Encrucijada


Todos los seres humanos en algún momento de nuestras vidas nos encontramos frente a una encrucijada. Ese momento en que lo que decidamos marcará un antes y un después en nuestra vida. He estado muchas veces en esa situación:

-Aceptar o no un llamado.
-Ir o no ir a un determinado país.
-Dejar o no un trabajo.
-Aceptar o no una propuesta.

La vida debería ser más sencilla, venir con un manual de asistencia en el camino, pero no es así, las decisiones difíciles se toman a medida que avanzamos en el sendero de la vida, y no siempre acertamos. De hecho, en más de alguna ocasión he pensado qué habría pasado si de ir por un camino hubiera optado por otro. Es más, estoy seguro que algunas decisiones que en algún momento tomé con total convicción no fueron las más acertadas.

Frente a este cuadro tenemos dos opciones, nos pasamos la vida lamentando, o aprendemos de lo que elegimos. Yo he optado por esta segunda opción, lamentar por malas decisiones no soluciona nada, aprender de ellas, nos lleva a mirar la existencia de una forma distinta.

Ayer le preguntaba a una mujer que decidió divorciarse de su esposo alcohólico por qué esperó tanto tiempo para hacerlo dejando que el daño fuera tan grande, a lo que ella me respondió con un sincero:

-También quisiera saberlo, fue la culpa, las ideas que me metieron en la cabeza, no sé... pero no dejo de preguntármelo.

Lo cierto es que la vida es una constante encrucijada. No podemos dejar de tomar decisiones, incluso, cuando aparentemente nos abstenemos de decidir, ya estamos decidiendo, en ese caso, no decidir, lo que en sí mismo es ya una elección.

Aprender a hacernos cargo de nuestras decisiones es una señal de madurez, pero también de empatía con nosotros mismos, porque no hay otra forma de aprender que responsabilizarnos y levantar la frente porque nos hemos equivocado y seguir adelante. Hundirnos por una mala decisión, es simplemente, la peor elección posible.

Entre tantas decisiones, siempre acertaremos con algunas y nos congraciaremos de que hemos tomado la mejor decisión, eso es fácil, de hecho, nos ayuda a continuar, porque la vida y el éxito no se trata de acertar más, sino de acertar, equivocarse y aprender, y seguir adelante, con la seguridad de que hacemos lo mejor posible.

Siempre es bueno preguntar, pedir consejo a quienes ya pasaron el camino, observar, porque no vamos solos en este sendero de la vida, tenemos compañeros de ruta, y todos, al final de cuentas, queremos ser felices, vivir de la mejor forma posible, y seguir adelante, aunque nos equivoquemos.

La encrucijada no es mala, es una oportunidad de aprendizaje, porque al final de cuentas, la vida se trata de ensayo y error, no de seguir un manual pre-establecido para cada uno, cosa que simplemente, no existe.

Dr. Miguel Ángel Núñez

Comentarios

  1. Muy acertado mensaje, es como tomar agua fresca en un desierto, muchas gracias por dedicar su tiempo a bendecir vida a través de su valioso don de la escritura, que Dios continúe bendiciendo su vida

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