La cultura de la condena


He estado involucrado en al menos tres conversaciones un tanto tensas y álgidas por el tenor de lo dicho.
* En un círculo de pastores, uno de los cuatro a los que pertenezco, se produjo una larga y penosa disputa en relación a "limpiar la iglesia", expresión que cada vez me parece más triste y penosa, no sólo por lo que implica en su sentido, sino lo que significa en la actitud que genera en quienes se sienten con derecho a "limpiar" su pedazo de cielo eclesiástico construido a base de autoengaños y simulaciones, porque todos, absolutamente todos, somos deficitarios, pecadores e injustos.
* Alguien me preguntaba el otro día si me había enterado sobre la "caída" de un líder a quién sigo respetando y amando. Me dio mucha tristeza, no sólo la pregunta, sino entender que el morbo siempre puede más que el bien. Fui cortante en decir que no sabía nada y que tampoco me interesaba. Sin embargo, le escribí una carta a la persona de la que hablaban y le dije que no me interesaba qué es lo que había hecho, si es que había hecho algo, que podía contar con mi amistad fraterna y que juntos podíamos refugiarnos en el abrazo perdonador de Jesús. Él me contestó contándome que estaba bien, que no había sido fácil vivir con las habladurías de muchos y que si, había cometido un error, pero por la gracia de Dios, el apoyo de su familia y de amigos estaba saliendo adelante, y aún seguía dirigiendo una iglesia y puesta la mira en Jesucristo.
* Me he prometido no opinar en las redes sociales, sólo dedicarme a escribir, y dejar que lo escrito abra la mente de las personas, pero a veces, es tal la impotencia de leer algunas declaraciones tan llenas de suficiencia propia y condena que no me he resistido a reaccionar, luego me he arrepentido con tristeza, y más al saber que la persona a la cual le escribí está llena de condena y suficiencia propia, en un momento me dijo: "Tal vez te abrace si te salvas", es decir, esa persona está segura de su salvación, pero no duda en condenar y reservarse el derecho de abrazar al pecador con el cual está interactuando, lo que no es más que una forma burda de orgullo religioso lleno de vanidad, y presunción. Fariseísmo en su más pura expresión de suficiencia, orgullo y vanidad.

¿Qué nos está pasando?

El fundamentalismo religioso se está convirtiendo en el nuevo terrorismo del siglo XXI. Los que creen tener una razón religiosa suficientemente certera, no dudan en defender su posición a capa y espada. Es lo que está haciendo en Siria el grupo Isis, asesinando a quien ose oponérseles, con crímenes tan horrendos que ni aún los nazis se atrevieron a efectuar con esa saña.

Pero, no sólo ellos, grupos cristianos fundamentalistas están actuando de formas similares, algunos no tomando las armas, aunque si lo han hecho grupos anti abortistas en EE.UU., por ejemplo, pero, la agresividad verbal de los cristianos que defienden posturas religiosas está alcanzando niveles pavorosos, es como si se hubiera resucitado la antigua inquisición con su plétora de condenas y maldiciones a todos aquellos que se apartaran un poco de la ortodoxia.

Si las palabras fueran armas con la misma efectividad que una pistola o un cuchillo, miles de personas estarían muertos con las afiladas lenguas de cristianos que no dudan en condenar, maltratar, motejar, acusar, maldecir, y excluir a todo aquel que no comparta sus criterios religiosos. El insulto se ha convertido en la forma más "piadosa" de tratar a quienes no comparten los mismos criterios religiosos. Triste muestra de la distorsión a la que está llegando la religión contemporánea más interesada en ganar disputas doctrinales que en cumplir una misión de amor, caridad, bondad y abnegación.


Las raíces puritanas del fundamentalismo

Los puritanos, que se hacían llamar así, porque se consideraban más puros que aquellos que no compartían sus criterios, solían ser especialmente crueles con los que cometían pecados que podían evidenciar y probar.

Por ejemplo, las personas que cometía algún pecado considerado grave, eran excluidas de las comunidades puritanas, obligadas a vivir el resto de sus vidas apartadas de los pueblos de puritanos, y debían portar el resto de sus vidas una letra escarlata sobre sus ropas que evidenciaba su pecado. No había posibilidad de redención. El estigma los acompañaba el resto de sus vidas. Muchos, en esas condiciones llevaron a cientos de personas a alejarse de las comunidades puritanas y a abandonar la fe en Jesucristo o a maldecir la religión cristiana. Esto se ve reflejada en la novela de Nathaniel Hawthorne, publicada en 1850, La letra escarlata y llevada al cine en dos ocasiones (1926, 1997).

