Dr. Miguel Ángel Núñez
Jesús se encarnó. La Biblia dice que “el Verbo (Cristo)
se hizo hombre y habitó entre nosotros” (Jn. 1:14). El concepto “habitar” es el
mismo término que se utiliza en el Antiguo Testamento cuando Dios dice “habitaré
en medio de ellos” (Ex. 25:8).
Jesús vino a habitar en esta tierra, a vivir entre
personas de carne y hueso. ¿Cómo lo hizo? No quiero detenerme en aspectos
teológicos sino en hechos que pasamos por alto a menudo y no logramos entender
lo que significa en términos de misión.
Jesús vino a vivir a Palestina, una tierra
agreste, con caminos polvorientos, con ciudades pequeñas y atrasadas. No vino a
estar en un palacio, sino en el hogar de una familia trabajadora, no pobre,
pero si carente de muchas de las comodidades que habría tenido en casa de algún
rico. Vino, se instaló y compartió el día a día como un judío más.
Aprendió a hablar arameo, porque era la lengua del
lugar. Podría haber hablado en griego, copto, chino, árabe o cualquiera de los
idiomas de la gente de su tiempo, pero optó por un idioma que sirviera para
comunicar, para dar a conocer su mensaje.
Se vistió a la usanza de Israel, utilizando
sandalias, túnicas, turbantes y usando pelo largo y barba, por qué así era la
forma de vestirse y de lucir en esa época. Podría haber optado por el estilo
griego que era más elegante, o por una forma de vestir oriental, que tendía a
ser más sofisticada. Pero nada de eso, se vistió como uno de ellos, no quería
ser distinto, buscaba llegar con un mensaje y se incorporó a una cultura desde
adentro.
Comió las mismas comidas que acostumbraba la gente
de ese tiempo, pescado, cordero, pan, frutos secos, hortalizas de fácil
cosecha, y no impuso una dieta exótica o traída de algún otro lugar.
Jesús se acercó, él vino, no espero que fuera la
gente a su encuentro. Fue al templo en épocas de fiestas religiosas, porque
sabía que allí estaría la muchedumbre. Se acercó a las plazas, porque allí
estarían los que no irían a otros lugares de alta alcurnia, conversó con las
prostitutas, con los despreciados, con los ladrones y también se acercó a los
soldados y a los publicanos. Él fue, no espero que vinieran a su encuentro.
Seguramente cantó la misma música y expresó del
mismo modo como lo hacía la gente de ese tiempo. Podría haber traído una música
celestial, para maravillar a todos, pero simplemente se adaptó a lo que ellos
conocían.
Se hizo uno más entre los pecadores. Sin ser
pecador, se relacionó con todos los que quisieran darle un lugar y una
oportunidad para escuchar su mensaje.
Los cristianos, luego de más de 2000 años de
seguir sus enseñanzas, aún luchamos por entender la sencillez de su forma de
actuar y vivir la misión.
Nosotros pretendemos que los demás, antes de
acercarse a Dios cambien sus maneras de actuar, porque creen que Dios se
sentirá halagado con dicho cambio. Pero Jesús no le pidió nunca a una
prostituta que se cambiara de ropa antes de hablar con ella. No le solicitó a
los ladrones profesionales de su tiempo, como Zaqueo, que dejaran de robar
antes de estar en su presencia. Ni les pidió a los fariseos que dejaran de ser
hipócritas para entablar una relación con él.
En el modelo encarnacional que él mostró, fue él
el que se sometió a la cultura y a la realidad del pueblo judío, porque quería
ganarlos y deseaba fervientemente darles a conocer algo mejor. Pero los llevó
desde lo que ellos conocían hasta un lugar que desconocían.
Muchos cristianos pretenden que la gente cambie
sus gustos, sus formas de vestir, su manera de encarar la vida, antes de ser
aceptados por Cristo, sin entender que Jesús nunca hizo eso y que el modelo que
mostró fue inversamente distinto al que cristianos cómodos en sus sillas
acojinadas en las iglesias esperan que se realice.
Jesús dijo: “Vayan y hagan discípulos”.
El mensaje de muchos cristianos de hoy es: “Venga
a escuchar a ver si quieren quedarse con nosotros”.
Jesús dijo “id”, hoy día decimos “vengan”.
Algo muy serio pasa en nuestra mente cuando no
captamos la sencillez del método de Cristo. Jesús comió la comida de sus
vecinos, escuchó su música, cantó sus baladas, caminó por sus ciudades,
pernoctó en sus casas, porque quería que escucharan la hermosura de su mensaje,
para que después que lo aceptaran pudieran contemplar otra realidad mucho más
bella, pero nunca podría haberla mostrado, si primero no los escuchaba y vivía
con ellos.
Jesús habitó en medio de ellos. Sigue siendo el
único camino para llegar con el mensaje más portentoso de la historia a quienes
ven que sus vidas se apagan por falta de sentido.
Tal vez sea hora de dejar de criticar y que nos
pongamos a caminar en dirección a los lugares donde están los que están
perdidos. Es lo que haría Jesús, no se quedaría entre cuatro paredes esperando
a que lo vengan a escuchar. Iría donde está la gente, se haría amigos, los
escucharía, los amaría incondicionalmente, y luego, ellos lo seguirían porque
sabrían que es honesto y verdadero.
Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez





3 comentarios:
Muchas gracias pastor por este post, realmente digno de reflexión.
enviar este tipo de información cristiana a la persona siguiente verónica.sedo@hotmail.com....(observar que lleva un punto después de la palabra verónica)..gracias
JESUS SENOR DE SENOR, CABALLERO NOBLE Y EQUILIBRADO LLENO DE AMOR Y COMPASION...ATENTO SIN SER SERVIL...PORTE DE DIOS...POR QUE ERA DIOS...HECHO HOMBRE...GRACIAS POR HABERNOS CREADO Y DARNOS LA CAPACIDAD DE ANALIZARTE Y CONOCERTE Y REGOCIJARNOS EN TI..
Publicar un comentario en la entrada
Tus comentarios son importantes, opina por favor