El elogio de la persecución


Jesús fue acusado de sedicioso, blasfemo, apóstata, idólatra, seguidor de Beelzebú, conspirador, alterador del orden público, destructor de los valores tradicionales, malversador de la Escritura, y un sin fin de epítetos insultantes que fueron escondidos entre palabras de buena crianza y eufemismos de religiosos que creían estar por sobre la verdad y la honestidad de un mensaje pristino y limpio de política e intereses de poder.

¿Qué hizo Jesús que ocasionó tal reacción de los religiosos de su tiempo? Simplemente, defender al que no tenía voz, ser la lengua de los despreciados, los marginados, los hundidos en la tradición de la condena y la exclusión ideológica.

Trajo alegría y paz a las mujeres que habían estado aplastadas por un sistema que las consideraba apéndice masculino sin valor en sí mismas. Les enseñó a creer en sí mismas y les presentó la luz al final del túnel.

Alivió el sufrimiento de los enfermos que eran despreciados y humillados por el orgullo de quienes consideraban que la enfermedad era castigo de Dios.

Puso fin a siglos de dolor de los pobres que además de su pobreza, eran engañados haciéndoles creer que su pobreza era una maldición de Dios que no los consideraba aptos para ser prósperos y ricos.

Recuperó la humanidad secuestrada por religiosos que se habían arrogado a sí mismos el derecho de discriminar y excluir a quienes no participaban de sus prejuicios.

Cristo vino a liberar. Su mensaje fue liberador. Los esclavistas de todos los siglos siempre se han manifestado en contra de los defensores de la libertad. No fue extraño que a Jesús lo persiguieran.

Por algún tiempo creí que los insultos de quienes maltrataban a Jesús eran una forma burda de intentar acallar la voz de Cristo. Ahora entiendo, que eran simplemente una forma de elogio, no sabían cómo reaccionar a algo que sabían que estaba bien, pero venía a destruir todo aquello que habían construido y la vanidad se alza tan alto que reconocer que no se tiene fuerza moral para defender lo indefendible, al final lo único que logra es dejar inerme y de allí el insulto, simplemente, se convierte en una forma vulgar de gritar ante lo que no se puede detener.

La persecución a Cristo fue sólo el colorario de una vida que no podía ser negada. Los libres atestiguan sobre el poder de la libertad. Los esclavistas aún siguen gritando y aullando por el temor que les produce la rebelión de los esclavos.

Toda mujer que se libra de la esclavitud del machismo, del sexismo y de la discriminación, es simplemente, una estocada a los esclavistas que no saben cómo reaccionar más que con la persecución.

Benditos entonces los perseguidos, ciertamente una señal ineludible de que van por buen camino. La libertad está cerca por eso los esclavistas aumentan sus aullidos estentóreos.

Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez

0 comentarios:

Publicar un comentario

Tus comentarios son importantes, opina por favor