El nombre, Dios y la intimidad


Dr. Miguel Ángel Núñez

Lo forma en que nos dirigimos a alguien revela la intimidad y el grado de relación que se tiene con la otra persona.


El otro día fui a un restaurante de esos que siempre están llenos, pero, me gusta su comida y el ambiente así que opté por quedarme a esperar. El recepcionista anotó mi nombre y me fui a sentar en el lobby junto a otras personas que igual que yo, esperaban. Estaba con un libro en la mano leyendo concentrado cuando sentí que decían:

—Sr. Ángel.

Como no acostumbro a responder por ese apelativo no me sentí identificado y seguí leyendo. De pronto el recepcionista se me acercó y un poco dubitativo me dijo:

—Usted es el Sr. Ángel.

—Miguel Ángel —respondí.

—Sí, claro —me dijo amablemente el joven— puede pasar, su mesa está lista.

Mientras caminaba en dirección a mi lugar pensaba: “Él no me conoce, así que no es problema de él, se quedó con mi segundo nombre y listo”. Si hubiera sabido realmente quién era me habría llamado de otro modo porque me conocería.

El nombre revela el grado de intimidad y relación que tenemos con alguien.

Mis amigos más íntimos me llaman “Miky”, y cuando alguno utiliza ese apelativo es porque me conoce desde años y tiene la suficiente confianza para saber quién soy y cómo llamarme.

Sin embargo, si me conocieran desde niño seguramente me llamarían “Michel”, que es el nombre que utilizan mis hermanos, mis padres y mis conocidos de niñez para llamarme. Así fui conocido hasta los 13 años, cuando en un acto de rebeldía decidí que en todas partes sería “Miguel Ángel”. Sin embargo, mi familia nunca entendió ni aceptó eso, para ellos soy simplemente “Michel” y para mis sobrinos “el tío Michel”. Así, tal como se escribe, no “Miquel” en la pronunciación inglesa.

Mi esposa me llama “negrito”, cuando está contenta, pero sé muy bien que cuando dice “Miguel Ángel” es porque me va a llamar la atención por algo que le molesta o está preocupada por algo que supuestamente hice o dejé de hacer.

Mi hijo me llama “papu” o “papucho”, incluso a veces me dice “mi viejo”, es el único que lo hace, sé que cuando llega un email con ese encabezado es de mi hijo, sin duda. Mi hija me llama “papuchín” o “papito”. Ambos tienen tanta confianza que me dicen sin reparos y sin anestesia: “No me gustó lo que escribiste”, “papi cámbiate esa corbata, no se ve bien en la tele”, “sal a caminar”, y se los acepto, sin chistar, porque sé que sin duda me aman y sé que su amor es incondicional. Con otra persona, probablemente me pondría a la defensiva porque el grado de relación no permitiría que me dijeran algo así.

En otros casos las personas se dan licencias y ponen apodos, no por maldad o porque desean hacer daño, sino simplemente porque hay una relación intensa que lo amerita: “Osito”, “palomita”, “indiecita”, “gordito”, “flaquito”, etc. Expresiones de cariño que denotan una relación y un vínculo que hace posible dicha forma de referirse.

Si alguien me llama “doctor” o “pastor”, seguramente es porque hay una barrera, y es muy posible que esa persona no me conozca, no sepa quién soy en realidad y no tenga un grado de intimidad y relación conmigo lo suficiente como para llamarme de otra forma.

Mis alumnos, que recién me conocen me llaman “profesor”, con el tiempo me dicen “profe” y algunos medio en serio medio en broma me dicen “maestro”. Algunos de ellos con los años se han convertido en amigos entrañables y simplemente me dicen “Miguel Ángel” porque las paredes han caído bajo el impacto de la amistad.

El nombre que usamos para referirnos a alguien revela el grado de intimidad que se tiene con ella.


Dios y los nombres


Todo lo anterior para decir que una de las cuestiones más extrañas que observo y que me cuesta entender es la forma en que las personas se relacionan con Dios y que revela de una manera u otra su grado de relación e intimidad con la divinidad.

