No juzgueis


No juzgueis
Dr. Miguel Ángel Núñez

El mandato de no juzgar


Algunos, por diversas razones, simplemente, no están leyendo el "no juzgar", que está claramente establecido en la Biblia:
No hay más que un solo legislador y juez,  aquel que puede salvar y destruir.  Tú,  en cambio,  ¿quién eres para juzgar a tu prójimo? (Santiago 4:12).
¿Por qué se ha de juzgar mi libertad de acuerdo a la conciencia ajena? (1 Corintios 10:29). 
Dejemos de juzgarnos unos a otros.  Más bien,  propónganse no poner tropiezos ni obstáculos al hermano. (Romanos 4:13)
Tú,  entonces,  ¿por qué juzgas a tu hermano?  O tú,  ¿por qué lo menosprecias?  ¡Todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Dios!  (Romanos 14:10)   
Por tanto,  no tienes excusa tú,  quienquiera que seas,  cuando juzgas a los demás,  pues al juzgar a otros te condenas a ti mismo,  ya que practicas las mismas cosas. ¿Piensas entonces que vas a escapar del juicio de Dios,  tú que juzgas a otros y sin embargo haces lo mismo que ellos? (Romanos 2:2-3)
No juzguen,  y no se les juzgará.  No condenen,  y no se les condenará.  Perdonen,  y se les perdonará. (Lucas 6:37)
No juzguen a nadie,  para que nadie los juzgue a ustedes. Porque tal como juzguen se les juzgará,  y con la medida que midan a otros,  se les medirá a ustedes.  (Mateo 7:1-2)
 A menudo olvidamos el principio de que quien juzga es Dios y no el ser humano:
Ciertamente,  la palabra de Dios es viva y poderosa,  y más cortante que cualquier espada de dos filos.  Penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu,  hasta la médula de los huesos, y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón. Ninguna cosa creada escapa a la vista de Dios.  Todo está al descubierto,  expuesto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas. (Hebreos 4:12-13).
El que me juzga es el Señor. No juzguen nada antes de tiempo; esperen hasta que venga el Señor.  Él sacará a la luz lo que está oculto en la oscuridad y pondrá al descubierto las intenciones de cada corazón.  Entonces cada uno recibirá de Dios la alabanza que le corresponda. (1 Corintios 4:5).
Dios juzgará los secretos de toda persona. (Romanos 2:16) 
Incluso Jesús mismo fue cauto a la hora de emitir juicio al señalar:
Ustedes juzgan según criterios humanos;  yo,  en cambio,  no juzgo a nadie.  (Juan 8:15)
Sin embargo, hay algunos cristianos que están intentando saltarse estos consejos inspirados y creen que no es inapropiado juzgar. Interpretan estos textos claros de una manera impropia. Suponen que la defensa de la verdad les da derecho a pronunciarse como jueces de otros emitiendo veredictos, declarando motivaciones e incluso pronunciándose sobre sus intenciones. Hay algunos que llegan aún a extremos presuntuosos al determinar que determinada persona, por la idea que tiene, será condenado por Dios y finalmente no se salvará. ¿Quién les ha dado ese derecho?

Cuando emito un veredicto y declaro a otra persona como culpable me pongo en un lugar que sólo le corresponde a Dios.

Para intentar aminorar su actitud presuntuosa, que saben incorrecta, usan frases de circunstancia sosteniendo que no intentan atacar a nadie, sólo determinar lo que está mal. Sin embargo, lo hacen usando un lenguaje descalificador y creyendo lo peor de otros. Si alguien no religioso lee dichas palabras, simplemente creerá que es una lucha de no creyentes por la manera en que tratan a los que no comparten sus ideas.

Es sintomático que muchos de los autodenominados "conservadores" (con todo lo relativo que tiene dicha expresión nacida en una convención inglesa de la cámara de los lores y que nada tiene que ver con el uso dado en el contexto religioso), son los que con más saña atacan, maltratan y llegan incluso a la difamación inventando todo tipo de sospechas sobre sus detractores.

