¿Le han preguntado a las esposas?



Hace años, cuando trabajaba en mi tesis de Maestría en Teología, titulada "La relación del varón y la mujer en Génesis 1 y 2. Prolegómenos para una antropología bíblica", que luego se convertiría en el libro "Amor sin fronteras: La relación varón y mujer en Génesis 1 y 2", me entrevisté con mi buena amiga Nancy Vyhmeister, que en ese momento era la editora de la revista Andrews University Seminary Studies. Estuvimos unas tres horas conversando. Le había solicitado la entrevista para analizar algunos aspectos de mi tesis, porque quería una opinión fundada y porque además, me interesaban algunos puntos de vista que sabía ella tenía.

En algún momento derivamos en el tema de la ordenación de la mujer, porque ella estaba en ese momento buscando la forma de que se tradujera al español el libro "Mujer y ministerio" que había publicado Andrews University Press. Le mencioné a dos autores que había criticado en mi tesis, a saber C. Raymond Holmes y Samuelle Bacchiochi, por considerarlos chauvinistas y misógenos en su forma de exponer el tema a lo cual ella reaccionó diciendo:

-Me gustaría que alguien hubiese entrevistado a las esposas de estos dos varones. Una de ellas fue mi secretaria por muchos años, así que a mi no me cuentan cuentos.

En estos días he venido pensando en el lado B de toda esta discusión sobre la ordenación de la mujer y el rol subsidiario que algunos pretenden para las mujeres.

¿Le han preguntado a las esposas de quienes sostienen posiciones tan extremas en relación al lugar de subyugación que le correspondería, supuestamente por diseño divino, a las mujeres? Podemos hacer extensivo esta misma pregunta a hermanas, hijas o madres de quienes sostienen como si nada, que Dios en un acto de discriminación e injusticia, que me parece aberrante, creó un sexo superior y un sexo inferior. ¡Qué fácil decirlo cuando se es varón!

Llegué a este tema no por estar particularmente interesado en la ordenación de la mujer, sino, tal como lo he contado en alguno de mis libros, preocupado por el uso y abuso de la Biblia para justificar la violencia doméstica, el maltrato psicológico y la violencia simbólica. Con el tiempo me di cuenta que el asunto es mucho más dramático.

Violencia simbólica y violencia de hecho

Muchas veces he contado que me inicié en el tema de la violencia hacia la mujer y en el estudio de temas de género cuando nació mi hija, eso fue hace 29 años.

La primera pregunta que me hice fue: ¿Qué oportunidades tendría mi hija en su vida? Luego me pregunté: ¿Qué ideas tengo que podrían afectar o dañar el desarrollo de mi hija? ¿Qué ideas podrían generar un clima de desarrollo adecuado para ella?

Con estas preguntas en mente comencé un trabajo sistemático de análisis y reflexión sobre las ideas que tenía sobre la mujer en particular, y el ser humano en general. Siempre me ha interesado la antropología, así que al comienzo ese fue el enfoque. Poco a poco me fui dando cuenta de las ideas chauvinistas, machistas y misóginas que albergaba en mi mente y que no me había percatado.

Luego, un par de años después surgió una situación que me obligó a hacer un replanteo aún más profundo y encaminar mi vida por una senda que no había pensado. Una amiga vino un día a casa y llorando nos confesó el drama familiar que tenía. Su esposo la maltrataba física y psicológicamente, y ella no sabía que hacer. Fue nuestro primer caso, de los miles que hemos atendido en estos años. Como no tenía la más mínima idea de qué hacer, empecé a buscar ayuda. En ese momento trabajaba en la Universidad Adventista de Chile, así que me fui al municipio, porque me había enterado que allí existía un equipo que trabajaba con violencia doméstica, en un momento en que en Chile no existía una ley sobre el tema, ni siquiera había tribunales de familia, así que el trabajo que hacían era pionero. Recuerdo la primera entrevista que tuve con la asistente social que me preguntó a secas qué es lo que estaba buscando. Le dije:

-Soy pastor adventista, hay una persona que nos ha confesado que su esposo la maltrata y no sé qué hacer. Vengo a pedir ayuda.

