El Jesús que nos cuesta conocer



El Jesús que nos cuesta conocer

Miguel Ángel Núñez

Por causa del nombre de Jesús se ha asesinado, violado, maltratado, blasfemado, golpeado, humillado, insultado, encarcelado, estrangulado, azotado, exiliado, y un sinfín de otros atropellos y delitos que han sido hechos a nombre de aquel que dijo “no he venido a juzgar a nadie”.[1]

***

El Jesús que conozco es distinto a esa caricatura que algunos han hecho de él.

El Jesús que respeto canta junto a los despreciados, come de su comida y visita sus casas.

Ese Jesús que muchos han escondido, visita a las prostitutas, les extiende su mano, las abraza, las besa en la frente y luego deja que laven sus pies con perfumes pagados con la lujuria y permite que le sequen con sus cabellos.

Jesús, el de los diálogos, visita al ladrón, no le dice que se convierta en honesto, sólo come su comida y lo abraza con bondad. No es extraño que al final del día aquel hombre decida devolver todo lo que había robado.

El Jesús que admiro recibe a la mujer maltratada por la vida, engañada y seducida, con malas decisiones, con torpezas, tendida a sus pies, y en vez de tirarle piedras, simplemente dice: “El que de vosotros esté sin pecado lance la primera piedra” y como aquello no ocurre, afirma “ni yo te condeno, vete”,[2] pero algunos no pudiendo convencerse de tanta bondad, en algún momento de la historia agregaron a sus palabras la frase “no peques más” (como si eso fuera posible por la fuerza de la voluntad), anulando con ello la bondad y misericordia de Jesús.

El Jesús que me produce reverencia salta de alegría al ver a los cojos caminar, a los ciegos ver, a los enfermos ser sanados… y a ninguno de ellos le da instrucciones formales, simplemente los ama de manera incondicional.

El Jesús que me muestra la Escritura ríe con los niños, bromea con ellos, se muestra accesible, sus ojos son transparentes, su mirada está llena de confianza, porque ningún niño se acercaría a alguien con ceño adusto, con mirada fría, con actitud arrogante, con soberbia, porque los niños saben y entienden, la diferencia entre la bondad verdadera y el formalismo insulso.

Jesús extiende su brazo y toca al leproso. Pone su mano en sus pústulas, en sus úlceras, simplemente, porque sabe que el primer paso para la restauración total es tocarlo. Extiende su mano para sanar heridas más profundas que la lepra. El desprecio, la humillación, el exilio, la soberbia, el orgullo de los sanos, y la arrogancia de los religiosos, han dañado su vida más que la enfermedad, y Jesús lo sabe, por eso lo toca, lo abraza y ríe junto a él cuando es sanado.

El Jesús que cuenta la historia no escribe nada, salvo en la arena, donde se la lleva el viento, los pecados de los acusadores. No redacta reglas absolutas. No expone tratados inamovibles. No deja catálogos de instrucciones, simplemente, permite que sus seguidores elijan lo que más les impresiona. Sin duda sabe que en algún momento alguien escribirá de Él pero no deja advertencias de cómo hacerlo. Sus seguidores han idolatrado las interpretaciones de aquello que él permite que escriban, y han olvidado que aquello estuvo mediatizado por sus mentes y culturas, y Él, el protagonista, no lo impide ni lo delinea.

El Jesús que admiro no construye templos, ni edificios que adulen la vanidad humana. No deja instrucciones para que sus seguidores hagan construcciones fastuosas para adular el orgullo personal u organizacional. El Jesús que camina por caminos polvorientos y no tiene dónde recostar su cabeza, nunca busca la fastuosidad edilicia que tanto agrada a algunos de sus seguidores.

El Jesús que camina por las tierras polvorientas de Palestina, nunca rechaza a alguien por su ropa, su apariencia o su manera de actuar. Él recibe a todos, sin esperar que cambien antes de estar en su presencia como quieren hacerme creer algunos de los traficantes de religión que proliferan en mis días.

El Jesús que venero no construye denominaciones ni organizaciones y a todo al que acude a él le dice: “El que a mi viene no le echo fuera”.[3] No busca grupos de seguidores “verdaderos”, sino que a todos llama sus amigos y discípulos.

El Jesús que me ama, nunca me juzga por algún error. Simplemente, me abraza, me consuela y toma un lebrillo para limpiar la suciedad que pude haber acumulado en el camino, simplemente, porque ese Jesús que conozco no viene a condenar a nadie sino a salvar.

El Jesús que llena mis días nunca maltrata a alguien, y cuando profiere palabras duras o de exhortación, siempre lo hace con un nudo en la garganta, con dolor, con lágrimas velando su voz. Porque Jesús no viene a imponer, a establecer reglas, a acusar ni condenar, sino que viene a rescatar a los perdidos, y ningún extraviado sabe cómo regresar, si así fuera, no estaría extraviado.

El Jesús en el que confío ni aún en el momento de su juicio se atreve a proferir palabras de condena, hasta el último momento mantiene abierto el diálogo entendiendo que el ser humano no cambia por efecto de la presión ni la disuasión sino sólo por el susurro del amor.

El Jesús que me impresiona nunca ha tenido un púlpito, no lo ha buscado, no lo quiere, no lo propicia, no pide que se lo construyan. No es hombre de discursos sino de acción, no cree en el poder de la oratoria sino en el de la oración y el servicio. No habla con elocuencia, vive con elocuencia, y ese es su mayor legado.

