Jesús no es un villano


Cada día leo a cristianos que hablan a nombre de Jesús, pero lo hacen con tal amargura que lo que dejan a su paso es una estela de miedo, precariedad y sensación de culpa, que Cristo se aparece en la mente de muchas personas como un látigo perseguidor, antes que lo que realmente es: La mayor esperanza para la humanidad.

Si fuera por los sermones que se escuchan y por las expresiones de algunos que honestamente buscan un reavivamiento y una reforma, Jesús aún no suelta el látigo y nos está castigando diariamente, sin entender, que la única vez que Cristo usó una cuerda fue para desechar a quienes habían construido una religión de culpas y promesas manipuladoras.

Si lo único que tuviera para saber de Jesús fueran los sermones de algunos predicadores que usan el púlpito como un lugar donde desarrollan y proyectan sus propias frustraciones existenciales, entonces, saldría huyendo de ese Cristo que presentan: Vengativo, lleno de odio, ira y venganza. Un Jesús tan caprichoso que si no escucha la “música” que él quiere, me desprecia y me desecha. Que si no me ve con la ropa adecuada me maltrata. Que si me ve luchando contra las tendencias que me hacen desear algunas prácticas destructivas, me castiga. ¡Por favor! ¡Se los ruego! Dejen que Jesús asome su verdadero rostro.

Los justicieros de Jesús organizaron en el pasado cruzadas de venganza, donde mataron, violaron y mutilaron a nombre de Cristo. Esos justicieros no son del pasado, sólo que hoy son más sutiles porque matan la esperanza, violan las conciencias y mutilan el evangelio presentando distorsiones tales que hacen de Jesús una caricatura al servicio de sus propios desvíos.

Si le creyera a quienes buscan adorar a Jesús de la “manera correcta”, Cristo es un megalómano lleno de auto adoración egoísta, que si no escucha una melodía o un ritmo a su gusto de sus ojos salen llamaradas de ira que destruye todo a su paso.

Si le creyera a quienes creen que Cristo hace “acepción de personas” y pone a varones en lugares de privilegio y a las mujeres las condena a ser segundonas, porque en la lotería de la vida nacieron con el gen equivocado, entonces, Jesús por lo menos es un misógino, machista, sexista y androcentrista de la más pura cepa.

Cristo está tan escondido en tradiciones humanas que finalmente se ha convertido en una caricatura. En su nombre se maltrata, moteja, persigue, destruye, descalifica, irrespeta, y se destruyen vidas y reputaciones. Jesús parece ser un capo mafioso dispuesto a destruir a cualquiera que se le cruce en su camino.

Los que creen en este Jesús villano y justiciero, juzgan y critican, maltratan y motejan, difaman e injurian, y lo hacen creyendo que están haciendo la mejor obra del mundo. Se convierten en la conciencia de la humanidad, diciéndoles a los demás lo que deben creer y vivir, como si ellos fueran el único filtro que usa Jesús para purificar el mundo.

Me da alegría saber que ese Jesús es un invento del maligno. Una desfiguración del verdadero carácter del maestro.

Jesús camina junto a mí por los polvorientos caminos de este mundo, siempre sonriente, dispuesto a tenderme la mano y nunca buscando alguna culpa con la que cargar sobre mis hombros cansados.

Jesús me tiende la mano para que no me hunda en mi propia presunción. Nunca me deja a la deriva en medio de un mar de conflictos y contradicciones, está allí, a mi lado, para decirme: No dejes de mirarme y no te hundirás más.

Jesús se inclina y escribe en tierra, mientras mis acusadores me rodean llenos de odio y venganza. Cuando estoy solo, me dice, “vete, ni aún yo te condeno”. Quienes aún lo le creen agregaron en algún momento de la historia “no peques más”, porque no saben que Jesús es la gracia, no la medida.

Jesús cuelga en la cruz. Yo no se lo he pedido. Está allí por su propia decisión. Ha venido a darme su mayor prueba de amor. Se encarnó para vivir lo que yo nunca podré vivir, una vida sin pecado. Murió cuando yo aún no sabía que había nacido en un mundo tan lleno de dolor.

Jesús ha resucitado, para resucitar mi vida, para traerme vida a mi existencia triste, cansada y desfalleciente.

Jesús intercede, lo hace por amor, no busca que yo lo entienda, ni siquiera que cambie, sólo que confíe en su amor, porque él sabe muy bien, que sólo el amor es bálsamo que cura y la sutura que cierra todas las heridas.

Jesús vela mis sueños y nunca, por ninguna razón, me condena. Simplemente, está allí para abrazarme cuando me equivoco y recordarme que su Gracia es más poderosa que cualquier error que cometa.

¿Quieres conocer a Jesús? Apaga la tele, no escuches más sermones de desesperanza, no leas a los inquisidores. Abre la Biblia y lee sus palabras que dicen:

“—No tengan miedo ´[…] les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:10, 20).



Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez, 2013

2 comentarios:

  1. gRACIAS!!!BELLISIMO Y TAN CIERTO!

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  2. Muy inspirador, Pastor, como todos sus artículos.

    Me quedo con la duda acerca del versículo donde Jesús dice "Ni yo te condeno": esta es la segunda ocasión en que le he leído mencionar que las palabras "vete, y no peques más" fueron añadidas, o al menos esa ha sido mi percepción. Me interesa conocer más. ¿Podría explicar un poco más ese versículo, por favor?

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