Las comunidades cuaqueras y amish, tenían prácticas similares. La diferencia es que los puritanos, en algunos casos, no dudaban en asesinar a quienes se consideraba pecadores sin remedio, tal es el caso de las llamadas Brujas de Salem, aunque también había varones, 25 personas finalmente fueron asesinados por considerar que no tenían redención posible.


¿Qué caracteriza e implica el espíritu puritano?


* La actitud de condena a quienes se equivocan en faltas que pueden ser evidenciadas.
* La exclusión de la comunidad de quienes son encontrados culpables.
* La condena de quienes son encontrados culpables, con prohibición que la comunidad se contacte con ellos.
* Ser tratados el resto de sus vidas como pecadores, marcados por su falta.
* Actitud de superioridad moral de quienes condenan, señalan o acusan.
* Categorización de pecados, como si algunas faltas fueran superiores a otras.
* Autoengaño al no reconocer las faltas propias o la condición pecadora.
* Creación de un grupo elitista que se considera superior moralmente a otros (una especie de fariseísmo encubierto).


¿Qué efectos tiene la actitud puritana?


* Desanimo en las personas que son condenadas y excluidas.
* Una distorsión del evangelio.
* Olvido de la misión redentora de la comunidad cristiana.
* Maltrato de hecho hacia quienes son condenados.
* Pérdida de la comunidad.
* Ensañamiento contra quienes cometen faltas, con una actitud de superioridad moral.
* Descuido de la misión evangelizadora.
* Formación de grupos religiosos separados y elitistas.


Supuestas bases bíblicas para la condena


El puritanismo religioso, que está presente en muchos grupos, utiliza en general, ideas fuera de contexto y el texto prueba para recurrir a su práctica de condena y exclusión. Algunos de esos textos utilizados son:


Mateo 18:15-17

Jesús ilustra los pasos de la exhortación, del llamado a la renovación de las relaciones interpersonales, y de los procedimientos de la restauración. Esto se desarrolla en varias fases:

a. Hablar en privado con quien me ha ofendido (es personal, no grupal). El propósito es ganar al hermano.

b. El paso siguiente, en caso de no reaccionar a la exhortación es llevar dos o tres testigos, para que conste el esfuerzo de la reconciliación.

c. El tercer paso es el más complejo. Jesús habla de "iglesia", la palabra "eklesia", sin embargo, en el momento en que Jesús expresa estas palabras no hay iglesia, congregaciones y menos denominaciones, por lo que Cristo no está hablando de lo que después se entendió por "iglesia". Está usando la palabra en el sentido original que aludía a la comunidad de pares y esa comunidad variaba dependiendo de quien fuera o del lugar donde se hubiera efectuado la falta. La familia podía ser mi eklesia, o mi barrio, o mi grupo de amigos, o el grupo de compañeros de trabajo. Las posibilidades son muchas. Por lo tanto, está aludiendo a que el grupo de quienes están en contacto directo con la persona intenten llamarlo a la reconciliación y el reconocimiento de la falta, todo con el fin de ganarlo como hermano.

d. El cuarto paso es el menos comprendido. Jesús señala que si no hace caso a su grupo de pares, entonces, lo tengamos por "pecador" o "recolector de impuestos", que en la jerga del tiempo de Cristo, señalaba a las personas que se consideraba como los bajos en la escala social de pecadores. La expresión "pecador", aludía a tres categorías de personas al menos, enfermos, gentiles o quienes cometían los peores pecados para la mentalidad judía.

Sin embargo, ese paso no implica exclusión, sino un trato similar al que Jesús ejemplifica, de hecho, a las personas que trató con más amabilidad, cortesía, amor y consideración fue precisamente a esas personas, despreciadas en su tiempo.

En el versículo 20 les recuerda que en todo este proceso de reconciliación, Dios estará presente, aunque sólo sean dos o tres los que participan.

Pedro, quedó estupefacto por las implicaciones de lo que Jesús decía, porque entendió claramente que significaba no condenar sino recibir, así que hace la pregunta obvia que rondaba en ese momento en la mente de todos:
"–Señor, ¿cuántas veces he de perdonar a mi hermano, si me ofende? ¿Hasta siete?  Jesús le contestó:–No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete" (Mateo 18:21-22).
Es el broche de oro, en esas palabras Cristo está expresando que no hay lugar para cansarse de perdonar y recibir al ofensor. Eso no tiene nada que ver con la moral puritana tan común entre muchos cristianos que se sienten superiores moralmente, frente a los pecados ajenos, y no dudan en acusar, condenar, excluir y dar la espalda, al que precisamente más lo necesita.