Hay un pastor en la universidad en la que trabajo a quienes los alumnos llaman cariñosamente “papito”, porque cada vez que ora en público (y supongo que en forma personal también), se dirige a Dios diciendo: “papito Dios”. La primera vez que lo escuché me sonreí, pero después pensé que el grado de vinculación de él con Dios le hace vislumbrarlo de una manera familiar y cercana. Un amigo español usa la misma forma.

Otros se acercan a Dios de manera impersonal: “Todopoderoso”, “Padre”, “Señor de los cielos”, expresiones técnicamente correctas, pero que en el fondo revelan el tipo de relación que tienen con la divinidad, en este caso, viéndolo tan lejano y omnipotente que no tienen la confianza para expresarse de una manera diferente.

Una persona conocida suele decir en sus oraciones: “Juez todopoderoso que todo lo escrutas”, muchas veces he pensado que su vinculación con Dios es la de alguien atormentado que no puede percibir a la divinidad de una manera diferente. Vaya a saber qué vive o qué le ha pasado.

En esta discusión que se está dando en diferentes congregaciones y denominaciones sobre la adoración una cuestión que me está inquietando cada vez más es que el grupo más conservador, de los que defienden lo que ellos llaman “la verdadera adoración” (como si tuvieran el monopolio de la verdad total), presentan a Dios en términos de una divinidad presta a castigar a cualquiera que se salga de los linderos supuestamente absolutos en los cuales es preciso dirigirse a su “majestuosidad”.

Constantino (272-337), a partir de una cosmovisión pagana, introdujo la idea de un Dios lejano, presto a castigar, al que había que conmover con templos fastuosos, homilías cargadas de ritos y había que dirigirse hacia él con la pompa propia con la cual los súbditos se dirigen a un emperador. Algunos aún no salen de ese mito aterrador y lo reflejan en la manera en cómo se vinculan con Dios y también en la forma en que le adoran.

El “Papa” Gregorio el Grande o también llamado Gregorio el Magno (540-604), cuya mayor grandeza estuvo vinculada a introducir la mayoría de los dogmas y errores teológicos que se enseñan en el catolicismo hasta hoy, introdujo la idea de una adoración solemne, con cantos cantados de manera monocorde, con un ritmo estructurado y con una mesura digna de tan “majestuoso” momento, lo que se conoce comúnmente como música gregoriana, que no es exactamente la que fue popularizada desde Irlanda hace algunos años y que se convirtió en música popular.

El cristianismo medieval introdujo la idea de especialistas en la adoración, cantantes y coros exclusivos para adorar, tomando fuera de contexto cultural y textual algunas expresiones de la Biblia y de algunos excesos en los que cayó Salomón y que luego se convirtieron en tradición. Con eso se perdió la espontaneidad y la libertad para adorar, cuestión que aún perdura hasta hoy en algunos círculos que creen tener la “única verdad” sobre la forma de adorar.

Si concibo a Dios como un dios castigador, que quiere música que le alabe de una determinada forma, sería como decirles a mis hijos: “No me llamen papucho, y cuando quieran hablar conmigo pidan cita, y vístanse de una manera digna de la investidura que yo tengo”. Ciertamente si hiciera eso estaría demostrando que no soy padre, ogro tal vez, desequilibrado mental lo más seguro. Seguramente mis hijos me quedarían mirando y luego soltarían una carcajada, porque saben que ese no es su padre.

Dios, es padre, pero cercano. Dios me ama tanto que arriesgó todo el cielo para “disfrazarse” de humano. Claro, vino a los suyos y no le reconocieron porque sus mitos no le permitían verlo. Seguramente pasaría lo mismo hoy… algunos tan preocupados para adorarlo “correctamente”, capaz que no lo verían si se vistiera a la usanza de hoy, que seguramente no sería con corbata (invento macabro que seguramente inventó una mujer que quería ahorcar al marido).

Una de las grandes bendiciones de la Biblia y de la revelación es que nos muestra a un Dios cercano que arriesgó todo el universo en la encarnación.

Cristo, el modelo viviente de lo que debe ser la vinculación con la divinidad llamaba a Dios padre con la expresión aramea “abba”, que en buen castellano sería “papito”. Es decir, rompía con todos los moldes de su tiempo, conocía a Dios, y no se andaba con rodeos ni vinculaciones que suponían lejanía.