El Jesús que amo piensa en sus compañeros de tortura y en sus torturadores, antes que en buscar alguna forma de justificación o de librarse del dolor. Al que está a su lado y dispuesto a creer le dice “estarás conmigo en el paraíso”,[4] no le dice como quieren hacerme creer los vendedores de ilusiones de mis días: “si no mueres tendrás que cumplir algunas reglas”. Jesús simplemente sabe el poder de creer y los resultados de la fe.

El Jesús que conozco extiende sus brazos sobre el abismo para alcanzar a todos con su sacrificio. No excluye a nadie, da su vida por pobres y ricos, mujeres y varones, homosexuales y heterosexuales, prostitutas y proxenetas, violadores y consoladores, ladrones y honestos, vanidosos y humildes, tiranos y tiranizados, genocidas y altruistas. Nadie queda fuera de sus brazos extendidos, nadie, ni aún tú… que hablas en su nombre, pero aún no le conoces.

 Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez


[1] Juan 12:47.
[2] Juan 8: 7, 11.
[3] Juan 6:37.
[4] Lucas 23:43.

24 comentarios:

  1. Es el mismo Jesús que yo amo y venero, pero que por desgracia muchas veces no lo represento bien siendo una hija suya... Alabado sea su nombre!

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  2. Genial! :) Yo tb creo en este Jesús, el cual de a poco conozco en forma relacional, personal, un poquito cada día. :)

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  3. Estaba leyendo este ensayo al teminar mi dia y pensaba...Ese es Jesus, ese es El que me mantiene dia a dia.....sin embargo, a medida que leia, si voy a ser sincero, tambien me venian esos pensamientos....si, esto esta muy lindo, pero que de "esto" o "aquello", o lo "otro"? ( y lo pongo asi para no mencionar nada en especifico, ya que me ha dejado tan buen sabor el articulo que no tengo deseos de empezar ninguna controversia)....cuando uno conoce a este Jesus, no hay ni "esto", ni "aquello", ni lo "otro", porque El se vuelve todo, y cuando eso pasa, tu vida no le queda otro remedio que reflejarlo y compartirlo!!!!

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  4. Ese es mi JESUS!!!!

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  5. Lucas Maximiliano Quiroz25 de abril de 2012, 17:37

    Amen!! exelente! Gracias Dios por Jesus!!

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  6. Rodrigo Braña Lillo25 de abril de 2012, 17:53

    Gracias me encanto... lo necesitaba

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  7. Simplemente es misericordioso

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  8. Ese es el Jesús de la Biblia, el real. Quien cree en Él no se amarga y nunca andará preocupado si el papa estornuda, o si Obama manda implantar chips... Él es reposo y salvación.

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  9. Henry Paniagua Cahuana25 de abril de 2012, 19:32

    y hoy mismo lo deseo conocer

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  10. mi maravilloso Jesús, aquel al que descubrí en el transcurso de mi vida y no tan de pequeña como así creía yo... porque el Jesús que me pintaban, era aquel que sentado en su trono, sus cabellos blancos y corona reluciente, tenía el ceño fruncido y la vara en la mano, dispuesto a castigarme si de pronto me portaba mal.

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  11. Jesús mi Amigo Fiel, cada día lo voy conociendo mas y mas mediante la lectura de su Palabra.

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  12. Jorge León Gutierrez25 de abril de 2012, 19:36

    Gracias Dr. por su tiempo que da para ponernos al tanto, de como conocer cada dia mas a Jesús, ese es el secreto de un cristiano victorioso. Saludos de mi familia Pastor, siempre le recordamos por esta (Lima - Perú).

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  13. Excelente como siempre Profe!!!

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  14. Ese es el Jesús que todo cristiano debiera amar pero sobre todo es el Jesús que debieramos mostrar en nuestras vidas! Gracias Hno por esta reflexiòn. Dlb

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  15. Supongo Perocreoquesi25 de abril de 2012, 19:38

    Excelente articulo, excelente postura, porque si, el cristiano debe de hacerse de una postura ante tanta trasformacion del evangelio y las palabras de un ser que irradiaba lo que era: amor. ¡Bendiciones sr. Miguel!

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  16. Juan Ramón Junqueras25 de abril de 2012, 19:39

    Muchísimas gracias, Miguel Ángel, por esta entrada. Es aire fresco. Oxígeno para los que queremos respirar el aliento de Jesús. Mil gracias.

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  17. ES TAN MARAVILLOSO MI JESÚS....!!!GRACIAS POR COMPARTIR ESTE BELLO ARTICULO!!! DIOS SE LO PAGUE INFINITAMENTE......!!!!

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  18. La pregunta que me hago es:
    ¿Demuestro conocer a ese Jesùs
    En mi vida cotidiana?

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  19. Exactamente Mike, esa es la pregunta personal que uno se hace a diario, porque nuestra aspiracion es llegar a ser como ese Jesus.

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  20. Jesús siempre me sorprende

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  21. Es conmovedor saber que Jesús me encuentra donde estoy, me acepta como soy y despierta en mi el anhelo de ir donde El me lleve y hacer su voluntad, maravillosa Gracia que no me deja donde estoy ni asi tal cual yo soy!!!

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  22. QUE HERMOSO !!!!!....Y pensar que este es el evangelio que vino a mostrarnos Jesús .Parece que la Iglesia no lo cree .
    Por qué no lo vivimos ?......Por qué nos cuesta tanto aceptarlo ?....Por que complicamos tanto el amor de Dios ?......

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