Ella se puso a reír, cosa que me molestó, pero luego aclaró su reacción y me dijo:

-Por años he intentado que vengan religiosos a trabajar con nosotros, todos los días recibimos mujeres de todas las confesiones religiosas, incluso de la suya y nunca algún dirigente religioso ha venido, usted es el primero.

A instancias de ella me integré a un grupo de trabajo con el que estuve durante cuatro años. Me llamaban amistosamente "el cura sin sotana". Esa fue mi primera escuela sobre el tema. Poco a poco me di cuenta de la relación que existe entre las convicciones chauvinistas, misóginas y machistas y la violencia simbólica y física.

Luego vendrían cientos de lecturas, miles de páginas que me fueron mostrando la cruda realidad. La atención de muchas mujeres en condición de subyugación y dependencia, que padecían la violencia en todas sus formas. Poco a poco fui escribiendo del tema hasta llegar a tres libros que he escrito sobre violencia y al cuarto en el que trabajo hace varios años: "Heridas que no sangran, el problema de la violencia psicológica".

En todos estos años hemos atendido a muy pocas mujeres no cristianas. La mayoría de quienes han venido a la consulta son mujeres pertenecientes a congregaciones cristianas. El problema, en las iglesias se maquilla, se oculta, se encajona y no se lo trata abiertamente.

La punta del iceberg

Tengo la convicción fundada que la oposición a que la mujer ocupe puestos de liderazgo, o asuma roles considerados privativos del varón, es apenas la punta del iceberg. Muchos varones estarían contentos con sólo recluir a las mujeres en la cocina, en la cama o en la guardería infantil. De hecho, muchas mujeres dañadas por esta visión sesgada de la realidad, consideran que esa es su única función. Muchas creen que el culto a la maternidad (una creación machista por cierto), las pone sólo como madres y con su única responsabilidad de criar hijos, sin entender que esa función no es privativa de la mujer, sino de la pareja, del varón y de la mujer, interactuando juntos a favor de los hijos, otro gran tema, que alguna vez trataremos.

Toda esta reacción visceral a darle a la mujer un lugar que por creación le corresponde es sólo una justificación para seguir manteniendo la violencia simbólica como el patrón del actuar varonil desconectado con el plan divino que no hace acepción de personas y que no concede dones por género.

Cada vez que un varón sostiene que el lugar de la mujer es la crianza de hijos, exclusivamente, la agrede y la desvaloriza. Los hijos son tarea de varones y mujeres, no sólo de varones. Desplazar a los varones en la crianza de los hijos es tan dañino como la ausencia de una madre.

Cada vez que un varón pregona a los cuatro viento que Dios decidió que la mujer fuera subsidiaria, y con eso, altera el mensaje del evangelio y de la Biblia, lo que hace es violentar a la mujer, aunque lo haga con palabras de buena crianza y expresiones almibaradas.

Cada vez que se señala que la mujer no puede ocupar un lugar similar al del varón en el liderazgo eclesial, lo que hace es alterar la Biblia y violentar a la mujer. Es ofensivo pensar que Dios creó seres de primera y segunda categoría. Además se desconoce con esto cuánto se le debe a la tradición el defender la ordenación del varón sin entender que no es un tema bíblico, sino histórico. La ordenación no nació en una práctica bíblica, sino en la tradición sacerdotal medieval, cuestión que muchos ni siquiera tratan y lo eluden por conveniencia.

Cada vez que un varón señala que hay roles diferentes para mujeres y varones, lo que hace es alterar la teología de los dones. Dios no asignó dones a varones y dones a mujeres, Dios dio dones a la iglesia, y uno de ellos es el pastorado. En ninguna lista de dones que presenta la Biblia de pluma de Pablo y Pedro, se hace categorización de dones (es decir dones más importantes que otros) y no se diferencia dones por género (es decir, dones para varones o mujeres).