David, en algunos de sus salmos llega a parecer blasfemo por su manera de dirigirse a Dios, seguramente los del movimiento de la “verdadera adoración” lo censurarían, pero también harían lo mismo con Abraham, Job, Habacuc, Jonás, Jeremías y otros que no tuvieron empacho de reclamarle a Dios, de dirigirse a él en términos casi irrespetuosos, pero que no lo son cuando la vinculación y la intimidad es tal que amerita que eso sea posible.

Mi hija el otro día me dijo: “Papi, no me gustó eso que dijiste…” y sin esperar reacción alguna de mi parte se largó a explicarme lo que no le había parecido. No pidió permiso para hacerlo, no tuvo miedo de expresarlo y seguramente, seguirá haciéndolo porque sabe que yo, su padre, soy cercano, incondicional, que ella es la niña de mis ojos, y que todo, absolutamente todo lo que le pase y sienta, me interesa. Daría mi vida por ella, si mañana me dicen que tiene una enfermedad incurable y para que sobreviva necesita mi riñón se lo doy sin pensarlo ni una vez. Es lo que hace el que ama.

Mi hijo hace unos días me dice “viejo, quiero charlar contigo, así que hacé tiempo porque es largo”. Me reí. Me da órdenes. Lo hace sin pensarlo. Es mi hijo, me ama y sabe que lo amo y que al igual que me hija soy su hincha más grande.
Lo mismo hace mi esposa, mi madre, mi sobrino Lucas, un entrañable amigo que me suele llamar a las horas más extrañas… con todos ellos hay vínculo, relación, amor incondicional…

¿Por qué debería dirigirme a Dios de una manera que supusiera lejanía? Si estoy contento lo expreso, de la forma en que sé y con la manera en que lo conozco.

La forma en que me dirijo a alguien denota la manera en cómo lo percibo y la vinculación emocional y la intimidad que tenemos.

Si con Dios necesito protocolo, es simplemente porque no lo conozco. Si a Dios tengo que hacerle una música que tenga patrones que “sólo a él le gusten”, entonces, eso no es relación, es imposición y Dios deja de ser mi padre y se convierte en mi emperador.

Una vez escuché a una persona decir que había que vestirse de una manera especial para ir a ver a un presidente… y que lo mismo debíamos hacer con Dios… Perdón, me parece un chiste. A un presidente lo consume la ambición, la pompa y el protocolo, por supuesto que iré vestido de una manera especial, porque él no me conoce y definitivamente no le interesa hacerlo. Con Dios es distinto, es mi papá, no es ambicioso y lo único que quiere es expresarme cuánto me ama. ¿Por qué tengo que andar con protocolos? ¿Por qué tengo que poner distancias si no las hay? ¿Por qué le hacemos invitaciones a la gente para que se “acerque” a Dios y luego las alejamos para que su relación no sea tan familiar? ¿Quién lo entiende?

Hace tiempo le envié una canción a mi hija, de un cantante popular, sentí que ese hombre había captado lo que yo sentía por mi hija. Sé que le di un momento de alegría a ella y me sentí bien al saber que alguien había logrado poner en música y palabras un sentimiento común.

Estuve en el recital que dio Jesús Adrían Romero en Tuxtla Gutiérrez, en Chiapas. Un momento emocionante se vivió cuando el Pr. Romero (porque lo es a despecho de que alguno no le guste), contó lo que había ocurrido después de grabar la canción “Mágicas princesas” que escribió pensando en sus hijas. Narró que había recibido cientos de emails de hijas que habían sido abusadas, maltratadas, humilladas y violentadas de todas las formas inimaginables, y que muchas de ellas le habían dicho que le agradecían por escribir esa canción, porque podían comenzar a percibir cómo sería la vinculación con una padre que ama, experiencia que no tuvieron. En ese momento Jesús Adrían quiso hacer una oración, invitando a todos los que habían tenido padres maltratadores y abusadores, a acercarse a Dios, quién nunca haría algo para dañarlos. Fue un momento conmovedor, una oración honesta sanando corazones heridos. Cuando terminó la mayoría de las 5000 personas que había en el recinto estaba llorando, incluyéndome.