Asombrosamente muchos dicen defender "el honor de Dios" (como si Dios necesitara nuestra defensa), buscan "la verdadera adoración" (con una actitud que no tiene nada que ver con adoradores), buscan el "reavivamiento y la reforma" (sin entender que no hay reavivamiento sin reforma, empezando por aprender a tratar con bondad a quien discrepa de nosotros), apelan por la "verdadera piedad" (con expresiones y formas que no tienen nada que ver con la piedad cristiana) y la "sana doctrina" (sin comprender que la sana doctrina nace en el amor y no en el maltrato a quien aún no tiene toda la luz). En realidad, al parecer y por el tono de los comentarios que se emiten, parecieran ser eufemismos que esconden la pretensión de tener un conocimiento verdadero, y un desprecio solapado a quienes están, según sus criterios, en el error.

Cuando decido sobre el tipo de motivaciones que podría tener otra persona simplemente me pongo en un plano peligroso, puesto que sólo Dios, en su omnipotencia, puede entender los motivos reales de la persona humana. Cada individuo es un universo único y complejo, sospechar de sus motivaciones es un camino sinuoso y asumir esa actitud nos expone simplemente a errores. Ni aún Dios, con todo su poder y omnipotencia, se pronuncia definitivamente sobre la vida de alguien, sino espera hasta el final, usando la metáfora de la cizaña y el trigo, hasta el momento que sea la cosecha.

La inquisición encontró una justificación para su actitud condenatoria. Tomás de Torquemada (1420-1498), el célebre inquisidor, solía decir "si se van a quemar al final que más da que los quememos ahora". Es decir, asumía, como toda mente inquisidora, que como "dioses" determinamos el fin último de alguien.

Todo esto crea un clima de confrontación y sospecha. Todo aquel que piense ligeramente diferente es tratado como enemigo, sospechando de su amor y dedicación a Dios. Me aflige que al leer en foros de los defensores de la "verdadera adoración" o de la búsqueda de "reavivamiento y reforma", todos los que no crean exactamente como ellos son tratados como "perros" indignos de recibir alguna migaja de su verdad o usando la figura de Cristo, como "cerdos" a quienes no vale la pena tirarles las "perlas" que ellos han descubierto, con un espíritu que no se condice con el evangelio y la actitud de Cristo.

El camino de la intolerancia

Jesús fue intolerante, pero con la religión desprovista de bondad. Rechazó firmemente la santidad sin misericordia, la doctrina sin respeto, y la falta de religión práctica.

Cristo llamó "sepulcros blanqueados" a los religiosos de su tiempo porque aparentaban una vida de santidad mientras maquinaban oscuros planes para asesinarlo. Querían matarlo, pero hacerlo de tal modo que siguieran manteniendo la imagen de piedad que pretendían proyectar. Puros por fuera, podredumbre por dentro.

Jesús era intolerante frente a la hipocresía, la doble faz, o la actitud solapada de quienes buscaban enriquecerse usando argumentos religiosos o sublimando mediante la crítica a otros sus propios problemas personales.

Cristo era intolerante frente a la mentira, la vanidad, la presunción, el orgullo, la soberbia y la violencia.

El tipo de intolerancia que se vive en los círculos religiosos, especialmente de los defensores de "piedad", "adoración", y "reforma", no se parece en nada a lo que Jesús hacía. Tiene un carácter ideológico y soberbio. No se tolera la expresión de libre opinión, la búsqueda honesta de un camino alejado del ritualismo, la formalidad y la religiosidad vacía de piedad.

La intolerancia de hoy convierte al que cree distinto e un enemigo, cosa que Jesús nunca hizo. De hecho, no hay críticas de Jesús hacia los no creyentes, los publicanos o los "pecadores". 

Defensa de Dios

Impresiona que existan personas que honestamente crean que un Dios todopoderoso necesite que se le defienda.

