Amor que da sentido

Dr. Miguel Ángel Núñez


“Todo lo hizo hermoso en su tiempo, y ha puesto eternidad en el corazón del hombre” Eclesiastés 3:11.

Si el amor no existiera habría que inventarlo.

Es lo que le da sentido a todo. El mundo adquiere mayor consistencia y significado cuando se ama.

Me cuesta entender cómo es posible que algunos vayan por la vida sin amor y sin sentir la necesidad profunda de amor.

Sólo el amor hace que las personas sientan que son valiosas, importantes e imprescindibles. El amor convierte a los individuos en seres con un sentido de la realidad totalmente diferente. Les otorga el raro don de ver más allá de las apariencias y de reconocer en las situaciones más inverosímiles una señal prodigiosa, algo que para quienes no aman no pasa de ser un hecho fortuito.

La alegría del que ama no se compara con nada. Probablemente por esa razón sea la emoción más buscada por los seres humanos. Dichosos los que aman, han con ese hecho, bebido un poco de eternidad y tenido una vislumbre anticipada del Edén.

La persona que no ama es sólo un transeúnte de este mundo. Alguien perdido en el sendero… sigue por inercia un camino sin rumbo. Sólo el amor hace que todo adquiera valor y lo que parecía intrascendente se convierta en señal de prodigio.

Cuando alguien comienza a amar se transforma. Modifica su forma de pensar, de ser, de vivir, de soñar. El amor convierte lo trivial en espectacular. Quien ama sabe por una experiencia que no puede explicar, que la dicha hace que todo se convierta en extraordinario.

Dios lo sabe. Al crearnos nos dio ese aire fresco de eternidad para que experimentáramos la alegría de sabernos creados para ser eternos. Sólo el amor permite esa vislumbre. Sólo quien ama puede anhelar vivir por siempre. La vida no le parece rutinaria sino henchida de una alegría incomparable.

Quien no ha experimentado este sentimiento de plenitud irá por la existencia consumido por una falta de sentido que le impedirá, trágicamente, experimentar la alegría de ser. Tal vez por eso, la falta de amor se trasmuta en envidia y rencor por aquel que experimenta lo que al otro sólo le parece fiebre de paso.

Si se es desdichado sólo la falta de amor lo explica, porque hasta el dolor más grande es tolerable y hasta soportable en un ambiente donde el amor manda. Sólo el amor torna el horizonte más oscuro en un cuadro de colores.


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© Dr. Miguel Ángel Núñez. Prohibida su reproducción parcial o completa sin la autorización expresa del autor.

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