Cada vez que un varón sostiene que él es la cabeza de la mujer y que ésta debe obedecerlo sin chistar, sólo porque él es varón y ella mujer, tuerce la Escritura y maltrata a la mujer. Cristo es la cabeza que estuvo dispuesto a sacrificarse por la iglesia, el mismo deber le corresponde a los varones y se lo dijo Pablo a los más chauvinistas de su tiempo, los griegos. Ser cabeza, en este contexto, no tiene que ver con ordenar, sino con sacrificarse, algo muy distinto a lo que se sostiene.

Cada vez que se enseña que preocuparse de estos temas es caer en el feminismo, es otra forma de agresión, esta vez por ignorancia. El feminismo es la otra cara del machismo, ambos extremos que nada tienen que ver con el plan de Dios. Defender el principio de la mutualidad, de la igualdad de derechos, de la creación a imagen de Dios que no concede jerarquía, no es feminismo, sino justicia. Afirmar lo contrario, es simple y llanamente ignorancia.

Cada vez que una mujer o un varón, sostienen que dedicar tiempo a estos temas es simplemente reiterativo o majadero, lo que se hace, nuevamente, es maltratar al género femenino, porque se da lugar a que las ideas chauvinistas, misóginas y sexistas tomen el lugar que le correspondería al respeto mutuo y la aceptación de que Dios no hace acepción de personas.

Conclusión

El otro día alguien me dijo abiertamente que yo soy un "jesuita infiltrado" y que represento un peligro para la iglesia por sostener lo que sostengo.

Para empezar, las teorías conspirativas son propias de mentes enfermas, no entraré en ese plano, aunque me interesa saber qué es eso de "jesuita infiltrado", porque me suena interesante que gente inteligente (aparentemente) sostenga dichas ideas, en general, sin fundamento ni pruebas.

Lo peligroso no es la exposición honesta y con fundamento de las ideas, sino la agresión a quien tenga ideas distintas. Eso ha sido a través de toda la historia humana, la forma preferida de actuar de quienes tienen espíritu inquisidor y tiránico. Destruir al mensajero para que no se escuche su mensaje.

El peligro es seguir sosteniendo ideas trasnochadas, para intentar lograr el mismo objetivo, seguir subyugando y manteniendo a más de la mitad de la población mundial bajo la suposición de que un sexo es superior a otro.

Me indigna que la Biblia sea utilizada como una forma de mantener a la mujer en una posición de dependencia. Es indignante que muchos no vean a Jesús, el mayor revolucionario de la historia, haciendo una revolución silenciosa al poner de hecho, en la práctica cotidiana a la mujer, en un lugar que su cultura no enseñaba. De hecho, ha sido el cristianismo a través de toda la historia la que ha dado más libertad a la mujer, sin embargo, ha sido la lucha de siglos de varones que no aceptan dicha libertad, el querer por medio de argumentos torcidos el mantener a la mujer en un lugar de subyugación.

Vuelvo a la pregunta inicial: ¿Alguien le ha preguntado a las esposas, hijas, madres, hermanas o mujeres con las que interactúan, sobre cómo son en realidad los que sostienen ideas de supremacía varonil sobre las mujeres? Tal vez si entrevistáramos a dichas mujeres, que generalmente están silenciosas, descubriríamos otra faceta en toda esta discusión, el cómo se utilizan diferentes plataformas argumentativas, sólo con un único fin, mantener a la mujer subyugada. Muchos, simplemente, no aceptan que Jesús nos liberó de todo yugo, y eso incluye el yugo del machismo y del sexismo.

Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez, 2013.


2 comentarios:

  1. No solo que a pocos importa escuchar a las mujeres y su opinión al respecto, sino que, de hacerlo y publicarlo, pocos serían los que se atreverían a profundizar en tales revelaciones. La "discriminación positiva de la mujer" implica "darle algo importante o en un cierto porcentaje de espacio público" a fin de " mantenerla sosegada en sus pretensiones, sin demasiada repercusión mediática". Por motivo, los que menos querrían saber qué sienten, piensan o dicen son muchos maridos, (muchos de ellos ), que temen que esto se sepa, ya que los dejaría vergonzozamente en evidencia.

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  2. Feliz de leer esto, preocupado de que tan pocos lo hagan.

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