Juan 7:24

Otro texto favorito de quienes se atreven a juzgar y condenar la conducta ajena son palabras de Jesús nuevamente, pero sin considerar el contexto. Cristo dice:

“No juzguen por las apariencias, sino juzguen lo que es justo” (Juan 7:24)
Jesús ha dicho claramente que no debemos juzgar (Mateo 7:1-2; Lucas 6:37) y Pablo repite la misma idea en un tono aún más fuerte (Romanos 2:1). Es de una claridad meridiana, no debemos juzgar.
Pero, hay quienes utilizando el texto de Juan 7:24 dicen, “no, Jesús enseñó que debemos juzgar con juicio justo”. Es decir, da la impresión de que Cristo se estaría desdiciendo de sus palabras y habría autorizado a juzgar a los demás con precaución, lo que sería “juicio justo”.

Lo que estas personas no hacen es leer el contexto. Cristo está reprendiendo a quienes no entienden lo que él hace. En primer lugar, tiene que lidiar con sus hermanos que no creen en él (Juan 7:3-5), ellos insisten en que Jesús se “muestre” y él señala que aún no es su hora. Luego Cristo participa en secreto de la fiesta de las cabañas.

A mitad de semana Jesús va al templo a enseñar y eso provoca la admiración de quienes lo escuchan, pero también su rechazo y mofa. Cristo intenta razonar con ellos y los reprende diciendo “no juzguen por las apariencias, juzguen con juicio justo”, en otras palabras, piensen antes de hablar, examinen las evidencias, reflexionen en sus palabras porque pueden no estar diciendo lo correcto. Nada tiene que ver el uso de ese texto con que nos alcemos para juzgar, la amonestación de Cristo de no juzgar sigue estando vigente y éste texto no sirve para tirar por tierra las palabras de Jesús. Decir que Cristo está autorizando a “juzgar” con juicio justo es simplemente no leer la Escritura.


Romanos 16:17

El otro versículo favorito y que era repetido por los puritanos y es repetido por quienes tiene la misma mentalidad, es la de alejarse de quienes están en una doctrina errada.

“Tengan cuidado con esa gente que va provocando divisiones y dificultades, saliéndose de la doctrina que han aprendido. Aléjense de ellos” (Romanos 16:17)
Todo texto tiene un contexto y cuando eso se desconoce, entonces, la Biblia puede servir para justificar cualquier cosa.

En el caso del texto de Romanos 16:17, ha sido utilizado profusamente por personas que animan a algunos a apartarse de quienes “no tienen una sana doctrina”, eso implica creer que se está en la verdad y los demás equivocados, lo que sin duda es subjetivo.

El problema de ese uso es que no se entiende por qué Pablo escribió dichas palabras y las razones que tuvo para hacerlo. Un consejo particular se le ha asignado un valor universal. 

Pablo, el apóstol de la predicación, según quienes mal usan este texto, advierte sobre la necesidad de alejarse de personas que tienen doctrinas erróneas, si eso fuera así, ¿entonces? ¿Cómo podría enseñarse a quienes están equivocados? ¿Cómo evangelizarlos?

La congregación de Roma, formada por un grupo heterogéneo de personas, eran nuevos en la fe. Pablo nunca los ha visitado. Él tiene temor de que su fe insipiente sea dañada por individuos que no son cristianos y tienen intenciones malévolas con dicho grupo. Su consejo es de prevención, no de alejamiento absoluto, por lo tanto el uso que se le da no tiene nada que ver con los propósitos de Pablo. 


2 Tesalonisenses 3:6

Otro texto favorito es el llamado a apartarse de quien no quiere trabajar.
“Hermanos, en  nombre de nuestro Señor  Jesucristo os mandamos  que os apartéis del  hermano que no quiera  trabajar y no se porte de  acuerdo con las  enseñanzas que habéis  recibido de nosotros” (2 Tesalonisenses 3:6)
¿De qué está hablando Pablo en este texto? Algunos han interpretado que hay que apartarse de quienes “no trabajan” en la obra de Dios y que no siguen las enseñanzas de la iglesia.