Cuando Dios es cercano, lo expresamos con alegría. Cuando es lejano, entonces, me sale una música depresiva, inexpresiva, lejana, estructurada, vacía de relación, sin intimidad, llena de miedo, pavor a la divinidad, triste, hueca, porque no se puede vivir una relación de cercanía desde el cerebro sino desde el corazón, y a la emoción y al amor ¿quién le pone reglas?


Copyright: Dr. Miguel Ángel Núñez

15 comentarios:

  1. Simplemente TOTAL tu planteamiento. Como me gustaría que esta forma de "ver" este tema la tuvieran muchos otros, especialmente en mi congregación. Muchas veces mi adoración personal se ve restringida, limitada por que debo cumplir los patrones de otros.
    En fin.. (En secreto te comento que tienes un pequeño error ortográfico al inicio. Dice "rebela la intimidad", debería decir "revela la intimidad")
    Mis saludos, Lucy

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  2. Me emociona pensar que Dios es tan sencillo, es mi "papito" y cuando voy a la iglesia no lo veo, al menos, como lo siento día a día, con tantos ritos y cosas que le han agregado al culto, lo que siento es que a Dios me lo ocultan... Gracias por esta reflexión, realmente me ayudó.

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  3. Miguel realmente el tema planteado de una forma tan sencilla tan directa, y sin tantas vueltas como le damos especialmente los adventistas, a ver si la forma en la adoracion es correcta o no?? si ese ritmo es acepeptable o no?? q si guitarra en el culto o no? si eso solo es para campamentos, PERO POR FAVOR!!!! me gustaria q alguien me dijera cuando se introdujeron todas esas reglas o quien las introdujo y las siguen mejorando farisaicamente dentro de la Iglesia, en mi congregacion por ejemplo si la alabanza es acapella es como q llegara mas a Dios x q no esta corrompida de algunos instrumentos NON SANCTOS, es increible que hemos avanzado en tantos aspectos y en algunos estamos involucionando dia a dia.

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  4. ¡Cuando dejaremos de discutir! El otro día una persona de mi iglesia que se considera la única capaz de decir qué se escucha y qué no, objetó varios himnos preparados pro la asociación y sólo permite que se canten dos en la iglesia... ella habla de música de Cain y música de Abel... ¿de dónde sacan todas esas cosas? A veces me siento asfixiada con tanta regla y sintiendo que no soy libre de adorar a mi Señor... Gracias por escribir esto, es un poco de paz en tanta confusión...

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  5. Muy buena la reflexión, sin embargo, muchas de ellas no las comparto pero las respeto, no porque sea fariseo o me guste el protocolo o algo asi, solo que la imagen de padre-hijo (terrenal) no es totalmente apropiado para relacionarlo con Dios y nosotros, pienso que queda muy corto, pensar de esa forma es adoptar una concepción inmanentista acerca de Dios, olvidándonos de su trascendencia. Las dos formas de concebir a Dios han estado presente históricamente en las religiones cristianas; es decir, se han ido de un extremo a otro, no obstante, hay que mantener un equilibrio entre ambas (inmanencia y trascendencia, "Dios cercano a nosotros y Dios sumamente poderoso, omnipotente, omnisapiente"), porque esta es la forma como la Biblia lo presenta a Dios.

    Dios lo bendiga Pastor Miguel Ángel

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  6. Gracias Fernando por opinar. Lamentablemente a través de los siglos, la forma en la que opinas es la que ha causado más conflictos... privilegiamos la trascendencia (a la cual no tenemos acceso absoluto), y despreciamos la inmanencia (que a lo único que sí tenemos acceso real y evidente). Dios se encarnó, Dios vino, Dios se acercó... él quiere vernos en la inmanencia, no quiere que le temamos, como el pueblo de Israel que se escondió de su voz... Tenemos tanto miedo de acercarnos a Dios como un padre, que nos escudamos en su grandeza simplemente para vivir la comodidad de una relación a la distancia, que definitivamente no es la que Dios desea. Lo que la Biblia presenta mayoritariamente es la vinculación de un Dios que quiere estar vinculado de manera personal, cercana y no la vinculación de quienes lo ven a la distancia como alguien ausente, idea que por lo demás, la misma Biblia critica porque es de origen pagano. En fin... espero que encuentres ese equilibrio que pregonas, porque a decir verdad, siendo humanos, lo dudo. Un abrazo.

