A propósito de encuentro

El 13 de junio de 1965 murió en Jerusalén el filósofo israelí nacido en Viena, Martín Buber. Con su muerte se apagó la voz de un místico y un pensador altamente visionario.

En estos días en que tanto suele hablarse de "encuentro", vale la pena recordar al menos algunos conceptos por él analizados.

En contraste con la fe hebrea que se da en una relación comunitaria con un TU absoluto, Buber contrapone la fe cristiana marcada por una relación subjetiva, individual, mediada por una conversión personal que se supone, de manera extrema, como exclusivamente personal… lo que en verdad no es cierto. Nadie vive exclusivamente para sí, y para creer, siempre es necesaria la participación de un TU.

En el individualismo contemporáneo, Buber observa elementos de deterioro de la humanidad: El individualismo, frente al cual Dios se yergue como entidad abstracta o concepto metafísico y la imposibilidad de llegar al "nosotros esencial", mediado por el TU divino.


En su libro YO y TU (Buenos Aires: Ediciones Nueva Visión, 1969. Traducido por Horacio Crespo), Buber sintetiza sus ideas diciendo que la autenticidad de la existencia humana reside en la inserción en la relación YO-TU. La vida verdadera se halla en el "encuentro" de los sujetos, encuentro que es directo y en él no se interpone entre el yo y el tú ningún sistema de ideas.

En palabras de Buber:
La actitud del hombre es doble en conformidad con la dualidad de las palabras fundamentales que pronuncia. Las palabras fundamentales del lenguaje no son vocablos aislados, sino pares de vocablos. Una de estas palabras primordiales es el par de vocablos Yo-Tú. La otra palabra primordial es el par Yo-Ello, en el que Él o Ella pueden reemplazar a Ello. De ahí que también el Yo del hombre sea doble. Pues el Yo de la palabra primordial Yo-Tú es distinto del Yo de la palabra primordial Yo-Ello. 
La tragedia es que el ser humano se convierta en ELLO, desprovisto de la dimensión relacional que da el ser un TU. Es decir, convierte al otro en objeto perdiendo la relación.

Dice Buber: 
El hombre no puede hacerse enteramente hombre mediante su relación consigo mismo, sino gracias a su relación con otro mismo. 
Adelantamos enormemente cuando vemos en la dimensión espacio-temporal a un ser humano como un TU, no como un ELLO. Extrapolando un poco más esta idea diremos que el ELLO se cosifica convirtiendo en un objeto carente de dignidad y mediatizado por la utilidad y el "servicio" que nos pueda prestar, de esta forma entonces, tal como no podemos comunicarnos efectivamente con una MESA carente de conciencia, tampoco podemos relacionamos con un ELLO al que hemos privado en el acto cosificador de la cualidad de TU.

Los objetos son reemplazados, se hacen en serie, son útiles y luego se desechan. Su incapacidad de conciencia y el ser inermes, los hace nulos para un ENCUENTRO.

En la medida en que convertimos al ser humano en ELLO evitamos el Encuentro y entramos en la vida del solipsismo: nos hacemos incapaces de comunicación. Tratar a otro ser humano como objeto es despersonalizarlo, quitarle su esencia misma de humano, es en el fondo asesinarlo como persona.

Nuevamente en palabras de Buber: 
El hombre que tiene experiencia de las cosas no participa en absoluto en el mundo. Pues es ‘en él’ donde la experiencia surge, y no entre él y el mundo. El mundo no tiene parte en la experiencia. Se deja experimentar, pero no compromete su interés. Pues esta experiencia nada le agrega y nada agrega a la experiencia. En cuanto experiencia, el mundo pertenece a la palabra primordial Yo-Ello. La palabra primordial Yo-Tú establece el mundo de la relación. 
Parafraseando al filósofo alemán Enmanuel Kant diremos que el hombre es un fin en sí mismo y debe ser descubierto como tal, de otra forma, tratado como medio, se ha de convertir en un ELLO desprovisto de la dimensión enriquecedora que da la relación con un TU.

Como señala Buber: 
La palabra primordial Yo-Tú sólo puede ser dicha con la totalidad del ser. La concentración y la fusión en todo el ser nunca pueden operarse por obra mía, pero esta concentración no puede hacerse sin mí. Me realizo al contacto del Tú; al volverme Yo, digo Tú. Toda vida verdadera es encuentro. 
El ENCUENTRO pasa primero por reconocer en otros a un TU, válido como interlocutor. De otra forma, vano es hablar de encuentro.

En palabras de Buber: 
Entre el Yo y el Tú no se interponen ni fines, ni placer, ni anticipación. El deseo mismo cambia cuando pasa de la imagen soñada a la imagen aparecida. Todo medio es un obstáculo. Sólo cuando todos los medios están abolidos, se produce el encuentro. 
El TU del encuentro se produce sólo cuando entramos en una relación íntima, personal, cuando dejamos de percibir a los otros como un ELLO impersonal y lejano. Hablar de “encuentro”, sin entender, lo que significa el TU, es un giro de palabras que no tienen sentido.

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Lo publiqué originalmente en el Diario La Discusión en Chillán, Chile, hace algunos años. Me parece que el tema sigue siendo actual y pertinente.

© Dr. Miguel Ángel Núñez. Prohibida su reproducción parcial o completa sin la autorización expresa del autor.

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