El problema es que eso no dice el contexto. Pablo está refiriéndose a personas perezosas y que literalmente no quieren trabajar, y se aprovechan, en este caso de la comunidad de Tesalónica para recibir la ayuda que la iglesia otorga a viudas, huérfanos y necesitados.

La enseñanza a la que alude Pablo en el versículo no son doctrinas ni nada por el estilo, sino el ejemplo que él y sus compañeros de predicación han dado, por esa razón agrega a continuación: “Bien sabéis lo que  debéis hacer para seguir  nuestro ejemplo. No  vivimos entre vosotros  sin trabajar, ni  comimos gratis el pan de  nadie, sino que, con  sudor y fatiga,  trabajamos de noche y de  día para no resultar  gravosos a ninguno de  vosotros; y no porque  no tuviéramos derecho,  sino porque queríamos  daros un ejemplo que  imitar” (7-8).

Por lo tanto, el asunto es puntual y no universal, y expresa una idea en relación a quienes se aprovechan de la bondad de los hermanos de la iglesia. En ese contexto, tiene sentido, sacarlo de esa idea es hacerle decir a Pablo algo que él no expresa. 


2 Timoteo 3:5

El texto de la "apariencia de religiosidad"...
“Los cuales tienen una  apariencia de  religiosidad, pero en  realidad están lejos de  ella. Apártate de ellos” (2 Timoteo 3:5)
Basta sólo una lectura a los textos precedentes para entender que el apóstol está dando, en primer lugar, un consejo local que muchos han convertido en universal, y en segundo término, previniendo sobre el contexto socio-cultural que habría “al fin del tiempo”, una frase difícil de entender, porque sabiendo que Pablo esperaba la segunda venida de Cristo para sus días, lo más probable es que esté pensando en un corto periodo de tiempo, de su época, no de dos mil años después.

¿De quién apartarse? Pues la descripción que da Pablo es clara, de individuos que a todas luces muestran desdén por el cristianismo y muestran una religiosidad falsa, porque sus actos los delatan. Son, según la opinión de Pablo, individuos “egoístas, amigos del dinero,  altivos, orgullosos, blasfemos, rebeldes con los padres, ingratos, injustos, desnaturalizados, desleales, calumniadores, desenfrenados, inhumanos, enemigos de todo lo  bueno, traidores,  temerarios, obcecados,  más amigos de los  placeres que de Dios” (2-4), luego agrega, “se  introducen en las casas y  cautivan a mujerzuelas  cargadas de pecados; que  se dejan llevar de toda  clase de concupiscencias, que siempre están  aprendiendo sin poder  llegar jamás al  conocimiento de la  verdad” (6-7). A esas personas evita, ¿usted las evitaría? Yo al menos si, sin duda. Utilizar el versículo 5 y aplicarlo a cristianos comprometidos, simplemente porque opinan diferente de mi, es por decir lo menos, una forma burda de usar la Biblia.


1 Corintios 5:12

Otro clásico es el que hace diferencias entre los de afuera y los de adentro.
“A  mí no me corresponde  juzgar a los de fuera. Pero a vosotros sí os  corresponde juzgar a los  de dentro”  (1 Corintios 5:12)
Quienes usan el “texto prueba” creen que cada palabra de la Biblia contiene un mensaje, desconectado del contexto en el que fue escrito. Por esa línea de pensamiento, abundan las contradicciones y la utilización de preconceptos e ideas preconcebidas para “analizar” la Biblia. En realidad, quienes obran así encuentran en la Escritura sólo lo que sus pensamientos previos les permite ver. Desconocer el contexto es arriesgarse a hacer decir a la Biblia lo que no dice.

La carta a la comunidad cristiana de Corinto, la ciudad con mayor depravación de tiempos de Pablo, sufría por algunos que pretendían ser cristianos sin dejar el estilo de vida depravado que mantenían. En el mundo antiguo existía una palabra para referirse a las desviaciones sexuales, y éste era “corintiar”, porque evidentemente, aún los no cristianos se daban cuenta del desenfreno que había en ese lugar.
Pablo es específico, habla de una carta que no nos ha llegado, donde les dice evitar a personas con conductas depravadas, pero sólo a quienes “presumen” de ser cristianos, pero en realidad son “lujuriosos, avaros, idólatras, calumniadores, borrachos o ladrones” y agrega su frase más usada por “apologetas”, “con  éstos, ni comer” (ver. 11). Es evidente que está reaccionado a un tipo de persona que tiene una religiosidad falsa y está queriendo que la congregación no se contamine con dichas prácticas. En ese sentido, es un “juzgar” en base a evidencias de conductas. Utilizar este texto para quienes son cristianos sin dichas prácticas, sólo es falsear el pensamiento paulino.


