La locura de la fe


Dr. Miguel Ángel Núñez

El escritor inglés Gilbert Chesterton (1874-1936) escribió en su libro Herejes
La caridad significa perdonar lo imperdonable, pues si no, no es virtud ni es nada. La esperanza significa esperar cuando la situación resulta desesperada, pues si no, no es virtud ni es nada. Y la fe significa creer en lo increíble, pues si no, no es virtud ni es nada.

La caridad es una virtud milagrosa, sólo Dios puede dar la capacidad de perdonar lo imperdonable, decirlo de otra forma es convertir al ser humano en un avis rara, una especie de masoquista por definición.

La esperanza brilla más cuando la situación que se vive es como entrar a un túnel sin luz ni salida. En ese momento, la esperanza surge, como don divino, como una pequeña luz que se augura al final del abismo.

La fe siempre es creer lo increíble, porque de otro modo, no sería fe sino razón. Pensar que la fe puede ser comprendida por la vía de la razón es simplemente, entrar en un derrotero de racionalismo que no lleva a ninguna parte.

Luego, en 1908, Chesterton publicó la obra Ortodoxia donde en la misma línea señala:
La fe no resulta nada moderna, y suele criticarse desde todas las bandas por el hecho de constituir, precisamente, una paradoja. Todo el mundo repite, burlón, la definición infantil según la cual la fe es ‘el poder de creer en lo que sabemos que es falso’.
Sin embargo, es imposible que se entienda la fe por la vía de la razón, por lo tanto, lo más ajeno a la comprensión racional es la fe. Agustín de Hipona decía:
Creo para entender. 
De esa forma ponía la fe en un lugar donde difícilmente puede ubicarse cuando pretendemos que todo debe tener un viso de racionalidad.


En muchos sentidos, Chesterton expresa una gran verdad. El cristianismo y la religión no consiste en estar con la masa, sino en ir en contra de la corriente imperante, dar la batalla en contra de un mundo que opina diferente, convertir la vida en una forma de vivir que a ojos del no creyente aparece como extraña y exótica. Por eso Pablo, con esa lucidez que lo caracterizaba sostiene:
Mientras que nosotros predicamos a Cristo crucificado. Este mensaje es motivo de tropiezo para los judíos, y es locura para los gentiles, pero para los que Dios ha llamado, lo mismo judíos que gentiles, Cristo es el poder de Dios y la sabiduría de Dios. Pues la locura de Dios es más sabia que la sabiduría humana, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fuerza humana (1 Corintios 1:23-25).
En una época donde las desilusiones se suceden una tras otra, donde la naturaleza pareciera jugar con la vida humana, donde las empresas que antaño parecían mostrar una cara amigable y ahora tienden a convertirse en lobos para el hombre, la religión aparece como un horizonte lleno de esperanza, que aun cuando no pueda ser racionalizada, ofrece la seguridad de que tras todo el trasfondo de inseguridades que nos azota hay algo fijo, permanente y que nos da un derrotero sobre el cual construir la vida: Dios.

Nada hay que temer, mientras no olvidemos esta gran verdad. Dios permanece tras los acontecimientos, aun cuando nosotros no podamos entenderlo con total claridad. Pero de eso se trata, de una fe que cree, aun cuando la razón no tiene todas las respuestas para lo que ocurre.

Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez

1 comentario:

  1. La fe es barata cuando todo va bien, pero brilla en medio de la adversidad. Ahí tenemos el ejemplo bíblico de Job. Las personas con más fe que conozco son las que soportan sin quejarse que todo parezca irle mal.

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