Guías de ciegos



Dr. Miguel Ángel Núñez

Me encanta la arquitectura, pero soy un aficionado. No me atrevería a darle indicaciones a un arquitecto sobre cómo debe hacer su trabajo. Tal vez podría dar mi opinión sobre la estética de un determinado edificio, pero quién sabe exactamente cómo debe construirse y bajo qué condiciones es el arquitecto y el constructor.

El mismo concepto vale para habilidades altamente complejas como la de un cirujano, por ejemplo. Alguna vez escuché la siguiente historia que puede ilustrar esta idea. Un mecánico de automóviles le dice a un médico cirujano:

—¿No sé por qué a usted le pagan tanto por lo que hace si en esencia los mecánicos hacemos lo mismo, cambiamos y reparamos piezas deterioradas?

El médico pensó un momento y luego le dijo:

—Hagamos un trato, si usted es capaz de cambiar las válvulas del auto sin detener el motor y sin que se acabe la energía del vehículo ni el combustible, y moviendo las menos piezas posibles, entonces, le prometo que le pagaré lo mismo que a mí me pagan por una operación al corazón.

¡Cuán fácilmente opinamos en áreas y campos en los cuales no somos plenamente competentes!

Presunción e ignorancia

Es peligrosa la actitud de quienes suelen opinar simplemente porque “escucharon”, “vieron” o “supieron de a oídas” de algo. Es combinar ignorancia con presunción, combinación que a lo largo de los años ha demostrado ser altamente explosiva.

Es común que sus opiniones se sustenten en expresiones tales como:

 “La Biblia dice”, pero citando textos bíblicos fuera de contexto y de significado. Cosa muy común en foros donde defienden “la pureza doctrinal” o ideas respecto a algún tema cualquiera. El afirmar que algo es “bíblico” no lo convierte en tal.

Escuché al Pr. X que dijo”, sin detenerse a pensar si lo que escuchó lo comprendió adecuadamente en el sentido correcto de quien lo sostuvo. A mí me han sacado tantas veces fuera de contexto, que no estoy seguro cuando la gente dice “escuché de …” que lo que esté diciendo sea ajustado a la verdad.

Asistí a una conferencia y escuché”. Mi pregunta en este caso es: ¿Está seguro de haber escuchado bien y que entendió el contexto correctamente?

Soy un intelectual, y no lo digo por jactancia, sino para señalar un hecho. Si fuera obrero de la construcción o chofer o médico lo afirmaría sin empacho. Ser lo que soy me lleva a leer al menos un libro a la semana. He estudiado en seis universidades. He asistido a tantos congresos y simposios que ya perdí la cuenta. He sido profesor universitario por más de 25 años. Escribo y enseño sistemáticamente. Estoy continuamente estudiando y examinando mi pensamiento y el de otros autores. Sin embargo, en ciertos temas no me atrevo a ser taxativo ni dar la última palabra, porque creo que aún necesito aprender. Lo irónico de esto es que participando en algunos foros donde se pretende cuidar “la verdadera adoración” o “enseñar la verdad bíblica”, he sido insultado con los peores epítetos. Se ha dudado de mi inteligencia, preparación, honestidad y trasparencia para tratar ciertos temas, como el de la música, por ejemplo. Lo más suave que se me ha dicho es que soy ignorante y que no tengo idea de nada. Sé que soy ignorante, en muchas cosas, de allí a no saber nada, es otra historia. Por fundamentar lo que sé, he sido tratado de “provocador” y uno de los que llamo “presuntuosos” me ha exhortado al silencio, por el bien de los teólogos, en un llamado a la neutralidad que es simplemente, otra forma de decir, “no se meta con mis prejuicios”. Un par de damas con cierta histeria me han dicho, “cuando se trata de hablar de la Biblia no sirven los teólogos, pastores ni nadie, sólo lo que cada uno descubre”, que es como decirle a un grupo de psicólogos cuando se trata de hablar de psicología no sirve lo que saben, sino lo que cada uno opina. Es interesante la presunción de creer que sólo la fe es suficiente para saber y ser docto en la Escritura.

Quienes presumen sin tener suficiente formación están tan envanecidos en sus preconceptos e ideas que no aceptan una contradicción por respuesta. Su postura ideológica es la última y no hay más. Cuando se les pide argumentos sus “argumentos” son:

Citas bíblicas, generalmente un versículo tras otro, a menudo fuera de contexto textual, histórico y lógico. Suponen erróneamente que tener “base bíblica” es citar exclusivamente “frases bíblicas”, “ideas bíblicas” y listas de versículos, incluso “palabras aisladas” simplemente porque están en la Biblia. No es extraño que personas estudiosas se nieguen a siquiera dialogar con estas personas, porque termina siendo un diálogo de sordos… intentar exponer argumentos con base y encontrarse con un muro de “supuestos” es, por decir lo menos, frustrante.

Citas de autores cristianos que supuestamente han “estudiado” el tema, pero sin darse el trabajo de señalar si lo que citan está en conexión al uso que le están dando, si el autor citado tiene una idea consistente, si cronológicamente su pensamiento se ha mantenido constante, y así sucesivamente. Eso vale, para muchos adventistas que gustan usar los escritos de Elena de White, impropiamente, como si fuera la última palabra. Digo impropio porque no hay ningún libro u artículo de la autora donde ella autorice un uso de sus escritos de esa forma. Al contrario, señala de manera firme en contra de un uso inapropiado al señalar:
Los que reciban los Testimonios [así se refería ella a sus escritos], como mensaje de Dios serán ayudados y bendecidos por ellos; pero aquellos que toman ciertas partes, simplemente para sostener alguna teoría o idea de su propia factura, para defender su conducta errónea, no serán bendecidos y beneficiados por lo que enseñen. (Testimonios para los ministros, 42).
Dicho todo este preámbulo quiero anunciarles que he comenzado a escribir una serie de artículos sobre exégesis, hermenéutica, versiones bíblicas y el uso apropiado de la argumentación bíblica, con el fin de arrojar un poco de luz al convulsionado y confuso panorama que vivimos hoy con corrientes tan dispares y tan agresivas, como son las que se encuentran en los foros de discusión de “cristianos” que actúan como si fueran “enemigos implacables” de otros que también se llaman “cristianos”. Digo “cristianos” entre comillas, porque el verdadero cristianismo no tiene nada que ver con las prácticas y actuaciones de algunos defensores de la verdad bíblica. El insulto, en sí mismo, es una demostración de estar lejos de la verdad bíblica y del espíritu que movía a Cristo.

No pretendo tener la última palabra, si la tuviera sería una contradicción, pero al menos, puedo pronunciarme sobre aspectos en los que sí soy competente. Mañana saldrá el primer artículo titulado: “¿De qué “palabra de Dios” hablamos?”

Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez

3 comentarios:

  1. Lo que usted describe, me hace recordar a un amigo que se cree saberlo todo

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  2. Sencillamente genial Pastor Nuñez, me hizo recordar la siguiente frase : "Excelente maestro es aquel que, enseñando poco, hace nacer en el alumno un deseo grande de aprender. (Arturo Graf 1848-1913)

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  3. Comprender, entender, inferir, intuir, asertar, interpretar, realizar exégesis, traducir un dicho, pensamiento, cita, etc., requiere de una exhaustiva asertividad para ser tomado como verdad. Estaré pendiente de los alcances en los puntos que usted domina. Pasco - Perú.

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