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  7. es muy cierto todo o que dice, visto por su punto de vista, y es lo que me he preguntado muchas veces, Dios se lleva en el corazon no le que aparentamos por encima, el esnuestro papito, que nos ama sin condiciones

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  8. Miguel Angel... ja ja ja o mejor dicho (por ahora) Pastor M.A. Me encanto lo que acabo de leer. Tienes toda la razon, EN PUERTO RICO todo el mundo llama a Dios "papito Dios"o "PAPA DIOS" de por si somos muy 'confianzudos" pero yo veo a Dios como mi PAPITO... mas intimo aun que mi cepillo de dientes... Me encanta saber que tenemos una relacion que quiebra y rompe las parades de la formalidad, que entre PAPITO DIOS Y YO no existe separacion, que no es mi apariencia o lo que otros quieren que sea, es COMO DIOS me ve, con "sus ojos TRANSPARENTES" que no reconocen MI MALDAD y que solo ven "MI IMPERFECTA PERFECCION" COMO DICES TU, USTED y/o VOZ... "Si con Dios necesito protocolo, es simplemente porque no lo conozco. Si a Dios tengo que hacerle música o cualquier otra cosa que tenga patrones que “sólo a él le gusten”, entonces, eso no es relación, es imposición y Dios deja de ser mi padre y se convierte en" ... yo diria: OTRA COSA! emperador, dictador, presidente... etc. MUCHAS GRACIAS MIGUEL ANGEL.... por tan bellas y significativas palabras!

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  9. Sobre esto del "Equilibrio entre la inmanencia y la trascendencia"...me gusta lo que alguna vez lei de un Rabbi Judio que ahora ni me acuerdo su nombre.. de esos que son comentaristas de las escrituras...El hace referencia a que El mismo Dios creador del universo es nuestro Dios personal...Eso le entrega un doble valor a la relacion...Tener un Dios que todo lo puede como Padre de amor y Amigo...Despues de todo el ser humano no es tan poca cosa...somos hijos de ese Dios y Padre...Sencillamente Maravilloso!!

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  10. mi viejo, mi papu, padre Señor Miguel Angel... un capooo... sin palabras :D

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  11. Mil gracias por compartir esta reflexión pastor, la compartiré a su vez con varios amigos, lo único que me preocupa es que cada vez veo más la polarización en nuestra cultura latinoamericana ("es que nosotros somos así", si cómo no, póngannos un mariachi y me dicen si somos así XD), ahora veo cada vez más ataques incluso ad hominem, qué futuro le ve pastor?

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  12. Profe... Me conmovió, realmente toco algo muy profundo en mi ser al cuestionarme ¿que clase de relacion tengo o pretendo tener con Dios mi Padre? Mucho hemos dicho que la oración es la forma o manera de relacionarnos con Dios, y sinceramente al escuchar durante estos 12 años algunas oraciones publicas honestamente la mayoría son muy elocuentes y formales( suenean mas a discurso que conversación); como si quisiéramos impresionar a otros el como percibimos a Dios, que error se nos olvida que Dios es un Padre amante. GARACIAS POR ESTA REFLEXIÓN.

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  13. Pr. crei que era de los pocos locos que piensan asi. No dejo de alegrarme y sonreir al leer sus articulos, no solo porque comparto sus puntos de vista, sino porque son cosas de las que pocos se atreven a decir, y que quienes mas deberian de escucharlas son los que hacen oidos sordos a ellas (pastores y lideres de congregaciones), pero bien, creo que aun hay muchas barreras que deben ir cayendo a medida nos acerquemos mas a conocer a Dios. Bendiciones y que Dios lo siga utilizando como hasta hoy lo ha hecho

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  14. necesito hablar con ud. largo y tendido...(me he reído tanto, gracias por todo!!

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  15. Muchas gracias por recordarme de que aunque me sienta en pecado por querer buscar el divorcio en estos momentos, aun puedo acercarme a mi Padre con mis dudas y motivos, en busca de su guia y consejo. Me estaba sientieno perdida y sin rumbo, pero ahora veo que esta crisis puede ser una instancia de crecimiento personal si la vivo con Dios en vez de a parte de El.
    Gracias pastor! Usted ha hablado palabras de vida en medio de mi depresion y dudas:)

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