Contradicciones y paradojas

Dr. Miguel Ángel Núñez

No le temo a la muerte, pero si a quienes no respetan la vida y van por este universo actuando como si fueran amos de la existencia ajena.

No le temo al fracaso, pero siento angustia al ver el sufrimiento provocado por la injusticia, el abuso o la terquedad del burócrata de turno. 

No temo trabajar para lograr mis metas, pero le tengo pánico a toparme con un trepador que no escatimará esfuerzos para timar, mentir y maltratar a quien sea para lograr sus ambiciones. 

No le temo a Dios, pero me sobrecoge toparme con algunos que hablan del ser divino con tanto desprecio, dogmatismo y dureza hacia otros, que parecen ser hijos del mismo diablo. 


No le temo al análisis ni la discusión honesta, pero siento que el alma se me encoge cuando veo a quienes maltratan a otros por tener una opinión divergente. 

No le temo a la voz del pueblo, pero si a los que manipulan la voluntad soberana y a eso le llaman democracia. 

No le temo a la verdad, pero tiemblo ante los chismosos, los que propagan rumores y los que se solazan disfrazando realidades para sembrar incertidumbres. 

No le temo a la indagación, al descubrimiento y a la investigación, temo perder la capacidad de asombro y la curiosidad natural de los niños.

No temo expresar de frente mis convicciones, pero me causa terror la amabilidad displicente de los diplomáticos que te saludan a la cara y te destruyen cuando les das la espalda. 

No le temo a la religión porque le da sentido al ser humano, pero le temo a los excesos y exabruptos, de quienes llamándose religiosos se atreven a realizar actos que sólo sirven para blasfemar de las creencias. 

No le temo a la amistad, pero siento miedo de aquellos que llamándose tus amigos te hieren con cobardía y luego cortan tu carne como leñador destruyendo un árbol. 

No le temo al pasado, pero tengo mucho miedo de que el ayer se convierta en ancla de todos mis anhelos y no me permita continuar el viaje hacia las estrellas. 

No le temo a los sueños, pero siento terror de que vengan encantadores de serpientes y me den utopías que sólo son espejos marcados a sangre. 

No temo envejecer, sino a quedarme a sin sueños, sin ganas de vivir, sin fronteras que conquistar por haber arrugados mis ideales y pasiones. 

No le temo al cambio, creo que la vida en sí misma es una gran mutación de un estado a otro. Lo que temo es a quienes niegan lo que es evidente el estatismo de la realidad, el pensamiento, y la verdad en una inmovilidad que resulta ajena a lo real. 

No le temo al perdón, pero tengo pavor de aquellos que han inventado un “perdón” falso, que se convierte en moneda de manipulación y soberbia para que el que se equivoque. 

No le temo a las fronteras, pero me da miedo quienes han convertido las naciones en bandera de discriminación, exclusión, nacionalismo y división. Eso nos acerca más a la barbarie y nos aleja de la humanidad. 

No le temo al silencio, pero me da terror quienes silencian a los que hablan, acallan las conciencias individuales y orillan a quienes van perdiendo la voz por imposición. 

No le temo a la soledad, pero me aterra pensar que la soledad más amarga no es la del silencioso apartarse para meditar, sino la soledad de la multitud, la soledad del que está casado y se siente alienado, la soledad del niño que no cuenta con sus padres, aunque los tenga a un lado, la soledad del que está en la iglesia, pero no tiene comunión. 

No le temo a las estructuras, pero me da miedo pensar que muchas veces las estructuras de las organizaciones pasan a ser más importantes que los individuos que las componen. 

No le temo a las contradicciones, la vida misma es una gran paradoja. Le temo a quienes niegan lo evidente y pretenden que la existencia se resuelve en un continuo inalterable, cuando la realidad es que nadie se baña dos veces en el mismo río, como diría el viejo Heráclito. 

No le temo a la unidad, pero le tengo pavor a quienes llaman a la “uniformidad” comunión y a la “fusión” unidad, no entendiendo que el valor más preciado del ser humano es su conciencia individual y su esencia única como tal. 

No le temo al triunfo y la victoria, me da miedo el triunfalismo que lleva al exclusivismo, al desprecio a otros, al encerrarse en paredes de dogmatismo y parapetarse detrás de verdades únicas y absolutas. 

No temo tener miedo, me da pánico perder la capacidad de atemorizarme ante aquello que podría destruirme o hacerme inhumano, que para los efectos, es lo mismo. 

Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez

5 comentarios:

  1. Tanto, en tan pocas palabras. Muchas, muchas gracias.

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  2. brillante, excelente...me recontra encantó!

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  3. Quedé en silencio. Qué facilidad de expresar sentimientos¡¡. Es común a muchos lo que expresas, es privilegio de pocos el poder hacerlo de esa manera. La mayoría expresa solamente su enojo, frustración o estres, agrediendo. Caminar por las calles hoy es estar acompañado de salvajes comportamientos animales. Es gratificante encontrarse en este mundo virtual cosas tan reales y gratificantes como lo que escribiste.

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  4. Wow! Inspirador..manera de describir la lucha del corazon humano. A ratos uno se siente un tanto incomodo leyendo tanta verdad de la paradoja de lo que es capaz el ser humano. Que Dios siga inspirandolo.

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  5. Admiro esa capacidad de resumir tantas ideas, tan complejas algunas de ellas, en pocas palabras que sean comprensibles para todos... Gracias.

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