Lo más crueles genocidios de la historia, han sido protagonizados por cristianos que han sido defensores de Dios. Los cruzados violaron, asesinaron y arrasaron a quienes consideraban infieles y lo hicieron creyendo que ese era el camino correcto. A veces pienso que si algunos de los defensores que aparecen en los foros tuvieran el poder que se tuvo antaño, serían parte de una cruzada similar.

Siempre quien cree tener una verdad absoluta y se convierte en intolerante, el paso siguiente es procurar la destrucción de sus detractores. Lo fue en la experiencia de Pablo que asesinaba cristianos y con los cristianos que teniendo el poder arrasaban con los no cristianos. La historia siempre se repite.

Un Dios todopoderoso no necesita defensa. Es el absurdo de la conducta infantil de Pedro mutilando la oreja de Malco y Jesús recordándole que si Dios quisiera cientos de ángeles vendrían a aniquilar a los enemigos de Dios. Creer que Dios necesita defensa no es sólo infantil, sino también irracional.

La revolución del amor

Jesús fue un revolucionario que no tomó la espada ni incitó a sus seguidores a convertirse en perseguidores.

Jesús fue paciente, sabía que tarde o temprano el error quedaría en evidencia. Tuvo la suficiente paciencia para esperar, cosa que le falta a muchos de los defensores de las diferentes causas "espirituales", que están obsesionados por quitar la cizaña antes de la cosecha.

Jesús trató con especial bondad a los despreciados por los religiosos de su tiempo. El "téngalos por pecadores y publicanos" (Mateo 18:17) es una invitación expresa a tratar con bondad a quienes serían despreciados por estar fuera del "círculo de santidad" de su tiempo. En ningún modo fue una invitación al maltrato ni a la violencia. De hecho, no hay una sola crítica de Jesús hacia los pecadores y publicanos de su tiempo, sólo señaló a quienes en su conservadurismo religioso habían hecho de la religión un medio de opresión.

El principio de Gamaliel

El fariseo más sabio de ese tiempo señaló: 
"En este caso les aconsejo que dejen a estos hombres en paz.  ¡Suéltenlos!  Si lo que se proponen y hacen es de origen humano,  fracasará; pero si es de Dios,  no podrán destruirlos,  y ustedes se encontrarán luchando contra Dios" (Hechos 5:38-39).
Si aplicáramos dicho principio evitaríamos la larga perorata de descalificaciones no cristianas que lo único que provocan es desamor y desesperanza entre quienes están intentando encontrar a Jesús.

Un par de señoras se acercaron a la plataforma antes del culto y dejaron un pequeño papel sobre el púlpito. Cuando llegó el predicador, conocido por su dureza y crueldad verbal hacia sus detractores leyó el papel guardó un pesado silencio por un momento. Ese día habló como nunca, con una bondad que nadie conocía en él.

Cuando terminó la predicación las mismas ancianas se acercaron al predicador y le entregaron otro papel. El hombre al leerlo les sonrió y las abrazó.

Otra persona que había visto la escena desde un principio les preguntó curiosa a las ancianas que habían escrito y ellas sonriendo le dijeron que el primer papel decía:
Queremos ver a Jesús (Juan 12:21)
Y el segundo decía:
Hemos encontrado al Mesías (Juan 1:41)
Si más de los que discuten y pelean por cuestiones religiosas usaran el mismo criterio otro sería el ambiente cristiano y el testimonio que darían a quienes no son cristianos.

Les digo a todos de un bando u otro, por favor, se los suplico, dejen el maltrato, la prepotencia y la soberbia:
¡Queremos ver a Jesús! 

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En otro post haremos el análisis de los versículos que se usan como justificación para juzgar, especialmente la "sana doctrina", donde aparentemente se estaría "autorizando" el juzgar. Este post es ya demasiado largo.

2 comentarios:

  1. Muy buen y atinado punto de vista Dr., gracias por compartirlo. Bendiciones.

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  2. Es lamentablemente típico que al ver que una persona se arrepiente y entrega su vida a Jesús, se le comience a evaluar en función de sus actos y apariencia... el juzgar es una actitud que contraria el cristianismo a Jesús.

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