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¿Cómo me metí en las patas de los caballos?

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A veces me preguntó qué se sentirá sentarse a ver lo que ocurre a mi alrededor y no decir nada, ser un simple espectador, como los miles de cristianos que hay en las iglesias, que sólo miran, sin pronunciarse, como diríamos en Chile, "al aguaite"... mirando en qué momento dar la opinión cuando sea más conveniente, no más verdadera, porque las mayorías silenciosas no se interesan mucho por la verdad, sino más bien, por la comodidad. Un amigo suele exhortarme diciendo que "no me meta en las patas de los caballos", que simplemente, no diga nada, que es mejor seguir la corriente. Con todo lo que aprecio su amistad, detesto su manera de pensar, esa manera de ver las cosas lo único que favorece es la proliferación de la anarquía, el autoritarismo y la limitación o eliminación de la facultad de pensar. Dios nos concedió la posibilidad de pensar, de dudar, de discrepar, de disentir... todo, por supuesto, en un ambiente de respeto y de búsqueda del bien común. En e...

Apacienta mis ovejas

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A modo de aclaración La iglesia es una sociedad que no se divide por categorizaciones o jerarquías, como algunos equivocadamente plantean. La organización eclesiástica está formada por personas que se ayudan mutuamente en función de los dones recibidos. No hay lugar para caudillismos en la iglesia. Uno de esos carismas es el pastorado. Todos en la iglesia, incluyendo los pastores, necesitamos a un pastor en nuestras vidas. En estos últimos meses he vivido momentos realmente difíciles, tal vez los más difíciles de mi vida. ¡Cuánto he añorado un pastor en mi vida en estos días! Pensando en eso, me acordé de algo que había escrito hace años, cuando era estudiante de Filosofía y Educación en la Universidad de Concepción. Algo que fue publicado en su momento como un homenaje a quien siempre sentí como mi pastor, el ya fallecido Pr. Alberto Espinoza . ¡Cuánta falta me ha hecho en estos días! Vuelvo a publicar lo que en aquella oportunidad escribí, puede servirnos para entender la verdad...

Lo que se de ser pastor

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Sé que hablar de Dios es infinitamente más sencillo que dialogar con Dios. Sé que el estatus que concede la investidura pastoral fácilmente marea al más débil… y al fuerte también. Sé que se me exige de mi posición más de lo que estoy dispuesto a admitir… y más de lo que mis posibilidades me permiten entregar. Sé que es más fácil luchar contra el pecado de otro que batallar con el propio. Sé que el púlpito es un lugar sagrado cuando no lo envuelve la arrogancia y el orgullo.

Qué pasaría si midiéramos con esos parámetros...

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Hoy día pensé en una conversación imaginaria entre dos dirigentes religiosos, la conversación sería más o menos así: -Necesitamos a un nuevo líder para la congregación, ¿qué candidatos tenemos? -Bueno, hay dos, tengo aquí sus hojas de vida, a mi juicio, uno convence más que el otro. -A ver dígame.

El día del pastor

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Ayer se celebró el día del pastor... y, me hice la promesa a mí mismo de no volver a participar en algo así. Realmente me hace sentir mal. Cuando el culto no es adoración o está centrado en el ser humano, pierde todo sentido. Siento que toda autocelebración en el fondo es negar el ministerio. Debería ser el día de las misiones o de la vocación misionera y deberíamos hablar de aquellos que han rendido su vida a Dios estableciendo las prioridades correctas, y en ese plano entran muchos, no sólo pastores, sino médicos, profesores, colportores, y miles que día a día dan su vida por adelantar el mensaje evangélico. Los pastores no debemos ser el centro de la Misión. Cuando eso ocurre, entonces, el ministerio pierde sentido. Tal vez ese sea el problema por el cual no avanzamos más. Cuando el ministerio se hace autoreferente y se pierde de vista al único Pastor, a Jesucristo, entonces, institucionalizamos el ministerio, y ese es un modo de asesinar la Misión. Me prometí a mí mismo...

Ausencia pastoral

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La mayoría de los fines de semana estoy en algún distrito o iglesia dirigiendo seminarios y encuentros para matrimonios. Normalmente se juntan todos los miembros de las iglesias casados, suelen invitarse personas que no pertenecen a la congregación y en muchos casos, asisten varones y mujeres sin sus compañeros que no son cristianos y que no aceptan participar. Indistintamente del lugar, dichas actividades son un motivo de reflexión, de análisis y de camaradería cristiana. Todos aprendemos. Sin embargo, hay algo que me preocupa cada vez más. Quisiera tener una respuesta pero no la tengo. Ya hemos dirigido casi 100 de estos encuentros en 16 países, y en todos se da una constante que resulta desalentadora. No importa en qué lugar sea o cuántas personas se habrán de reunir, en la mayoría de las ocasiones, salvo en excepciones que recuerdo muy bien por lo poco habitual, los pastores y sus esposas no asisten a los encuentros matrimoniales. ¿Qué será? ¿Creerán que ya saben todo y n...