1 Corintios 5:1-6

Es probablemente el versículo más fuerte y en el que se basan muchos grupos cristianos para realizar expulsiones de sus congregaciones. Un caso de inmoralidad en la ciudad de Corinto entre uno de los miembros de la iglesia. Pablo dice claramente en el versículo 2 que aquella persona sea expulsada de entre ellos. Hasta allí no hay mucho que decir. Incluso en el versículo 6 pone el ejemplo de la levadura y el leudar la masa.

Sin embargo, el consejo no acaba allí. En la siguiente carta, Pablo actúa de una manera más conciliadora. De hecho, pide perdón por la dureza con la que ha actuado en la primera misiva. En 2 Corintios 2:5-11, Pablo sostiene un consejo reparador, primero les dice "es suficiente" (v. 6) y agrega:
Lo que ahora debéis hacer es perdonarle y ayudarle, no sea que tanta tristeza le lleve a la desesperación. Por eso os ruego que nuevamente le demostréis el amor que le profesáis (v. 7-8).
En otras palabras, los insta a la reparación, la restauración y el buscar que la persona que se ha equivocado sea incluido en la comunidad. Es lamentable que muchos sólo lean 1 Corintios y no entiendan el mensaje rectificador de Pablo en su segunda carta.


El mandato de Jesús

“No juzguen a nadie, para que nadie los juzgue a ustedes” (Mateo 7:1)
Jesús fue meridianamente claro, “no juzguen” y agrego “a nadie”. No logro entender qué parte de la frase no entienden algunos cristianos. Me resulta un enigma la actitud de quienes leyendo a Cristo hacen exactamente lo contrario de sus indicaciones.

Quien juzga emite un veredicto y cuando lo hace se pone en un sitial superior, pues desde allí está decidiendo la condición de otra persona.

Se ha instalado en el mundo cristiano contemporáneo un tipo de persona que se siente capaz de juzgar y por lo tanto, de condenar a quienes viven y actúan de manera diferente a la que ellos consideran correcta. ¿Qué parte del evangelio desconocen para hacer eso? Simplemente, para empezar, a Cristo mismo quien dijo: Yo “no juzgo a nadie” (Juan 8:15). Hablemos claro, Jesús no juzgó a nadie, pero muchos de los que se dicen sus seguidores si lo hacen, eso los convierte en individuos que, o no entienden a su Maestro o simplemente, le enmiendan la plana haciendo lo contrario de sus enseñanzas.

Por el tipo de trabajo que realizo todas las semanas me toca interactuar con personas que tienen grandes luchas, de todo tipo, que se sienten solas, abandonadas, culpables y sin salida para sus problemas. El gran enigma al que me enfrento diariamente es ¿con qué cristianos los vinculo para que no se sientan juzgados? Nunca debería alguien hacerse esa pregunta, cuestión que me causa no sólo dolor, sino una gran tristeza. ¡Cristo no juzga a nadie! ¡Bendito Dios por eso!

La misión de la iglesia

No hay duda, la iglesia tiene una misión y esta, ciertamente, no es juzgar ni condenar.

La iglesia debe convertirse en los brazos de Jesús para recibir al pecador. Su misión es redentora. Es preciso hacer todo el esfuerzo posible para restaurar y no condenar.

Miles de jóvenes se alejan de las congregaciones cristianas, no porque tengan dudas respecto a las doctrinas, sino desanimados por la actitud de los mayores, prestos a condenar y tardos para la misericordia y el amor. Listos para acusar, pero tardos para acercarse al herido y ayudarlo a sanar sus heridas.

Hace poco un amigo escribió: "Somos el único grupo que fusila a sus heridos", ¡qué frase! Es así. Una persona que se equivoca es un herido, lo menos que necesita es un espíritu inquisidor, condena y juicio. 

Un herido precisa cuidado, luego de haberlo ayudado a sanar, es hora de conversar sobre los riesgos que tuvo que lo llevaron a esa situación, no para herirlo nuevamente sino para ayudarlo a prevenir nuevos sucesos. Pero, si vuelve a fallar, nuevamente es preciso cumplir la misión redentora.... ¿Hasta cuando? Según Jesús:
Hasta setenta veces siete.
Qué distinta sería la realidad si le hiciéramos caso a Jesús.

Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez 


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