Ser padre en un mundo de madres
El día que supe que Mery estaba embarazada me quedé pasmado, no porque no lo hubiéramos planeado, ni porque no lo quisiera, sino porque tomé plena conciencia de lo que significaba, la responsabilidad que conllevaba y todo lo que implicaba ser padre. El día en que Mery Alin nació fue más especial aún, no sólo porque ese día vi por fin su rostro, sino porque tomé conciencia de la fragilidad de la vida de una manera arrolladora, el mismo sentimiento que se repitió cuando nació Alexis Joel. Era capellán del Colegio Adventista de Las Condes, en Santiago, Chile. Los colegas me habían bromeado de varias formas en los días anteriores, así que cada vez que me decían, “Miguel tienes que irte al hospital tu esposa va a dar a luz”, ahora respondía con escepticismo creyendo que era una más de las bromas que me habían hecho. Estaba enseñando una clase y llegó Matilde, la inolvidable secretaria que teníamos y me dijo: ―Miguel Ángel vete al hospital, ¡tu esposa llamó!, ya está en pabellón para dar ...