un sistema donde la muerte es parte de la vida… escribió, un poema desgarradoramente honesto, y también  un llamado a la reflexión constante.

Dentro de unas horas comienza un nuevo año, una ilusión, porque el tiempo es una dimensión utópica, porque después de los abrazos y de los buenos deseos, la vida continuará inexorablemente, por eso, porque seguiremos viviendo, las palabras de Borges nos llegan como un aliento a la existencia, un acícate a la esperanza, un “déjate de tonterías” y concéntrate en lo importante, aquí el poema de Borges:







Si pudiera vivir nuevamente mi vida…
En la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido, de echo tomaría
muy pocas cosas con seriedad.

Sería menos higiénico.
Correría más riesgos, haría más viajes,
contemplaría más atardeceres, subiría más montañas,
nadaría más ríos.

Iría a más lugares adonde nunca he ido,
comería más helados y menos habas,
tendría más problemas reales y menos imaginarios.

Yo fui de esas personas que vivió sensata
y prolíficamente cada minuto de su vida,
claro que tuve momentos de alegría.
Pero si pudiera volver atrás trataría de tener
solamente buenos momentos.

Por si lo saben, de eso está echa la vida,
sólo de momentos, no te pierdas el ahora.

Yo era de esos que nunca iba a ninguna parte sin
un termómetro, una bolsa de agua caliente,
un paraguas y un paracaídas, si pudiera volver a vivir,
viviría más liviano.

Si pudiera volver a vivir comenzaría a andar descalzo
a principios de la primavera y seguiría así
hasta concluir el otoño.

Daría más vueltas en calesita, contemplaría más
amaneceres y jugaría con más niños, si tuviera
otra vez la vida por delante.

Pero ya ven, tengo 85 años
y sé que me estoy muriendo.

El último verso de Borges tiene un dejo de melancolía, un desgarro, un sentir que en muchos aspectos la vida ha pasado inexorablemente y en el camino, sin pensarlo ni desearlo, se ha perdido de algunos de los momentos que hacen significativo el vivir. No me gustaría decirlo, no me gustaría sentirlo, no desearía tener esa melancolía a los 85 años.

Apreciados amigos: 

Un feliz año, una feliz vida, una sabia vida, que no es ser sabio abstenerse, sino el apreciar cada instante como si fuera el último.

A los que en este año me han acompañado en mis devaneos y pensamientos, un abrazo.

A los que se han sentido tocados, heridos, traumados o enojados, por mis escritos, un abrazo.

A quienes han sentido que a partir de mis palabras los he interpretado, un abrazo.

A todos, los que me entienden o desprecian, los que me acogen y los que me rehúyen, un abrazo.

Porque si abrazáramos más y discutiéramos menos, tal vez, algunos de mis escritos no serían necesarios...


Feliz vida para todos.


© Dr. Miguel Ángel Núñez. Prohibida su reproducción parcial o completa sin la autorización expresa del autor.

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