Vino para hacerse pobre

Dr. Miguel Ángel Núñez


“Porque conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, por amor de vosotros se hizo pobre, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (2 Corintios 8:9).

Un día un periodista chileno quiso hacer una investigación sobre los mendigos. Se dejó crecer la barba. Buscó ropas raídas. Las ensució y se dispuso a caminar por las calles de la ciudad durante una semana. Viviendo debajo de puentes o yendo a los lugares más lúgubres y oscuros que sólo conocen aquellos que no tienen donde ir.

Al terminar la semana y escribir su artículo la gente no daba crédito a lo que había descubierto.

Es un relato conmovedor. Hay momentos en que el periodista trasmite la emoción que sintió al acompañar a esos hombres y mujeres en su desgracia.

Muchos de ellos estaban alcoholizados. Algunos con sus facultades perdidas. Pero muchos, totalmente concientes de quienes éran y de quienes habían sido.

Había gente del campo que alguna vez puso su ilusión en la ciudad. Otros, que siempre vivieron en las calles, al comienzo con sus padres, y luego, solitarios. Sin embargo, lo que más llamó la atención fue la cantidad de personas cultas que encontró en su investigación. Había profesionales que alguna vez asistieron a prestigiosas universidades que por una u otra razón terminaron viviendo como mendigos.

Uno de ellos hablaba cuatro idiomas. Se había convertido en alcohólico. Su familia no sabía donde estaba y se enteraron de que aún vivía al leer el reportaje.

Muchas veces al ver a un hombre o una mujer tendidos en la calle por el alcohol o por la pobreza nos olvidamos que son seres humanos. Personas que alguna vez fueron acunados en el regazo amante de una madre. Que fueron niños y jóvenes con sueños e ilusiones. Que en algún momento, por alguna razón, su vida tomó un giro que ellos no hubiesen querido ni aún en sus peores pesadillas.

Cuando Jesús caminaba por las calles de Palestina se acercaba a esos hombres y mujeres y los abrazaba. Atendía sus necesidades y les hacía sentir que eran dignos y humanos.

Imagino que los ojos de Cristo se llenaban de lágrimas al observar la degradación a la que pueden llegar las personas, muchas veces, por propia voluntad.

No hay ningún registro de que alguna vez Jesucristo hubiese tratado a algún mendigo o pobre con desdén. Su impaciencia fue con los ricos insensibles al dolor ajeno, nunca con el menesteroso que imploraba ayuda.

Al contrario, dejó la riqueza del cielo para hacerse pobre. Vino a vivir entre los pobres para decirles a quienes padecen que entiende su necesidad. Nació en un pesebre reservado para animales, para decirle a la humanidad entera que entendía su pobreza.

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© Dr. Miguel Ángel Núñez. Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización del autor.

3 comentarios:

  1. Que bueno saber que Jesús se hizo pobre para poder entendernos,pero mas bueno es saber que Jesús nos ama.

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  2. OJALA QUE TODOS PODAMOS SEGUIR EL EJEMPLO DE JESÚS Y AMAR A TODOS POR IGUAL SIN DISCRIMINAR A NADIE, PORQUE SI ÉL HUBIERA DISCRIMINADO ¿DONDE ESTARIAMOS?

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  3. SI JESÚS NO HUBIERA MUERTO EN NUESTRO LUGAR ¿QUE ESPERANZA TENDRÍAMOS?

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