Nuevas oportunidades

Llámenme ingenuo, naif, infantil, crédulo, lo que sea, pero creo que

vivir es siempre, estar en condiciones, de tener una nueva oportunidad.

Cada día lo es. Si ayer no salieron las cosas bien, hoy día es posible que sea diferente, y así, en todas las jornadas.

Por esa razón rechazo tanto el canibalismo religioso expresado en el legalismo y su homólogo primo-hermano, el espíritu fariseo.

Quienes se creen “en la verdad” fustigan y condenan de una manera horrible a quienes no están en esa condición, pero lo que es más horroroso, negando una nueva oportunidad.

“Fracasó tu matrimonio”, a no, no hay caso, te quedas así no más y te la aguantas, que Dios no quiere eso... ¿qué no quiere Dios? Pues que seamos infelices, por eso nos da nuevas oportunidades y Dios previó el divorcio y el nuevo matrimonio, por eso, porque somos humanos y podemos equivocarnos.

“Cometiste un pecado”, pues, lo siento “hermanito” (y te lo dicen así, con cara de satisfacción macabra), pero estás condenado, aunque te arrepientas mil veces y hagas penitencia y cambies de conducta, 20 años más tarde habrá un fariseo recordándote tu error con horror.

“Tu hijo eligió el mal camino”, seguramente tu hermano fariseo que nunca visitó tu casa, ni abrazó a tu hijo, ni siquiera lo saludó, y a lo más, extendió su brazo para expulsar a tu hijo de la “presencia santa del Señor”, te estará diciendo “algo habrás hecho para que tu hijo terminara así”, trasladando su falta de amor y empatía hacia ti para generar culpa y librarse de reconocer su error.

Gracias a Dios que la Biblia lo que muestra una y otra vez es su amor redentor y su inmensa empatía por los errores humanos.

Sin la gracia del Señor no tendríamos a David, habría sido sepultado en la sentencia horrenda del legalismo. Pero, pese a ser un hombre que violó a su vecina, mintió, cometió asesinato, y actuó de manera poco empática con su propia hija ante la desolación de su abuso, se arrepintió, de manera genuina de cosas tan horribles, y Dios lo restauró, de hecho, nunca lo sacó de rey. En el legalismo actual, eso no habría sido posible.

Sin la gracia infinita de Dios, Pablo seguiría siendo Saulo, un despiadado asesino que entraba a las casas a asesinar de manera implacable y a quién no se le arrugó ni una ceja al ver como se apedrea hasta morir a un santo hombre de Dios como Esteban. Se arrepintió toda su vida, y tuvo que vivir con eso. El legalista de hoy, no lo habría dejado predicar.

Pedro fue culpable de mentira, traición y cobardía, pero el Dios de las oportunidades le dio una nueva oportunidad. Sin ella no recordaríamos al magnífico hombre en que se convirtió. Con el legalismo de los “santos hombres de Dios” actuales, Pedro habría desaparecido en el desprecio.

¿Cómo llegó a ser prostituta Rahab? Ni idea, es una de las preguntas que alguna vez le haré. Lo que sé es que aún en su momento de lucidez, mintió, pero, estaba luchando por ser otra persona. La gente de su tiempo lo entendió por eso se casó con un príncipe de Israel, no con cualquier vecino del barrio. No es extraño que Booz, su hijo, tuviera la actitud que tuvo, sólo con una madre así se es capaz de hacer un gesto como el de Booz.

Dios da nuevas oportunidades. ¿Cuántas? Una y otra vez, infinitamente, mientras vivimos.

Nadie tiene ni el derecho ni el apoyo bíblico para condenar a nadie.

Porque si alguien hubiera vivido junto al “ladrón bueno” de la cruz, nadie hubiera dado un peso por él; o por Manasés que mandó a aserrar por la mitad a Isaías; o por el adúltero compulsivo de Salomón; o por la mentirosa y chismosa de Miriam; y suma y sigue. Pero

Dios, que ve en lo profundo de las posibilidades, nunca considera a nadie caso perdido.

Dios es Dios de oportunidades. Es el mensaje que me encanta escuchar desde los púlpitos, no el otro que llena de culpas y condena, que no es de Dios, sino de uno que es llamado el “acusador”.

Comentarios