Me gusta conversar con adolescentes, muchos de ellos tienen opiniones tan definidas que parecieran que nacieron sabiendo, lo que no admitirían aunque les apretaran el cuello es que muchas de sus opiniones no son más que el reflejo de lo que han recibido de sus padres y del medio ambiente donde se han criado, en general, es difícil encontrar originalidad en lo que opinan. ―El otro día me visitaron unos Testigos de Jehová ―me dice el adolescente― ellos están mal, ¿verdad? ¿Se van a perder? ―En realidad, no puedo decirte si se van a salvar o perder, no me corresponde ―le digo, no muy interesado en un tipo de conversación de ese tipo. Pero, la reacción que tiene me motiva a continuar, pues a continuación me dice: ―Es que ellos no tienen la verdad, por eso, Dios simplemente los va a condenar.