El amor que calla

Dr. Miguel Ángel Núñez


“Pecado son la altivez de ojos y el orgullo del corazón” Proverbios 21:4 .

Como una planta delicada el amor necesita un ambiente especialmente protegido para florecer.

No se echan piedras al jardín ni a la maceta. Las flores no crecen ahogadas por malezas. También es preciso regarlas y darles suficiente abono para que vivan rebosantes de vida.

En la pareja hay algunas “piedras” o “malezas” que hacen que el amor muera. Una de las más dañinas es el orgullo.

La mente orgullosa le cuesta mucho entender el verdadero sentido del amor.

El orgullo genera una serie de otras actitudes que provocan la muerte lenta y sostenida de la buena relación de una pareja.

El orgullo es hermano directo del egoísmo y la vanidad. Una persona orgullosa no acepta razones ni escucha. Cuando se es orgulloso se tiene la convicción de que se poseen todas las respuestas. Está ajeno a la reprensión y la capacidad de reaccionar.

No es una característica pasajera ni tampoco menor. Es un rasgo de personalidad elegido y que finalmente —como un virus— termina por enfermar cualquier relación interpersonal.

Para que una pareja funcione se necesita humildad que es una de las características del amor (Ga 5:23). Sin una actitud de mansedumbre no es posible amar de verdad. Una persona orgullosa no acepta mirarse a sí mismo para cambiar. En el contexto del orgullo sólo se produce dolor y sufrimiento. El amor puro y verdadero sólo florece en el contexto de la humildad. Tal como dice el sabio: “La recompensa de la humildad y el temor del Señor son la riqueza, el honor y la vida” (Pr 21:4).

La escritora francesa Philippe Gerfaut escribió: “Cuando el orgullo grita, es que el amor calla”. En otras palabras, cuando se deja fluir el orgullo, el amor se evapora, deja de estar y la relación de pareja se muere lenta e inexorable.

Cuando Dios obra por su Espíritu Santo en la vida de las personas, una de las evidencias de su presencia es la actitud que se asume frente a sí mismo y a los demás. Si se es orgulloso, altanero, soberbio, vanidoso, egoísta es señal de que Dios no está transformando a esa persona y de que el Espíritu está impedido de hacer su trabajo de restauración. El resultado final es que aquel individuo podrá sentir, pero no amar de verdad.

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© Dr. Miguel Ángel Núñez. Prohibida su reproducción parcial o completa sin la autorización expresa del autor.

1 comentario:

  1. El contenido me ha hecho reflexionar, como también como sustento para ayuda a otros que pudierann tener piedras en su relación.

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